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COLUMNA: Sindicatos al servicio del poder político, no al de sus agremiados. Por Juan Ceballos.

¿A poco no es cierto que el sindicalismo mexicano, a diferencia de lo que sucede en la mayoría de los regímenes democráticos del mundo, no tiene la misión de proteger los intereses de obreros y campesinos, sino de preservar los privilegios de la cúpula del poder, aún a costa del bienestar de la clase trabajadora? Peor aún, politólogos coinciden en que a las organizaciones gremiales, al igual que al sistema gubernamental, les conviene preservar la pobreza para mantener la red clientelarelectoral a través de programas sociales que les aseguran los votos para mantener el statu quo.

Al respecto, el diario británico Financial Times pronosticó que el candidato del PRI a la Presidencia, José Antonio Meade, ganará las elecciones de 2018, respaldado por la formidable maquinaria electoral del PRI. Y una de sus principales piezas son los gremios del sector obrero, campesino y popular que le han tejido redes de votos a cambio de cargos legislativos y dinero, en detrimento de los trabajadores. Este modus operandi, que ha persistido a lo largo de ocho décadas, ha dejado generaciones de líderes sindicales viviendo en la opulencia y agremiados sumidos en la pobreza.

Organizaciones sociales, de trabajadores independientes y académicos aseguran que estos sindicatos movilizan a votantes entre comunidades precarias, lo que ha dejado al margen los derechos laborales que dicen representar. El PRI tiene sus sectores campesino, obrero y popular a través de la CTM fundada en 1936, la CNC en 1938 y CNOP en 1943, y conforman un factor clave en su maquinaria electoral, junto con otros grupos como Antorcha Campesina, al igual que en su momento lo fue el gremio magisterial, hasta que en 2006 le dio su apoyo al PAN.

El costo más grave en esta incorporación de los sindicatos a la maquinaria del sistema electoral es el bienestar de los trabajadores, porque para poder acceder a los privilegios que disfrutan sus dirigentes, han renunciado a la defensa de sus agremiados, cuyo más claro ejemplo es el salario. El Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM deplora que durante décadas, el gobierno mexicano ha estado violando los derechos constitucionales de trabajadores y campesinos a través de los líderes sindicales, no sólo en los sexenios priístas, pues en el del PAN de Felipe Calderón se dio la reforma laboral que dio a los empleadores más flexibilidad para determinar las condiciones de trabajo.

Tiene razón el académico del Colmex, Lorenzo Meyer, al afirmar que los sindicatos hoy tienen poca representatividad pero han afectado los derechos laborales de la mayoría, generando en gran parte las condiciones de pobreza y bajos salarios que enfrenta el país y saben que juegan un papel en cada elección, pues de ellos depende garantizar ese 30% de los votos que pueden dar la victoria. Una situación que no cambiará mientras los sindicatos estén al servicio del poder político y no al de sus agremiados. ¿A poco no…?

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