Image default
Portada » Estampas del terror (Europa en Guerra)
Columnas Uncategorized

Estampas del terror (Europa en Guerra)

En julio del año pasado estuve por el viejo continente. El motivo de mi aventura fue vivir la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, Polonia. Durante este camino recorrí siete países y pude vivir en carne propia la psicosis del terrorismo y la guerra invisible que vive Europa.

Mi aventura comenzó en Francia. Se vivían las semifinales de la Eurocopa y las calles estaban revueltas por la selección francesa. La seguridad en la Fanzone que estaba debajo de la Torre Eiffel era excesiva. Las estaciones de metro eran vigiladas por militares, y esto se debía a las amenazas que había de un posible atentado en la Euro.

Las calles parisinas se pintaban de colores y se preparaban para el festejo del aniversario de la Revolución Francesa el 14 de julio. Lamentablemente en ese festejo se vivió el atentado en Niza donde 84 personas perdieron la vida, y eso hizo que las cosas fueran cambiando por toda Europa. En ese momento me encontraba en Roma y la televisión pasaba las imágenes de lo que sucedía. El atentado motivó al Vaticano a aumentar sus filtros de seguridad y obligó a que muchos de los monumentos y edificios de Roma fueran fuertemente resguardados al siguiente día. Los policías y militares nos decían que era parte de un protocolo que se tiene después de vivirse un atentado en la Unión Europea.

La noche siguiente nos encontrábamos esperando el metro en una de las estaciones del centro de Roma. El metro que venía en dirección opuesta a la que nos dirigíamos llegó a la estación y al abrir sus puertas la gente salió corriendo, gritando y empujándose. Los militares que vigilaban la estación corrían buscando respuesta de lo que sucedía. Algunas personas se refugiaban por donde nos encontrábamos, otros se escondían debajo de las sillas y otros hasta brincaron a las vías. Nosotros decidimos subir al metro que llegó en ese momento y bajar lo más pronto posible. Fue donde entendí que en la lucha contra el terror, el enemigo no tiene rostro.

Cada vez estábamos más cerca de nuestro destino y la seguridad iba en aumento por nuestro camino. Estábamos en Katowice viviendo los «Días en la Diócesis» que es una semana previa a la Jornada. El objetivo es conocer la realidad del país que es sede y compartir las costumbres y tradiciones. El acto principal era un concierto y una misa que se hacía para todos los peregrinos que habían vivido en esa Diócesis. Éramos poco más de 60,000 peregrinos según los organizadores.

Un día antes había sucedido el atentado en Múnich, Alemania, y pude platicar con algunos alemanes que nos contaban lo duro que era el saber que eso había sucedido en su ciudad. Hubo un momento donde mexicanos y alemanes oramos por la paz en nuestros países y en el mundo sin importar el idioma, haciendo la fe nuestra lengua.

El día que comenzaba la Jornada en Cracovia y mientras estábamos en la ciudad de Tychy, nos enteramos que un hombre había sido detenido con explosivos y pretendía cometer un atentado en el encuentro católico. Ya en la Jornada escuché comentarios de algunos voluntarios que decían que no sólo era un hombre, sino 10 que también portaban explosivos. Aunque esto nunca fue confirmado, generó confusión y temor entre los peregrinos.

Ante la llegada del Papa Francisco, las calles de Cracovia empezaron a llenarse de tanques y misiles. Los principales puntos de la ciudad fueron custodiados por militares y el centro sólo podía ser transitado a pie. En los actos principales de la Jornada siempre tuvimos lugares muy cercanos al Papa y al escenario donde se desarrollaba las actividades centrales, lo cual nos obligaba a pasar un filtro militar que nos retrasaba más de 2 horas. Se nos hacía una exhaustiva revisión de lo que llevábamos en nuestras mochilas. La seguridad en los actos donde el Papa estuvo presente era intensa. Desde policías encubiertos, los encargados de la seguridad del Papa y hasta francotiradores.

En las estaciones de trenes estaba prohibido correr y dejar mochilas en el piso. Esto lo aprendimos en Auschwitz, en donde mientras íbamos a comprar un refresco, un amigo nos dijo que el tren ya iba a partir y salimos corriendo. Un policía nos detuvo gritándonos que si estábamos locos y que eso no se podía hacer porque generaba pánico en la gente. Ciertamente, la gente se alarma cuando ve a alguien correr sin razón alguna.

En el aeropuerto de Ámsterdam, ya para regresar a México, vimos a un joven que comenzó a correr y fue tacleado por unos policías… él sólo corría para abrazar a su novia, pero para los policías era otra cosa. Podíamos entender que los oficiales sólo hacían su trabajo, pero también nos preguntamos si eran necesarias medidas tan extremas. Las grandes aglomeraciones que provoca la Jornada y la psicosis del terrorismo te hacen pensar que en cualquier momento alguien puede hacer un atentado.

Si bien en nuestro país vivimos la inseguridad, donde la guerra es contra el narcotráfico, en México el enemigo tiene rostro. Y es la impunidad del gobierno, la violencia generada por los carteles y la corrupción en la que todos participamos de una u otra manera. En Europa el enemigo es invisible y se esconde en una fe distorsionada. Pero en ambas realidades siempre hay víctimas inocentes que nada tienen que ver con estas guerras, pero eso… lo comentare en la próxima entrega.

@jorgeinformando

Artículos Relacionados

Hallan e identifican a sexto minero sin vida en Múzquiz, Coahuila

Editorial

Mineros encontrados en Múzquiz fallecieron por asfixia: Fiscal

Editorial

Coahuila se mantiene como bastión del PRI en México

Editorial
Cargando....