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Columnas

Mi experiencia en la marcha «Vibra México» Parte 1

“La unión nos hace tan fuertes como débiles la desunión”

Esopo

Debo empezar por reconocer que no soy una persona afín a las marchas. Conozco a muchos que suelen ir seguido y siempre me han llamado la atención. Reconozco el derecho legítimo de tomar las calles y protestar, sin embargo, siempre he tenido una inclinación a ver las marchas como una forma en la que un grupo de personas manipulan y logran prebendas ante una autoridad.

Trato de no descalificar una marcha a priori y siempre he tenido cuidado de hacer un juicio objetivo de cada una de ellas, sin desacreditar a los participantes ni las finalidades de las mismas antes de hacer una debida investigación. A pesar de ello, creo que existen otras formas de protestar ante la autoridad sin tener que afectar derechos de terceros. Entiendo la efectividad de tomar las calles, pero me niego a aceptar que sea la única manera en que podamos captar la atención de nuestros representantes; sin embargo, debates sobre la naturaleza de las marchas y sus fines son tema para otro momento.

Escribo este artículo desde la óptica de una persona que no ha acudido a muchas marchas. Apenas hace quince días tuve, en Torreón, mi primera experiencia en una convocatoria, donde organizaciones civiles laguneras invitaron a protestar contra la corrupción, la impunidad, y abusos de gobierno. Antes, amigos y compañeros me habían invitado a participar en otras marchas pero mi prejuicio me impedía asistir aunque fuese como observador.

No mentiré, en Torreón intervine más como un mirón que como un participante activo. Además de no coincidir con todos los objetivos de la protesta, mi curiosidad por entender las razones de las personas para hacer acto de presencia en eventos de esta índole y por analizar el desarrollo de la protesta prevaleció.

Dicho esto, en la última semana se empezó a convocar en la Ciudad de México una marcha llamada «Vibra México» para manifestar el rechazo e indignación ante las pretensiones del Presidente Trump. Los convocantes incluían una amplia gama de universidades y asociaciones civiles como la UNAM, la IBERO, el CIDE, el Tecnológico de Monterrey, Transparencia Mexicana, México SOS, Mexicanos Primero, Amnistía Internacional, etc.… (Para conocer la lista completa: www.vibramexico.com.mx).

Acto seguido revisé los objetivos de la marcha y me propuse asistir para vivir mi propia experiencia y poder contrastar lo vivido con las múltiples reacciones que columnistas en todo el país seguro escribirían.

No pasaron muchos días desde la convocatoria de ‘Vibra México’ para que surgiera una marcha alterna llamada «Mexicanos Unidos». La Sra. Isabel Miranda de Wallace, presidente de la asociación civil “Alto al Secuestro”,  invitó a los mexicanos  “A marchar para apoyar al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto” e hizo hincapié que no era el momento de críticas al gobierno ni de exigir otras situaciones sino de unidad.

Miranda de Wallace citó el domingo en el Hemiciclo de Juárez, mientras «Vibra México» llamó a arrancar su marcha el mismo domingo 12 de febrero en el Auditorio Nacional, ambas con dirección al Ángel de la Independencia y con la intención de arrancar a mediodía.

Naturalmente esta segunda marcha empezó a recibir muchas críticas por considerarse oficialista y de apoyo incondicional a un presidente con 12% de aprobación entre los mexicanos.

De inmediato llovieron críticas advirtiendo que marchar el domingo era señal de dar un cheque en blanco al gobierno de EPN y representaba ser un palero. Esto no cambió mis planes y el domingo tomé el metro para llegar al Auditorio Nacional dos horas antes del arranque (10 a.m.) y así tener la oportunidad de percibir todos los preparativos  y organización de la marcha.

Llegué antes que los medios de comunicación e incluso antes que los organizadores,  a quienes ya tenía bien identificados. Divisé atentamente a un grupo de personas que usaban un megáfono para exhortar a las personas, que poco a poco llegaban al punto de reunión de la marcha, a que no se dejaran engañar por Televisa, que el verdadero enemigo era EPN.

Alrededor de las 10:15 a.m. llegaron algunos coordinadores de la marcha. Claramente distinguí a María Amparo Casar, (Presidente Ejecutiva de Mexicanos contra la Corrupción) María Elena Morera (Presidente de Ciudadanos por una Causa en Común) y  Roy Campos (Presidente de Consulta Mitofsky).

Decidí presentarme con ellos e inmiscuirme para conocer de primera mano la organización y problemática de logística de la marcha. Llevaban pancartas con distintas consignas pero aún no se decidían cual sería la que llevaría el primer contingente. Por lo que escuché era una decisión de alta relevancia puesto que querían desmarcarse de la marcha alterna, «Mexicanos Unidos» que ofrecía apoyo incondicional a EPN prácticamente como sumisión. Querían proyectar una protesta independiente de cualquier autoridad, en la que las personas expresaran cualquier sentir sin restricción alguna.

Fue entonces que me salió mi lado frustrado de periodista y me dispuse a realizar unas entrevistas. María Amparo Casar me expresó que la marcha no era exclusiva de la capital sino que estaba replicada en 22 ciudades de la República Mexicana. Puntualizó los objetivos de la marcha platicándome la sensación de los convocantes: “estamos en contra de las políticas xenófobas, discriminatorias, proteccionistas del Señor Trump y estamos haciendo una muestra de solidaridad, que no habíamos hecho con todos los mexicanos que viven en los Estados Unidos, que están viendo su integridad física cuestionada. Gente con miedo de salir a las calles, con miedo que se desintegren sus familias,  de perder sus trabajos y su forma honesta de vivir”.

Más adelante, a pregunta expresa mía, subrayó la particularidad de ser una marcha apartidista, haciendo énfasis que los que cabían eran los ciudadanos y no los partidos políticos. En otras palabras, que no marchaban ni a favor ni en contra de Peña Nieto.

Los manifestantes seguían arribando pero palpaba una preocupación en los organizadores de que no se fuera a reunir un colectivo numeroso. Así mismo me percaté que de forma nerviosa se comunicaban usando radios, con otras personas, para preguntar sobre la afluencia que estaba teniendo la marcha convocada por la Sra. Miranda de Wallace.

Dieron las 11:00 a.m. y había poca gente congregada en el Auditorio Nacional, la inquietud era latente. Entonces vi llegar al historiador mexicano, Enrique Krauze. No podía perder la oportunidad de captar algunas palabras suyas y le pregunté cuál era la importancia de marchar ese día. Me contestó que debemos demostrar a la Casa Blanca que no nos vamos a dejar, “a los tiranos se les enfrenta, no se les apacigua y mucho menos nos debemos voltear a otro lado como si la realidad no existiera. Es un peligro mayor para México y debemos poner cada uno nuestro granito de arena”.

A pregunta expresa de si la marcha apoyaba al Gobierno Federal, me pidió que juzgara si había acarreados y que había qué estar conscientes del peligro que enfrentábamos. El escritor mexicano iba acompañado de su esposa, quien al terminar de dialogar conmigo, se dispuso a administrarse protector solar preparándose para el radiante sol de mediodía. Esto me hizo caer en el error de novato que había cometido y que sin duda me cobró factura en los próximos días con unas buenas quemaduras.

El reloj marcaba las 11:40 a.m, se notaba una cierta confusión y, aún, una disminuida concurrencia cuando pasó algo que me sorprendió.  En el transcurso de la semana el internacionalista Genaro Lozano había criticado la convocatoria por haber dejado a un lado los jóvenes, mencionando que parecía una marcha de personas mayores de 50 años. Y sí, este comentario hizo ruido entre los organizadores, dado que me invitaron a estar en el pelotón inicial de la marcha aduciendo esta razón en particular.

Acepté de buena gana, entendiéndolo como una buena oportunidad para averiguar más del entorno entre los marchistas convocantes y escuchar, desde cerca, lo que decían entre ellos en el trayecto. En ese momento resolví abocarme a vivir la marcha y dejar las entrevistas para otra ocasión y así no perderme de ningún detalle.

El recorrido inició puntualmente al filo del mediodía. Dado que los presentes seguían regados por toda la explanada del Auditorio Nacional, el primer contingente, en el que yo iba, se colocó sobre Paseo de la Reforma confiando que las demás personas seguirían el ejemplo y se empezarían a formar detrás. Los medios de comunicación comenzaron a tomar fotografías y a asediar a las personas del primer contingente, para buscar unas últimas palabras, antes de que iniciase formalmente la marcha.

Alejandro Martí, Héctor Aguilar Camín, María Elena Morera, Amparo Casar y Roy Campos eran algunos de los que configuraban esa primera línea. Juan Pardinas, Director General del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), fue invitado a sumarse pero prefirió incorporarse con su familia en la parte trasera. Se solicitó a la prensa tomar distancia para poder avanzar sin complicaciones y en punto de las 12:00 horas la ruta hacia el Ángel de Independencia inició.

Los primeros 200 metros, aproximadamente, personas reunidas alrededor de la acera aplaudían mientras avanzamos. Había confusión sobre si debíamos ir gritando alguna consigna y un grupo de personas empezó a entonar el «Cielito Lindo». Ante el modesto canto, hubo un cambio repentino por los alaridos del ¡Viva México! que consiguieron mayor fuerza entre los presentes.

Mientras progresábamos el clamor se transformaba en torno a Trump y en mensajes en contra de la corrupción e impunidad en México.

Realicé un experimento originando la consigna «No al muro» buscando contagiar a los demás marchistas. Para mi sorpresa fue exitoso al grado de replicarse en las personas que iban detrás de nosotros.  Iba con la plena convicción de no dejar ir ningún detalle, escuchar con atención los comentarios discretos de las personalidades de la primer línea,  y observar todo a mi alrededor.

La marcha empezaba a tomar forma…

@DarioJimenezL

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