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Horror rural o intemperie de Jesús Carrasco

Jesús Carrasco nació en Badajoz, en el año de 1972. Desde el 2005 reside en Sevilla. Licenciado en Educación Física, también ha cursado la carrera de Filosofía y ha trabajado como redactor publicitario. Su novela Intemperie, publicada en 2012, y escrita probablemente entre el 2009 y el año de su publicación —aunque esto no lo sé, lo asumo— es su primera novela, y le significó un debut inmejorable, destacando en el panorama literario internacional. La novela fue acogida con entusiasmo en editoriales extranjeras antes de su publicación en España, destacando su participación en la Feria del Libro de Fráncfort de 2012, donde se vendieron sus derechos para publicarla en Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, Estados Unidos, Holanda, Noruega, Israel y Brasil. La editorial que se encargó de publicarla en el panorama hispanohablante fue el sello Seix Barral, del Grupo Planeta.

Esta novela es la máxima exponente del Neorruralismo en España, género que sigue la tradición de la narrativa rural hecha durante el Franqusimo por autores como Delibes, José Celá, Juan Benet o Ana María Matute. Este tipo de narrativa se dejó de hacer con la caída del régimen, reflejo de la evolución de la sociedad española, que salía de un hermetismo arcaico a convertirse en un país contemporáneo con todas sus letras, es decir, con democracia incluida. Sin embargo, creo que las influencias de esta novela están más en Norteamérica: Carver, Ford, Cheever, McCarthy, los tremendistas americanos.

Ahora bien, tampoco creo que Carrasco se haya planteado inaugurar el Neorruralismo, creo que escribió como pudo (siempre es así) de algo que le conmueve: la violencia y la dignidad. La dignidad como el valor que debemos rescatar en medio de esta crisis, y que, situando la novela en un ámbito rural, un ámbito que para el ciudadano citadino —el ciudadano mayoritario— a lo largo de la historia ha sido la otredad (el lugar donde habitan las brujas, los lobos, y demás bichos), nos pone a reflexionar sobre nuestros privilegios y sobre las resistencias diarias que le oponemos a este caos que parece estar ahí afuera, al acecho.

Hay un abandono del hombre en lo salvaje, un abandono fatal en la naturaleza: es aquello que no podemos controlar, aquello que es brutal. De esta, digamos, ruptura inconciliable entre el hombre y la naturaleza, surge el miedo, el mal (siempre presente, flotante espada de Damocles), el aprendizaje, y la dignidad, principales temas de la novela.

En una época en la que está de moda exhibir la musculatura dactilar y mostrar quién escribe el libro más gordo y más urbano (en el que en muchas ocasiones sobran la mitad de las páginas) es de agradecerse una narrativa de sangre densa y golpes cortos.

La narrativa de Carrasco contiene una reflexión implícita sobre el lugar imaginario en el que situamos el futuro de la humanidad: ¿dónde queremos vivir? ¿en las tierras arrasadas, en los descampados? ¿o en los edificios monótonos, en las tierras apisonadas por el pavimento, en el ritmo de no-pares-de-consumir? La novela contemporánea ya ha indagado en el futuro, que más bien es ya el presente. Carrasco, me parece, retrocede y dice: no importa dónde, mientras tengamos dignidad.

 

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