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El origen de este escrito se vincula con la esencia de las uniones interculturales e internacionales, ya que el hecho de atraerse, enamorarse, y comprometerse a vivir una vida conjunta con alguien que creció, se educó, se formó como individuo bajo las normas y costumbres de una sociedad con valores totalmente diferentes, es como una lucha sin cuartel, esto quiere decir que estas dos personas que se atrajeron en todos los sentidos, no son enemigos, por lo contrario, son más que amigos, pero son contrarios en todo.  Entender, aceptar, convivir y mezclar actitudes que mediante un proceso se convierten en una nueva forma de recorrer la vida, llena de descubrimientos, aprendizajes, tolerancias, empatías, y muchas características más, hacen posible la gestación de nuevos individuos, que guardan muchas características de su personalidad y carácter, con ese plus que hace posible que se actúe como un extranjero en su propio terruño.

A todo lo anterior se le suman todas las adaptaciones que tiene que hacer el integrante de la pareja que es el extranjero, más allá de que “el extranjero” sea de habla hispana, de cualquier forma las culturas difieren bastante, dependiendo de las mismas. Otro asunto que es más difícil es que no se dominen los idiomas mutuos.

Por otro lado, los matrimonios, o uniones de parejas interculturales, deciden formar una nueva familia y compartir todo lo que tienen, desde lo material, hasta lo emocional y cultural.

Cabe mencionar que el simple hecho de comprometerse como pareja con integrantes de una sola nacionalidad y de una sola cultura, es por demás difícil, no se puede dejar de reconocer que cuando esta pareja es intercultural, la situación se agrava mucho más. Lo curioso en el caso de México, como sede de una pareja de este tipo, generalmente el extranjero, se adapta muy bien, y se puede afirmar que de pronto, el extranjero adopta casi toda la cultura nueva, y aunque siempre extraña su terruño, aprende a vivir en su nueva tierra. Se aplica muy bien el famoso dicho “A la tierra que fueres, haz lo que vieres”. Por el contrario, aquel individuo que no acepta del todo las nuevas costumbres y tradiciones, que se aferra a lo suyo, aunque sea de manera un tanto artificial, se acostumbra a vivir en un mundo falso, y realmente nunca es feliz del todo, ya que siempre está esperando regresar a lo suyo, y esto trae consigo el rompimiento de la relación.

Existen casos en la actualidad en donde no sólo la familia primaria está formada de esta manera, ya que también los hijos han seguido esta “tradición”; de pronto este mundo globalizado, no sólo permite que se intercambien mercancías, también se intercambian estudiantes y profesionistas que salen a aprender, o a aplicar lo que conocen en otras latitudes de éste, nuestro globo terráqueo, muchos de estos personajes, de pronto, se quedan en esos otros lugares y, con el tiempo forman relaciones que se convierten en compromisos de pareja, y cada vez van en aumento las uniones interculturales, mismas que procrean hijos multiculturales, que al final, terminarán haciendo lo mismo. Todo lo anterior y el hecho de que también haya guerras y desplazados por todo el mundo por las mismas, repercutirá en una nueva forma de concebir y ver a las personas. Por esto, uno se puede atrever a decir que más tarde, que temprano, los ciudadanos de este planeta, ya no tendrán una nacionalidad, ya que se percibirán muchos de ellos, como ciudadanos del mundo; y todo aquello que nos distingue ahora, se mezclará con otras distinciones, nacerán otras culturas, propias del mundo posmoderno, algo así como cuando se terminó por fin el Imperio Romano, o como cuando la Península Ibérica se “liberó” de los moros, los yugos se acaban, pero las culturas se transforman.

Así pues, con las diferentes uniones voluntarias, por una, u otra razón, las nacionalidades cambian, los pueblos cambian, surgen nuevas culturas, que dan origen a nuevas visiones de la vida y del mundo, que tal vez puedan resultar en algo mucho más positivo que las intrincadas y egoístas ideas nacionalistas que en muchas ocasiones, no permiten el desarrollo del ser humano como un ser integral, sin las ataduras culturales que le impiden verse y actuarse en cualquier otro sistema ajeno; haciendo de lo extraño, lo propio.

    

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