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Columnas

La defensa de la mujer… como mujer

La emancipación de la mujer comenzó a finales del siglo XVIII, buscando la libertad e igualdad, que en muchas regiones del mundo aún no se logra. Desafortunadamente los movimientos feministas se han centrado en la inclusión y empoderamiento de la mujer en el aspecto profesional, privilegiando la paridad en el Senado, igualdad de oportunidades laborales y educativas, así como la ruptura de estereotipos sociales que mantienen a la mujer en el hogar; claro, obviando que los patrones de belleza deben permanecer e incluso se van haciendo más rigurosos con el paso del tiempo.

El tema profesional no es menor, sino que nos hemos olvidado de los principios básicos de la libertad que se refiere a la facultad que tenemos los seres humanos para decidir; decidir, por ejemplo, en nuestro cuerpo y quien deseamos que se acerque a él. Tal vez estamos tan centrados llenando espacios que hemos olvidado luchar por defender a la mujer, no como madre, no como esposa, no como profesionista, sino como mujer.

En los últimos días la nota nacional ha estado repleta de violaciones, abuso sexual e impunidad frente a los hechos, los Porkys y los Mirreyes de Veracruz son los casos más sonados de muchos que se han olvidado o que simplemente nunca salieron a la luz. El diario La Jornada publicó en abril del 2016 que al año se denuncian 30 mil delitos sexuales, cometidos principalmente a mujeres, tomando en cuenta que la violación es uno de los delitos menos denunciados en nuestro país. Hace dos años el portal de CNN citó a Pablo Navarrete, coordinador de asuntos jurídicos del Instituto Nacional de las Mujeres, quien mencionó que en México por cada delito sexual denunciado hay ocho que no se reportan.

Un aspecto preocupante del abuso sexual que las mujeres padecen en la calle, oficina o en el transporte público es que se critica con más rudeza a la víctima que al victimario; nadie nota el error y la falta que comete un hombre que se acerca demasiado al cuerpo de otra persona, que golpea los glúteos de una mujer, que grita palabras obscenas o que condiciona el salario o el mismo puesto a cambio de un favor… no, ahí nadie nota el desliz, por el contrario, sí somos capaces de diseñar historias que señalen la reputación de la mujer y que por lo tanto justifiquen el actuar del hombre; ocurre incluso en infidelidades «también ella tuvo la culpa, se dejó mucho, ya no se arreglaba» se puede escuchar entre mujeres cuando una de ellas ha sido traicionada; «¿Por qué lo permitió? bien que le gustaba», «Hubiera dicho algo», «Es que, ¿por qué se viste así?»…

De acuerdo con cifras presentadas por ADIVAC (Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas A.C.), se estima que en México cada nueve minutos se violenta sexualmente a una persona.

Quizás nos perdimos en el orden jerárquico, porque de nada nos sirve ganar lo mismo que el hombre y ocupar la misma cantidad de lugares en una oficina, si seguimos recibiendo el mismo trato que un objeto.

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