Image default
Portada » La educación media en la décadas de los años 60´s y 70’s del siglo pasado
Columnas

La educación media en la décadas de los años 60´s y 70’s del siglo pasado

Como parte final de este grupo de relatos, el día de hoy me enfocaré en describir la dinámica dentro de las escuelas secundarias de estas décadas. Las escuelas públicas de educación media, en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México, estaban divididas en instituciones para varones y para mujeres, en esa época no se acostumbraba que los chicos y las chicas entre los doce y los quince años estudiaran juntos, como mencioné el pasado domingo, esto tampoco era permitido en las escuelas primarias; debo aclarar que tanto escuelas públicas, como privadas no permitían la educación mixta.

Entre los años 1961 y 1963 estudié la secundaria, en ese tiempo, se asistía en ambos turnos y los sábados, siempre estábamos ocupadas en el aula, o en casa haciendo las tareas. Entre semana se entraba a las ocho de la mañana, se salía a la una de la tarde, nos daban dos horas para comer y regresábamos de las tres a las cinco de la tarde a recibir más clases. Los sábados se dedicaban a las actividades físicas y a los talleres, había toda clase de talleres y uno tenía que cumplir con todo el horario, tanto las clases de la tarde como los talleres no eran opcionales, eran obligatorios.

Debo señalar que las materias eran impartidas de manera rigurosa, los maestros eran generalmente muy buenos y exigentes, en ese periodo de la historia de nuestro país, sí se reprobaban las materias y había exámenes extraordinarios, de tal forma que si no los pasabas, quedabas debiendo materias y en muchas ocasiones algunas de las alumnas no podían salir de la secundaria y por consiguiente no tenían derecho a un certificado.

Realmente eran pocas las alumnas que acudían a la secundaria, muchas chicas de ese entonces, estudiaban alguna carrera técnica al salir de la primaria, o al salir de la secundaria, esa clase de carreras tenían una duración de tres años, así que a los quince años de edad, con secundaria, o con carrera técnica, cualquier chica ya podía trabajar, y se consideraba bien preparada para hacerlo. El porcentaje de chicas que salía de la secundaria y se inscribía en una preparatoria, privada, o pública, u otro tipo de bachillerato era muy bajo, eran los varones generalmente los que acudían a este grado de estudios, y aun así, eran pocos también los que se graduaban. Generalmente podías conseguir un buen trabajo, con un sueldo razonable sin haber cursado un bachillerato; la mayoría de los jóvenes vivían y trabajaban con salarios suficientes y hasta llegaban a formar familias bajo esas características.

Volviendo a la dinámica de los estudios en las escuelas secundarias públicas, debo admitir que yo aprendí mucho en la que yo estudié, era una de las de más renombre en el Distrito Federal; al igual que ahora, las secundarias se reconocían por el número que las distinguía, ya que según fueron apareciendo se fueron nombrando y se les fue adjudicando un número. Yo estudié en la Escuela Secundaria No. 2 “Ana María Berlanga”, estaba ubicada en la misma colonia de la primaria, en la Colonia Santa María La Ribera, en la Calle de Fresno, ¡Ah, cómo la recuerdo! El terreno era enorme,  había construcciones nuevas para aquella época, de edificios con tres pisos y al menos seis salones en cada piso, también había una construcción muy antigua, en donde estaban los salones de los talleres y el salón de la clase de música, esa clase es de las que más trabajo me costaron, ya que siempre me ha gustado cantar, pero soy totalmente desafinada, la maestra de música, María Elena Campbell, era muy buena, pero nunca logró que yo pudiera cantar; acercaba su oído a todas las alumnas cuando escuchaba que alguien desafinaba; a mí, siempre me decía: “tú solamente mueve la boca, no cantes”. Me divertía mucho que pasara eso, no podía decirme que me fuera, debía estar en la clase, aunque no pudiera cantar.

Otros de los maestros de los que guardo recuerdos gratos, es del profesor del taller de artes plásticas, me encantaba esa clase, para ese entonces yo juraba que sería pintora, una gran artista del pincel y me veía en los salones de la gran Academia de San Carlos, primera escuela de pintura de toda América; cabe señalar que intenté estudiar esto que me apasionaba, pero no salí seleccionada en el examen de admisión, al igual que no pude tampoco estudiar la Normal para maestra de escuela primaria por falta de recursos; situación que me llevó a iniciarme como una mujer productiva a los 15 años, cuando salí de la secundaria.

Las clases de matemáticas, español, inglés, historia, geografía, civismo, etc., etc., etc. siempre fueron excelentes clases, aprendí muchísimo y la secundaria me dio las armas para conseguir buenos trabajos, entre ellos uno, en el que permanecí por nueve años, en un renombrado Banco de la época, cuando los bancos en México eran de mexicanos y trataban a sus empleados de la mejor manera.

Otras de las clases que recuerdo con mucho cariño y simpatía, fue la de Educación Física, me encantaba esa clase, siempre hacíamos algún calentamiento y luego jugábamos, a manera de entrenamiento un partido de voleibol, único juego que practiqué es ese tiempo. Lo más curioso y que me divierte de aquellos años en esta actividad, es que no llevábamos pants (pantalonera), ni sudaderas, sólo tenis, usábamos una vestimenta que en la actualidad me mata de risa, el día que teníamos deportes el uniforme completo era blanco: una blusa camisera blanca con el escudo de la secundaria, una falda blanca que nos tapaba las rodillas y que nos quitábamos a la hora de hacer las actividades físicas; claro que debajo de la falda usábamos una prenda a la que llamábamos “blumers”, una especie de short, con una sobre falda “drapeada”, de esas que llevan las tablas encontradas y cosidas, y que se usaba, apenas arriba de la rodilla, así que usábamos mucha ropa ese día, eso sí, todo debía estar almidonado; también el uniforme de diario, que consistía en un “jumper” de color rosa para primer año, de color azul para segundo año y de color guinda para tercer año, siempre con la blusa blanca debajo del “jumper”. Todas las secundarias públicas llevaban ese mismo uniforme.

Teníamos laboratorios de biología y de química, la única vez que recibí un reporte fue en el laboratorio de química, ya que el equipo en el que estaba nos pusimos a jugar y nos llenamos la cara con hollín, del que dejaba la mecha al trabajar con fuego; la maestra nos llevó a la dirección, íbamos asustadas y muertas de risa, nos veíamos con las caras negras y no aguantábamos la risa. En esa ocasión le pedí a mi abuelita que asistiera, no quise hacer enojar a mi madre. Esa fue mi gran travesura durante toda la primaria y la secundaria, no volví a comportarme de esa manera. Fue una etapa muy feliz y productiva en mi vida, ya que lo aprendido me dio las armas para trabajar y para después de 12 años de haber cursado la secundaria, pudiera presentar mi examen de admisión a el CCH (Colegio de Ciencias y Humanidades), bachillerato de la UNAM.

Espero que estas historias les hayan parecido interesantes y que les permitan hacer comparaciones con la vida estudiantil actual.

¡HASTA LA NUEVA HISTORIA!

    

Artículos Relacionados

Baja percepción de inseguridad en La Laguna

Editorial

Circulan cerca de 180 mil carros chocolate en La Laguna

Editorial

¿El huracán Pamela provocará lluvias intensas en la Comarca?

Editorial
Cargando....