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Columnas

La imagen de los medios

Alguna vez Salvador Allende dijo “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. La trillada idea que afirma y asigna la responsabilidad de criticar y manifestarse a los jóvenes es muy cierta. La energía, las ideas, el ímpetu, la falta de oportunidad y la visión fresca y virgen acarrean un sentimiento de amor puro que desemboca en desagrado e indignación por lo que vive la sociedad.

Hoy tuve la oportunidad de dar una pequeña plática a un grupo de jóvenes en la que se tocó el tema de la imagen que los medios locales dan hacia el público y hacia quienes aspiran a trabajar en ellos; amarillistas, aburridos, mentirosos, oportunistas, grises y poco comprometidos fueron algunos de los señalamientos que tuvieron por parte de los alumnos. Los medios oficiales de la región han ido perdiendo fuerza por su arraigada relación con quienes acuerdan contratos publicitarios. La credibilidad de los comunicadores depende con toda certeza de los intereses de su empresa. La visión objetiva y crítica que debería tener un periodista queda relegada ante la voraz ambición de los empresarios de la información.

Dicen que en este país la libertad de expresión es sagrada, pero los periodistas viven atados a un yugo que los oprime y los obliga a decir u omitir información que pueda comprometer los intereses de quienes les pagan. El brutal engaño que han tratado de propagar a través de campañas y anuncios disfrazados de entrevistas y críticas motivadas con presión para obtener algo a cambio son el patrón más recurrente en el medio.

Para fortuna de todos aquellos que se sienten incompletos con lo que los medios locales de información ofrecen, están las redes sociales y un sinfín de portales y voces independientes que difunden lo que investigan, lo que piensan y lo que sienten sin estar atados a un patrocinio que ahogue la naturaleza del periodismo.

Los jóvenes, desde su trinchera, pueden usar el internet y todo lo que éste ofrece para desatar una revolución de ideas que empuje a una sociedad inmersa en un ciclo rutinario que distrae y evade los problemas cruciales que cada día fragmentan más a la comunidad.

Con este artículo no se busca denostar el trabajo que hacen los medios en la región, sino mostrarles la inconformidad de muchas personas que están cansadas de tanta desinformación y del nulo compromiso que tienen con la sociedad. Dentro de las casas informativas de la comarca, existen cientos de mentes creativas, inquietas y críticas que se encuentran aletargadas por la presión y el cumplimiento de ciertas pautas que las empresas les exigen, es tiempo de comenzar a hacer el cambio desde su redacción y fomentar una evolución que recupere y salve la historia y la reputación que alguna vez tuvieron los medios y que, con el paso del tiempo, fue decayendo hasta terminar representados por una imagen grotesca y poco comprometida.

Los métodos con los que se ejerce el periodismo son cada vez más arcaicos. La evolución que sobrevino como una tormenta tomó desprevenidas a las casas informativas. En la Comarca Lagunera el avance ha sido lento, los sueldos son precarios y las condiciones laborales son poco atractivas para quienes sueñan con pertenecer a una redacción y generar un cambio a través de este noble oficio.

La imagen yace destruida y derrumbada entre escombros de mentiras y descontrol. El respeto y la admiración que se podría llegar a sentir por un periodista osado y comprometido se han convertido en un sentimiento de mofa y desencanto. En la gente y en especial en los jóvenes está la obligación para cambiar esto y convertirse así en verdaderos agentes de cambio que transformen a una región hundida en la apatía.

 

 

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