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La violencia

Existen situaciones diversas en el país que se han venido presentando en estos últimos tiempos, tiempos en los que hemos sentido que éste se nos va de las manos junto con toda su gente y sus credos, tengan la tendencia que tengan; otras veces en las que sentimos que el México de rebeldía e intelectualidad que nos cuenta la historia puede volver a resurgir, nos da la impresión de que estamos despertando. Existen también, dentro de lo mencionado, situaciones que se nos han dificultado superar, entre ellas, la que considero importante, entre muchas otras, es la violencia. Una violencia que hace unos años se nos hacía ajena, de un momento a otro la percibimos como propia. Una violencia que se nos presenta diversa, con muchos matices, muchas caras… una violencia multiforme. Nos damos cuenta tarde o temprano que hasta en la capacidad de poder hablar existe una responsabilidad inmensa, que tal vez no siempre nos es recordada, pues es una acción que se ha desarrollado automática y que algunas veces, sea la mayoría o no, se vuelve consciente.
La violencia, como muchas otras cosas, ha evolucionado, de tal manera que la mayoría del tiempo convivimos con ella en nuestro medio, o la ejercemos propiamente, y en casos, no vemos que compartimos con ella hasta nuestros íntimos momentos de soledad. Es la manera en la que en esencia y materia reflejamos el interior, el subconsciente nos traiciona y se expresa. Pero reitero, tiene innumerables matices, dependiendo de la situación. En términos generales, la violencia puede ser un medio para llegar a un fin.
Y retomando el contexto del país, en donde puedo ver un gran abismo de aplicación de la violencia, en donde se incluyen los humanos, el medio biótico y abiótico, es en la relación misma del hombre con la tierra; el lugar en donde se trabaja, en donde se cultiva y se cosecha no sólo materia prima, sino identidades; el lugar en donde se produce, el lugar que tiene un precio… para los que no saben darle algo más allá de eso, porque la tierra para el que la trabaja tiene un valor que sobrepasa el alimento del alma consumista, y no, es claro que no tiene un valor monetario.
Hay quienes no comprenden el delirio de destrucción de las sociedades contemporáneas, empezando por nosotros como individuos y terminando con lo que nos rodea, y en esto va incluida la exacerbada explotación a la naturaleza y del hombre mismo. Creo que hay una gran confusión entre saber quiénes realmente son los que dominan, ¿los humanos o la naturaleza? El mismo Noam Chomsky, amplio analista en temas de esta índole, menciona que los indígenas son los que están salvando la tierra lastimada que dejan las manos capitalistas explotadoras, derrochadoras de ambición lúgubre, y hasta que estos aprendan de los que se consideran “primitivos” dejaremos de estar condenados a la destrucción. Es por ésta destrucción, y otras muchas más, que la violencia tiene diversidad de existencia; la violencia son las palabras, el genocidio cultural, las fronteras políticas y límites imaginarios que nos hacen fraccionados, la abstracta idea de libertad, la falta de valores humanos, es creer que estamos divididos cuando somos parte del todo, es el miedo que nos detiene, nos empuja y nos roba, es lo que nos hace sentir indiferentes ante los externos, es la tensión, es el estrés, es la falsa idea de competencia… la violencia es más profunda de lo que a veces imaginamos.

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