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Columnas

Las identidades, las uniones interraciales y la discriminación

Los videos virales siempre nos dan mucho de qué hablar, y aunque son muchos los que observamos en las redes sociales, algunos de éstos causan una tremenda polémica.

Me atreveré a tomar como ejemplo el que un gran porcentaje de la población alrededor del mundo pudo observar el día 10 de marzo, del año en curso, en dónde un especialista en las relaciones entre Corea del Norte y Corea del Sur, da ciertas opiniones sobre asuntos entre estas dos repúblicas para una cadena televisiva de reconocimiento mundial. Las escenas de este suceso tienen un tinte gracioso y las acciones de los protagonistas pueden verse y observarse desde muchos puntos de vista, todo depende del espacio que cada quien tenga y desempeñe, tanto en el campo laboral, como en el campo familiar, así como en la cultura que lo valore, así que habría muchas aristas para opinar, y lo que se rescata desde mi muy particular punto de vista es lo siguiente:

Independientemente del hecho por muchos observado y las polémicas sobre el “mal comportamiento de la nana” que tanta controversia ha causado, sobre todo por las serias repercusiones que esto tiene en relación al racismo y al pensamiento, que forma ya una ideología de supremacía racial del hombre blanco, sobre cualquier otra raza;  retomemos la idea que inicialmente muchas personas dan por hecho, de que la mujer es la nana; esto me lleva a rescatar  muchas experiencias pasadas de situaciones parecidas. Varias mujeres cercanas y en diversas etapas de mi vida, han vivido situaciones similares. Una amiga cercana, mexicana y con rasgos indígenas, quien se casó con un hombre francés, muchas veces fue confundida con la nana de sus hijos, claro, porque es mucho más fácil pensar que es la nana, y no la madre, ya que los hijos se parecen más al padre, además de que todavía es poco creíble que una mujer con esas características se case, o se una con un “hombre blanco”. Otros ejemplos se han dado con integrantes de  mi familia, cabe aclarar suceden tanto en el caso de mujeres y hombres. Dos integrantes de mi familia masculinos también han recibido comentarios, donde muchas personas se asombran de que sus compañeras de vida sean blancas y las exclamaciones al respecto son de admiración por tener una mujer, o hijos blancos y de ojos azules; inclusive les han preguntado quiénes son esos niños, y no les creen que sean sus hijos. En otras ocasiones y situaciones, también he vivido muy de cerca comentarios prejuiciosos con respecto a lo que un “hombre blanco” es, sólo por ser blanco, y al comentario tan común sobre la suerte que se tiene por ser esposa de un hombre con estas características, sin que sepan, o se enteren que nada tiene que ver el color de la piel con estas uniones interraciales.

Más allá de que por un momento critiquemos a los racistas blancos, porque crean en su “superioridad racial”, creo que debemos voltear y vernos a nosotros mismos, ya que con comentarios como éstos, en los que todos hemos caído, somos los “no blancos” los que nos asumimos como inferiores, al hacer alarde muchas veces de que nuestras parejas y nuestros hijos tienen esas características de la “gente blanca” que muchos de nosotros anhelamos.

Retomando el video, debo admitir que yo también en un inicio pensé que se trataba de la nana, di por hecho que así era, incluso me atreví a comentar que la despedirían después del “oso” que había causado por no cuidar bien a los niños y por atreverse a entrar de esa manera al despacho y para colmo llevarse a rastras a la pequeña niña, quien anteriormente había sido empujada por su padre, mientras estaba en la videoconferencia. Somos impulsivos la mayoría de las veces y no nos detenemos a reflexionar sobre lo que vamos a decir; fueron tantas las opiniones y tantos puntos de vista los que resultaron de esto, que me puse a pensar que no necesitamos que nos discriminen como raza, que en el paso de nuestra vidas aprendemos a discriminarnos nosotros mismos, y que por consiguiente, asumimos que personas con ciertas características desempeñan cargos, funciones y status, según su color de piel y sus características. Claro que si esto se sigue alimentando, es por las actitudes que tomamos y que nos ponen en un  lugar, o en el otro, como discriminados, o como discriminadores.

Creo que este comportamiento inconsciente por parte de nosotros y otras culturas orientales y occidentales, es una conducta que se ha aprendido desde que se es pequeño, que es difícil erradicar, no es imposible cambiar el “chip”.  En la identidad del mexicano, tenemos la idea de ser inferiores, y aunque lo he comentado varias veces en este espacio, creo necesario repetirlo, y así como nos defendemos de los embates  políticos, así también debemos asumir nuestra condición racial y enorgullecernos de la misma. También es indispensable que sepamos reconocer que lo que vemos, oímos y percibimos puede tener más trasfondo de lo que pensamos a partir de la apariencia inmediata de las cosas.

Sobre el video nuevamente, el asunto relacionado con el abuso, o no, en el mismo, es historia aparte.

¡HASTA LA PRÓXIMA!

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