Portada Reportaje
Image default
Columnas

Qué le toca hacer al hombre contra el resistente machismo e inequidad de género

Hace unos días una mujer indígena me platicó algo así como: “nosotros no éramos así, machistas, fueron las “nuevas culturas” las que provocaron esta conducta. La evangelización trajo consigo los roles de género, nosotros, originalmente, no vemos a la mujer así”.

No tuvo que explicar lo que así quiere decir: inferior, débil, útil o inútil a conveniencia.

Creo que es indispensable asegurar que la presencia de la mujer a través de la historia no fue siempre detrás del masculino, hubo tiempos y espacios en donde ellas no eran “las mujeres”. Sino otro humano, de igual nivel que el siguiente, ya sea el siguiente hombre u otra mujer.

Tristemente pienso que el origen de esta creencia barbárica vino de mis filósofos pensantes griegos y “sabios” del conocimiento quienes establecieron un imbécil Club de Toby para hablar las cosas más importantes de aquellas épocas lúcidas; con este aparte le quitaron el título de ciudadana a esas que nunca cargaron con algo entre las piernas (considerando, claro, a los eunucos, pobres hombres, que no traían nada entre las piernas pero sí participaban en las disputas políticas y sociales). Imagino que cuando la filosofía griega fue adoptada por los judíos y luego dio el origen de la expansión mundial del monoteísmo, el patriarcado griego encabezado por nombres como Aristóteles, Platón y Sócrates siguieron su camino por todas las tierras conquistadas con esta nueva idea, y bueno, se implantó en la cultura de muchos rincones de mundo.

Enfatizo lo anterior porque si el mexicano es pues, no de origen machista, sino que es machista por lo que ha sido mestizo, no es, entonces, parte de nuestra sangre seguir insistiendo en esta irregularidad social.

Y es ya cuando la pregunta persiste: ¿qué le toca hacer al hombre en la lucha contra el resistente machismo e inequidad de género?

Imitar y promover, primero, una renovada filosofía de libertad femenina, que no siga las pautas de las antiguas creencias. Una libertad igual a la masculina, con una nueva consciencia de género.

Respetar como primera instancia, diría yo, la demanda de justicia y de igualdad.

Respetar, también, la sexualidad de la mujer, que su presencia sea libre en su expresión erótica y que su participación en el placer carnal no sea encarcelado como pecado inmoral o por el propio rechazo colectivo.

Olvidar, como hombre y como mujer, el sentido posesivo que se ha adherido a la definición de una relación; para evitar el naufragio dentro de una relación bochornosa.

Cambiar costumbres de opresión sexual por medio de la humillación y del morbo.

Esas cuatro servirían como comienzo de un cambio productivo, pienso que depende de mí género que el ambiente de la mujer no sea hostil o aterrador o sofocante.

En definitiva, es necesario conocer el pasado de un presente con una tradición inaceptable, cambiar esta anticuada perspectiva social es urgente para no permitir que esta lucha se salga de las manos con sed de poder, o de venganza y aceptar y promover el progreso comunitario es menesteroso para una paz social e individual.

Artículos Relacionados

Édgar Rodríguez murió casi de manera inmediata: Fiscalía estatal

Editorial

Construcción de planta potabilizadora para Agua Saludable tomará 17 meses

Editorial

Empresas favoritas de CONAGUA ganan proyecto de Agua Saludable

Editorial
Cargando....