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Columnas

Lejos de Veracruz

Veracruz, pedazo de patria que sabe sufrir y cantar

Agustín Lara

A Amatlán de los Reyes se llega por Córdoba. La carretera se abre paso entre los cañaverales, verdes hasta el horizonte. Si uno vuelve la mirada detrás, hacia Córdoba, aparece el Citlaltépetl como una estrella de piedra coronada por la nieve. Delante, el campanario amarillo de la Iglesia de los Santos Reyes. Apenas dejamos la carretera estatal, el conductor, Toño, nos pide disculpas por lo que vamos a sentir a continuación. Maldice al gobierno por el abandono, por los baches. Es agosto del 2013 y Javier Duarte va a la mitad de su sexenio.

Amatlán es un pueblo luminoso y antiguo. Algunas personas dicen de este pueblo que es lo más cercano que tenemos a Macondo. Yo creo que Amatlán tiene su propia mitología. Mucho más íntima. De este municipio son Las Patronas, el grupo de mujeres que alimentan a los migrantes que viajan agazapados en La Bestia. De Amatlán, pues, se dicen muchas cosas, como que allí, en 1640, el Conde de Oñate, tras volver de La Habana, trajo consigo las primeras matas de café que conoció la América Continental; que durante mucho tiempo Amatlán fue tierra de brujas; que una bala descerrajada por uno de sus hijos pródigos –el nahua Pascual de los Santos– mató al general Francisco Hevia, en la batalla de Córdoba, donde el Ejército Trigarante venció al Ejército Realista Español; que en la calle Galeana, tan sólo a dos cuadras de la iglesia y en una casa azul, vive el diablo.

Y también que, el 2 de agosto de 2013 iba a realizarse en ese municipio la X reunión del Movimiento Mexicano de Afectadas y Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos. Que un joven artesano llamado Noé Vazquez Ortiz se había ofrecido a hacer una bienvenida ceremonial con flores e incienso. Que ese mismo joven me había ofrecido su casa a mí, recién llegado a ese pueblo para el evento. Que Noé, acompañado de un niño, salió la mañana del 2 agosto rumbo al monte para cortar flores y no volvió. Tres sicarios lo amarraron de las manos y lo asesinaron a pedradas. Al bajar del monte los asesinos fueron detenidos pues llevaban en su ropa la sangre de Noé. Un operativo del gobierno estatal y federal se activó y el evento prácticamente se militarizó. Esa noche, creo yo, nadie pudo dormir. Del otro lado de la ventana hay una tormenta de amenazas.

En Amatlán se planea construir una hidroeléctrica, la población amateca se opone terminantemente. Los activistas habitantes de Amatlán fueron hostigados continuamente después de este hecho. Pero el evento, a pesar del miedo y la incertidumbre, se llevó a cabo. De todas formas ya se había contratado una banda tropical para la bienvenida de esa misma noche, y a pesar de todo, la plaza se llenó de música y baile. Así fue el inicio de la escalada de violencia en la región centro del estado de Veracruz.

…de Amatlán también se dice que la administración de Javier Duarte puso en el municipio el salón de eventos “Javier Duarte de Ochoa” que hoy solo es un montón de ladrillos grises abandonados. Que la madre de Noé murió de tristeza. Que el niño que lo acompañaba tuvo que huir de la región con la memoria tatuada de piedras y sangre. Que el pasado 4 de agosto los asesinos de Noé recibieron sentencia: 20 años de prisión. Que Noé escribió en el texto que iba a leer durante la inauguración lo siguiente: “Las personas que morían, o mueren por causa de las aguas o en defensa de ella van al paraíso donde existe cosechas permanentes de toda clase de árboles frutales y semillas».

Declaración del MAPDER tras la sentencia.

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