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Columnas

Sobre los trabajadores indocumentados en Estados Unidos de Norteamérica… Historias

La primera historia que se relata aquí, está tomada de lo que platica B. Roque Hernández (2006), en la Alianza Comunitaria en el documento de nombre My life as an immigrant.

El señor Roque Hernández escribió elocuentemente acerca de su vida como inmigrante en los Estados Unidos de Norteamérica, esto que leerán aquí debería de servir como advertencia para cualquiera que tenga la brillante y divertida idea, o sueño de cruzar la frontera ilegalmente.

Roque Hernández nos relata las peripecias que tuvo que vivir durante su estancia en el vecino país del norte. “Estuve viviendo en un departamento repleto, durmiendo en el suelo, y soñando que me convertía en su prisionero y que mi alma estaba flotando. Ahora mis sueños están de regreso, rumbo al hogar”, Allá abajo, en el sur, alguien los está esperando, para abrazarlos, para hacerlos sentir bien, “En el camino de regreso, mis sueños atraparán los tempranos vientos refrescantes de la noche cayendo, y gentilmente me despertarán”

Esta es mi casa, pero todavía no puedo llamarla mía. Es muy fría y oscura; huele como a alfombra podrida y las paredes se están pelando, tiene dos recámaras y en cada una de éstas, hay cuatro hombres dormidos. Mi alma y yo estamos compartiendo una esquina en la sala. Mañana otro hermano llegará y él será mi compañero de sala. Entre nosotros los inmigrantes nos ayudamos unos a otros, hacemos espacio para los recién llegados, hasta que ellos tienen otro lugar, por eso “esta es mi casa y sólo Dios sabe cuánto tiempo estaré aquí”.

La llave del baño está goteando y nadie aquí se preocupa por eso, maldita sea, nadie parece estar atado emocionalmente a este lugar; hay cucarachas por todos lados, ellas son nuestra compañía, somos sobrevivientes, pero ellas han estado aquí por mucho más tiempo que nosotros. Esta es su casa, nosotros los humanos inmigrantes somos los intrusos, ¿cuánta gente ha vivido aquí antes? ¿Dónde están ellos ahora?

Los estantes de la cocina están vacíos, hay unos pocos platos viejos, que alguien compró en el mercado de pulgas, una olla grande para cocinar frijoles, usada, pero brillante. Afuera es aburrido, nunca hay nadie en las calle, no hay ningún ruido, parece un pueblo fantasma, la luz de las calles no logra alegrar el ambiente, mientras que dentro de la casa está oscuro y no hay voces. Me encuentro unas cuantas cucharas en los cajones de la cocina, y por supuesto, un destapador; el fregadero de la cocina, también gotea, pero ninguno de los que vivimos aquí, cuida una maldita cosa, porque este no es nuestro hogar, sólo es un breve alto en nuestro trayecto.

En el refrigerador de esta casa hay una vieja cebolla y dos cucharas, ¿quién deja cucharas en el refrigerador?, han estado ahí, desde que llegué hace dos semanas, nadie las va a sacar, porque a nadie le importa nada sobre este lugar, incluyéndome a mí. Nadie va a decir yo lo hice, nadie está aquí para darse cuenta de esos detalles; eso sí, siempre hay cervezas esperando, sólo esperando.

“Estoy aquí, lo logré, y tan pronto como mis sueños regresen a mí, daré un paso afuera y continuaré mi camino de sobrevivencia, porque yo no sé a dónde me llevará. Sólo Dios y la Virgen de Juquila lo saben, yo no lo sé”

Este es un relato basado en la experiencia de un inmigrante, pero como él hay muchos casos, otros personajes como el Sr. Roque viven situaciones aún más estresantes y de más peligro, o desilusión, en las columnas posteriores se narrarán otras historias.

CONTINUARÁ…

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