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Marichuy 2018

Hace tres años visite la selva chiapaneca. Fue una especie de roadtrip espiritual, es decir, de peregrinación. Entramos en la selva a pie, y recorrimos algunos pueblos indígenas. Después de algunas horas, ya adentrados en la selva, y a punto de llegar a la primera comunidad, apareció un letrero que siempre había querido ver de cerca: “ESTÁ USTED ENTRANDO EN TERRITORIO ZAPATISTA EN RESISTENCIA”

No recuerdo cuando fue el momento en el que supe de la existencia del EZLN. ¿Cuando descubrí a Manu Chao? ¿Cuándo leí a Eduardo Galeano en la secundaria? Tal vez. Lo que sí recuerdo fue el impacto que este movimiento armado tuvo en nuestra –hablo de mi salón de prepa– manera de entender la política y el mundo. Maples Arce escribe, a principios del siglo XX , lo siguiente sobre la Revolución Rusa: “Los pulmones de Rusia/soplan hacia nosotros/el viento de la revolución social./Los asalta braguetas literaraios/nada comprenderán/de esta nueva belleza/sudorosa del siglo”. Pues bueno, los pulmones de Chiapas soplan hacia nosotros, etc. ¿Y los asalta braguetas? Naturalmente, aquí siguen. (Los asalta braguetas como aquellos seres que no dudan en empujar a otros con tal de salir en la foto pero a la hora de actuar de verdad les tiemblan las piernas y se van a jugar golf, ¿no se viene nadie a la mente, verdad?) Y otra vez viene el EZLN a aguarles su fiesta.

¿Cómo? Posicionando a una mujer indígena como candidata independiente a la presidencia de México. Por supuesto, los comentarios racistas y misóginos no tardaron en aparecer. Si bien, este tipo de agresiones no pasan de balbuceos, hubo críticas más articuladas… por parte de la izquierda “institucional”, esto es, MORENA. “Esta candidatura restará votos a AMLO y realmente beneficiaría al PRI o al PAN”, y argumentos de este tipo, que, sobre todo, expresan lo mismo que viene afirmando el líder de Morena desde hace años: si no estás conmigo, estás en mi contra (y por lo tanto, estás con el PRI y con el PAN, fúchila).

Lo cierto es que esta candidata es la única elegida en un ejercicio de verdadera democracia. En su elección participaron representantes de más de cuarenta pueblos originarios, -cada uno con su propia identidad- de todo el país. El llamado Congreso Nacional Indígena. Si bien la propuesta sí fue dada por el EZLN, el CNI deliberó a favor y la sometió a una consulta entre los pueblos indígenas miembros para determinar la postura final. La consulta tardó tres meses, en la que finalmente se acordó que el CNI nombraría a un Concejo Indígena de Gobierno, conformado por representantes de las comunidades que lo constituyen, y dirigido con siete principios: obedecer y no mandar; representar y no suplantar; servir y no servirse; convencer y no vencer; bajar y no subir; proponer y no imponer; construir y no destruir. Proceso lejanísimo al viejo dedazo, o a los gobernadores o candidatos impuestos por el crimen organizado.

Ayer se anunció el establecimiento del Concejo Indígena de Gobierno y el nombramiento de María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, una mujer de origen nahua que trabaja desde 1992 con medicina tradicional en la comunidad de Tuxpan, Jalisco. Su objetivo: ser el principio de realidad en las campañas presidenciales, desestabilizar el sistema, colarse en la fiesta con la irreverencia que han demostrado los pueblos indígenas desde hace más de 20 años. Ante el desfile de candidatos devenidos del mismo sistema que ha creado las condiciones en las que estamos, una mujer indígena, quizá el miembro más invisible de la sociedad mexicana, el miembro menos dignificado, con menos poder, logre (ya lo ha logrado hasta cierto punto) fracturar el sistema político mexicano.

En el 94 los zapatistas declaraban “nosotros nacimos de la noche, en ella vivimos, moriremos en ella…”. La noche de Chiapas: la noche más clara y con más estrellas que he visto. De esa noche, transparente y luminosa, hoy los pueblo originarios señalan el camino. La revolución será tierna y rabiosa. La revolución será (siempre ha sido) una mujer indígena.

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