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¿A poco no? “Divide y vencerás” contra “La unión hace la fuerza”

¿A poco no te has preguntado cómo fue que las generaciones anteriores permitieron que nuestro país –pletórico de riquezas naturales, de cultura e historia ejemplar, de grandes hombres y mujeres que han destacado en las ramas de la ciencia, las artes y los deportes, de gente emprendedora y muy trabajadora- se encuentre hoy encerrado en un laberinto de problemas económicos, inseguridad, corrupción e impunidad del que parece no haber salida? ¿En qué momento se perdió la brújula y la barca nacional empezó a perder el rumbo, si es que alguna vez lo tuvo? Porque todos los mexicanos nacidos en los últimos 45 años, que son la gran mayoría, no han sabido lo que es una verdadera estabilidad económica permanente, una paridad estable y una vida sin crisis recurrentes. La docena trágica populista de Echeverría y López Portillo, los sexenios neoliberales de de la Madrid, Salinas y Zedillo, los gobiernos de la alternancia de Fox y Calderón, y la otra alternancia de Peña Nieto, han sido un continuo volver a empezar, el renacer de la esperanza cada seis años y el regreso a la frustración, el desengaño, la perenne decepción.

Con todos esos presidentes México ha vivido en carne propia la tragedia de Sísifo, ese personaje de la mitología griega condenado a empujar una enorme roca a través de una cuesta empinada, y al llegar a la cima –en el caso de México, al final de cada sexenio-, la roca cae por la pendiente, por lo que Sísifo debe volver a empujar, así, una y otra vez sufriendo el eterno suplicio. Esa pesada roca es la que nos mantiene hundidos en el ranking mundial entre los países más corruptos, inseguros, violentos, transgresores de los derechos humanos, con inequidad de género y un largo etcétera. Los medios informativos dan cuenta cotidiana de la situación, y para muestra, algunos encabezados de la prensa: Gobernadores suman 65 mmdp por malos manejos; Violencia en Guerrero deja 344 homicidios en dos meses; La ONU insiste: la tortura es generalizada en México; Salarios bajos, desempleo y atropellos dañan a mexicanos, no a políticos; Vinculan desempleo con aumento de robos, y bajos salarios con crímenes de alto impacto; Más de 30 mil desaparecidos. En fin. La falta de unidad social y de conciencia cívica es un factor determinante que ha impedido cambiar las condiciones de adversidad imperantes.

Si algunas cúpulas del poder político se empeñan en imponer la consigna “Divide y vencerás”, la sociedad civil organizada debe imponer la consigna “La unión hace la fuerza”. Porque somos más los ciudadanos que en verdad amamos a nuestra Patria, que los mal llamados servidores públicos que, con sus decisiones y acciones erróneas y su afán por anteponer sus beneficios personales al bien de la nación, la han orillado a la crisis económica, política y social en la que se encuentra. La encrucijada por la que atraviesa nuestro país exige tomar uno de los dos caminos: el del continuismo, donde la apatía ciudadana ha permitido que la clase política gobernante haya llevado a la nación por la ruta de la corrupción, impunidad, ineficiencia administrativa, inseguridad, sobreendeudamiento y subdesarrollo; o el del rompimiento con los viejos paradigmas, cuyo centro de acción sea el compromiso colectivo de la sociedad, donde todos unidos trabajemos sobre un mismo objetivo: el progreso, la dignificación y la paz de este México nuestro.

 

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