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¿A poco no…? La titánica labor de transformar a México: una tarea de todos

¿A poco no hay peor enemigo del cambio ni mejor aliado del subdesarrollo político, social y económico que la pérdida de la capacidad de asombro de la ciudadanía, derivada de la apatía e indolencia ante los problemas de inseguridad, corrupción, impunidad, deficiencias en la administración pública, deterioro en la educación, desigualdad y miseria que agobian a la nación? Porque al perderse la capacidad de asombro, se pierde la posibilidad de reacción, indignación y participación, mediante la vigilancia estrecha a las autoridades, la exigencia de resultados efectivos y las propuestas de individuos y sociedad para generar los cambios que exige el país.

Sucesos como los que acontecen en México, en otros países ya hubieran generado reacciones y consecuencias drásticas que aquí no se llegan a dar, debido precisamente a la indiferencia de las mayorías frente a la problemática nacional y su falta de involucramiento para, cuando menos, manifestar su capacidad de asombro. El egoísmo social dicta que, mientras el problema no sea mío, no me involucro; lo grave es que, cuando sea tuyo, los demás no se involucrarán, generando un círculo vicioso difícil de romper.

Hay quienes ubican la raíz de todos los conflictos en el ámbito económico, y que el problema de la economía está en la inequidad. Un estudio de la OCDE revela que la falta de crecimiento económico se relaciona con la desigualdad, que está a su vez vinculada a la pauperización del empleo y la educación. Pero independientemente de las causas que originan los problemas, la solución está en la ciudadanía pensante y actuante, positiva y propositiva, que se aferra a no perder las ilusiones, la esperanza y la fe en que, con la participación proactiva, se producen los cambios sustanciales que exige la nación.

Miguel Crespo, en una de sus columnas ConSentido/SinSentido, advirtió: “Los mexicanos tenemos mucho aguante, pero la tolerancia no es infinita y la paciencia se está acabando. Hay esa propensión cada vez mayor a romper con el sistema, a no respetar las leyes, a hacer cada quien lo que le viene en gana, sin que importen las consecuencias. Triste país México, donde los saqueadores se robaron hasta las ilusiones”. De ahí la importancia de romper con estos paradigmas nocivos y empezar a trabajar en la reconstrucción de la esperanza por un nuevo país.

Pero también una nueva generación de jóvenes puede crear un mundo mejor. Lo confirman quienes están al frente de este portal, así como estudiantes que han estado en el programa radiofónico Contextos, de Noticieros GREM, con algunas ideas como: “para cambiar necesitamos educación y cultura para crear y fomentar una participación ciudadana; no es lo mismo habitante que ciudadano”. “Debemos encontrar un punto de equilibrio para ir buscando autonomías, resistencia civil de manera propositiva, consciente, enfocada al beneficio de la ciudadanía”. “Es bueno ser apartidistas, pero no ser apolíticos, pues son los jóvenes los que viven las consecuencias de lo que los mayores dejaron de hacer”.

Si bien aún siguen siendo mayoría los habitantes-espectadores pasivos que pueblan nuestro país, también cada día son más los ciudadanos-protagonistas activos, que serán la base para propiciar los cambios que la nación demanda. La patria fuerte, desarrollada y progresista a la que aspiramos los mexicanos de bien, verá la luz el día en que tomemos conciencia de que la titánica labor de transformar a México, es tarea de todos. ¿A poco no…?

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