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Propongo el equilibrio

Una visión hacia lo recóndito de nuestra naturaleza humana es el acercarnos a intentar descifrar cómo es que nos manejamos en nuestro entorno, cómo es que llevamos a cabo nuestra vida, nuestras experiencias… en síntesis, nuestra realidad.

Mucho he escuchado decir acerca del valor que se le da a la inteligencia exitosa o a la inteligencia emocional respecto de la “sobrevalorización” del coeficiente intelectual, aunque en lo personal, yo no los pondría en comparativa, sino en equilibrio.

Entonces, hablemos sobre inteligencia. La inteligencia no es sólo la capacidad de aprender de las actividades académicas y destacar en ellas, incluye por su parte también la capacidad de saber manejar los diversos conflictos o situaciones que se presentan en la cotidianidad de la vida.
Considero que los centros educativos realmente se han esmerado en darle una suma importancia al desarrollo de la inteligencia académica, es muy importante, sí, pero tienden a premiarla como si ésta fuera la única, sin tomar en cuenta que el 77% del éxito depende de la inteligencia emocional de una persona.
Por tal motivo, he reflexionado que las sociedades actuales se han desarrollado en una realidad tangible en donde los sujetos pretenden “insensibilizarse” ante ciertas situaciones de su vida, porque, según lo que les han enseñado, eso es lo que los hace más capaces, más fuertes, ya que es lo que se reconoce socialmente. Pero, como dije anteriormente, la inteligencia del ser humano no se encierra solamente en la capacidad de ser analítico y racional, se necesita un equilibrio entre el desarrollo de la capacidad emocional y racional o analítica. Es ampliamente comprobado que la psique humana tiene una existente necesidad de expresión en ideas contrarias para aquellos a los que les gusta retener los sentimientos y emociones.

Como parte clave de nuestras realidades, es importante tomar en cuenta una de las diferencias más maravillosas que tenemos los seres humanos respecto de los animales, y es que nuestra especie cuenta con una especial percepción de la realidad, en la que mediante lo percibido en experiencias vividas tangiblemente se puede crear una segunda dimensión en su misma realidad, y ésta es la parte de la imaginación, la parte de la memoria o reminiscencia, y como parte fundamental, los grandes analistas de estos temas agregan el lenguaje visto como la importante necesidad de expresar. En este sentido, se podría deducir que las actividades oníricas son el resultado de la interacción de la percepción del individuo en su realidad tangible, y que gracias a la segunda dimensión de ésta (la imaginación, la memoria y la necesidad del lenguaje como medio de expresión) se crea una realidad intangible, a la que considero merece igual o mayor atención que la anterior, ya que se estima, por los estudiosos del tema, que a esta diferencia marcada entre sistemas de realidades se le atribuye la determinación de la adaptación del hombre respecto a su medio porque considero que no todos podríamos vivir con nuestra dimensión física o por lo menos sobrellevarla dignamente si en nuestro cerebro se reproducen sentimientos y pensamientos no favorables, y que, por tanto, provocan acciones contraproducentes.

En resumen,  pretendo compartir la idea de darle un valor digno a la capacidad del ser humano de llevar a cabo su vida dándole atención a lo que veo primordial: el control, entendimiento, uso y percepción de las emociones y sus códigos. Todo el tiempo convivimos con los efectos de éstas, sin saber, en la mayoría de los casos, con qué estamos trabajando. Logro ver esta falta de atención como un factor limitante para el desarrollo de muchos y muchas, ya que nos llevan a vicios absolutamente innecesarios en la evolución de los pensamientos, capacidades y habilidades.

 

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