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¿Quiénes somos realmente?

Tras una leve discusión con una conocida sobre nuestro origen, emergió de pronto una reflexión, en la que por mucho tiempo había estado pensando, misma a la que no he logrado darle una forma concreta, y es precisamente en este momento, que sé que no hay concreción al respecto. Preguntarnos, de dónde venimos, quiénes somos, por qué actuamos como actuamos, qué posibilidades tenemos de cambiar en el camino de la vida, bueno, son muchas preguntas, claro que estas preguntas, se pueden limitar al origen de las personas, desde el contexto de nacionalidad, y por consiguiente, a la identidad nacional.

Nosotros, los mexicanos, no sabemos reconocernos, y mucho menos identificarnos como tal, ya que nuestros orígenes son muchos y muy variados. Somos un crisol, somos lo que Vasconcelos llamó “La Raza Cósmica”, quiero creer que nos nombró de esa manera por conjuntar en nuestra cultura, un sinnúmero de orígenes y razas que nos dieron existencia. Tomar el concepto de “Cosmos”, como un todo, sacar de ese todo, lo especial, conjugarlo, y después de esto, obtener un producto que contiene, muchos elementos que son a su vez producto de distintas génesis, es precisamente conformar un “crisol”, donde toda la gama de colores y brillos se mezclan para formar seres que representan la suma de muchas partes; en lo biológico, en lo social, en lo cultural, y que llevan por nombre: “ciudadanos mexicanos”.

Se dice rápido, pero llevó mucho tiempo construirlo, de hecho somos un pueblo que no ha terminado de construirse. Tenemos claras algunas cosas; nos encanta nuestra comida, sabemos saborearla muy bien y presumirla por doquier, nos gusta la fiesta, nos encanta bailar, vaya que sabemos tomar tequila y cerveza, entre otras bebidas, ¡Ah! Cómo disfrutamos reír, sobre todo cuando nos burlamos de nosotros mismos, sacamos jugo de las tragedias, y en menos de diez minutos, estamos haciendo chistes de las mismas. Podría decirse, que es difícil para nosotros pensar con seriedad, claro, en lo que a la vida cotidiana se refiere; ya que también somos muy serios y responsables con nuestros trabajos y quehaceres laborales – salvo ciertos individuos que se escudan en los sindicatos – , se podría decir que disfrutamos lo que hacemos, claro, cuando ese trabajo nos gusta, pero también estamos todo el tiempo esperando “los puentes”, nos encanta descansar de vez en cuando, le llamamos al primer día laboral “San Lunes”, cómo nos cuesta aceptar que es domingo por la noche, desde que nos ponemos la pijama, y la cabeza en la almohada, ya estamos pensando que en pocas horas, iniciará otra semana de trabajo, pero eso sí, en cuanto llegamos a nuestro centro laboral, se nos olvida que es lunes, y llenamos de combustible el motorcito que nos mueve.

Claro que todo lo anterior nos describe,  lo importante es tratar de entender por qué somos así, yo no creo que sea malo o bueno ser así; simplemente esos somos nosotros, somos ese “crisol” de razas y culturas que dieron como resultado lo que somos hoy, y estoy convencida de que, así, funcionamos bien, aunque podríamos mejorar en algunas cosas, siempre y cuando sepamos qué es lo que cada uno tendría que modificar y estaría dispuesto a hacerlo; eso sí, tengo que admitir que es más fácil quedarse en el confort, que pensar en cambiar, ya que cambiar, duele, y da miedo; no queremos que nadie nos señale o nos ataque por atrevernos a ser “otros”. Sé muy bien que para muchos comportamientos hay reglas, algunas muy estrictas, otras no tanto, unas son implícitas, otras son explícitas.

La mayoría de las reglas que seguimos son implícitas, no están escritas en ningún lado, son normas inculcadas de generación en generación, la mayoría de estas normas las cumplimos, incluso sin pensar en lo que estamos haciendo, las tenemos incrustadas en nuestro ser hasta el tuétano, por ejemplo, cuando comemos, es terrible que truenes la boca, que hables con la boca llena, o que te rías a carcajadas con la boca, igual de llena, es más nos tapamos la boca cuando algo así llega a suceder, no podemos mostrar la masa alimenticia dentro de nuestra boca, es de muy mal gusto, aunque no existe una ley que diga que la policía vendrá por ti si cometes esa “falta de educación”, por eso es una norma implícita, cabe señalar que ésta es una costumbre indígena, producto de la educación mexica, los españoles medievales que vinieron a conquistar este territorio, no tienen nada que ver con esto.

Existen muchísimas normas implícitas como la ejemplificada aquí, mismas que son una muestra de nuestro “crisol”. Una vinculación con esto, es el hecho de que muchos no tengamos por nombre Tonatiuh, que es un hermoso nombre, o que no nos apellidemos Axayacatl, que sería un lindo apellido, la mayoría tenemos apellidos de origen ibérico, esto me lleva, en cuestión de nuestros orígenes, a recordar la constante queja de que mucha gente en nuestro país está muy enojada porque “Esos malos españoles ´nos´ vinieron a conquistar”, y no se ponen a pensar en los apellidos que llevan, como ejemplo, todos los apellidos que terminan en “ez”, de origen judío-español, y que tienen el significado de “hijo de Fernando”, Fernández; “hijo de Álvaro”, Álvarez; “hijo de Rodrigo”, Rodríguez, y así sucesivamente. Cómo podemos estar enojados todavía con los españoles si somos sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, etc., de ese pueblo ibérico y otras generaciones de españoles más.

Somos mestizos en su mayoría, y no olvidemos que este territorio llegaron muchos grupos de individuos de muchas otras tierras, y siguen llegando, por eso no podemos quejarnos, lo único que creo debemos hacer es aceptarnos como somos y seguir creciendo en ello.

En cuanto a las reglas y normas explícitas, esa es otra historia, diríamos los mexicanos, en una forma muy coloquial, eso es “harina de otro costal”, lo único que puedo decir en este momento es que esas otras normas, llamadas leyes, son las que casi nadie obedece, desde la base, hasta la cúspide de la pirámide de nuestra sociedad. Hablaré de esto en otra ocasión, ya que también es parte de nuestros orígenes y marcan muy bien lo que hacemos y dejamos de hacer con relación a las mismas.

¡HASTA LA PRÓXIMA!

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