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Retomando nuestras características histórico-culturales como mexicanos ante esta nueva imposición de nuestro vecino del norte

La sangre que fluye en las venas de los mexicanos, es una sangre mestiza, lleva genes que silenciosamente evocan el latido de los tambores ceremoniales, así como traen a la memoria de cada uno de nosotros, los caminos y canales que bordeaban a la Gran Tenochtitlan, los ríos y los sembradíos, la caza y la pesca en otros espacios al norte de este territorio que en la actualidad cuenta con fronteras distintivas. La figura del tótem y el águila  surcando y cortando los cielos de este territorio que llamamos nuestro; por otro lado, el espíritu de conquista y la resignación ante la presencia de los conquistadores; dieron como resultado una cultura cincuenta por ciento indígena y cincuenta por ciento europea. En la actualidad ese resultado es incuestionable, y es lo que constituye la esencia del ser mexicano.

          La vida actual en México es inmutable; se mueve al ritmo de los círculos del sol y al murmullo de los pinos y otras especies. Es la mesura del trueno en el ambiente y la forma de la luna. La gente da la bienvenida y la bendición del nuevo día con sonrisas, y siempre encuentra tiempo para tomar a sus niños de la mano. Su mundo es un regalo envuelto en demostraciones de amor, padres e hijos representan un conjunto binario, siempre rodeado de vibrantes colores e insertado en un latido musical. El más pequeño evento es una excusa para celebrar y hacer a un lado los problemas de la vida.

          Los mexicanos vivimos sobre la base de una familia extendida, en donde todos tienen una parte importante y son tomados en cuenta para las decisiones cotidianas. Vivimos con la perdurable seguridad de que tenemos el apoyo y el cariño de los demás miembros de la familia, el primo más distante es querido y recordado; siempre se está presente, física, o emocionalmente.

           Es este pueblo, el humilde, el mestizo, el que seguirá amando la esencia de su tierra, el que sigue enamorado de las nubes que coronan las montañas, el que pide, suplica y se opone a la corrupción, abuso y negligencia; en algunas ocasiones se encontrará en los corredores oscuros  de la desesperanza y tristeza, sobre todo cuando vive la violencia física y verbal; ante esta situación, estará frustrado y desalentado, temeroso en ocasiones, preguntándose si el mundo que lo envuelve realmente representa la naturaleza del hombre.

          Los grandes poderes del mundo, canibalizan al más débil, esto sucede por la locura de sacrificar la naturaleza, por los placeres de la riqueza. El absurdo sueño de dominar la tierra, ofende toda la vida sobre la misma, incluyendo al ser humano. Pero a pesar de todo esto y de las amenazas a partir de las cuales este pueblo mestizo, el pueblo mexicano está viviendo, y a pesar de que la mano del ladrón puede tomar la tierra,  nunca podrá adueñarse del corazón de aquellos viviendo sobre la misma y esto no es un sueño distante. Éste es el México que fue y aún es; es nuestra obligación protegerlo y mantenerlo a salvo de aquellos que atesoran “cosas” más que paz, amor, o seguridad. Es nuestra responsabilidad preservar el legado de todos aquellos que vivieron antes de nosotros. Es nuestro propósito restaurar nuestro conocimiento de lo que realmente es “ser mexicano”. Es un honor ser lo que somos, rescatemos nuestras raíces, aprendamos a querernos, aprendamos a merecernos.

Somos mestizos, somos “La raza cósmica” (Vasconcelos, 1925), una raza con una misión en la tierra, y por lo pronto, con una misión en nuestro terruño.

¡PONGAMOS EN PRÁCTICA ESTA MISIÓN, SEAMOS UN EJEMPLO A SEGUIR DE LAS FUTURAS GENERACIONES DE MEXICANOS!

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