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¡Sobre Veracruz!

En esta ocasión, y por la grata experiencia que tuve durante las vacaciones, en esta Semana Santa tuvimos en la familia la visita de un entrañable personaje, mi querido primo Joaquín proveniente de su actual residencia que es Ensenada, BC. Sin embargo, él es un veracruzano de corazón, siempre dicharachero, declamador, simpático, querendón, en fin, de lo mejor que la familia tiene.

Se preguntarán, bueno, ¿por qué nos habla de su familia? Creo que independientemente de lo que nosotros seamos, de lo que compartamos, de lo bien que nos llevemos con nuestras amistades y conocidos, la familia siempre estará presente aunque esté lejos geográficamente; sobre todo cuando por razones personales tenemos que vivir apartados de ella.

La mesa llena de comensales, deleitándonos con platillos, de esos que se preparan en fiestas familiares, sabores especiales, compañías maravillosas, reunión de todos aquellos que vivimos en distintos puntos cardinales. La visita de ese alguien particular nos reúne y lo disfrutamos al máximo. Uno de los aspectos que más me maravilló fue aquella porción de versos, de esos que no son producto de la academia, sino del diario vivir, del diario conocer, y del dulce y atrevido anecdotario de sus autores, quienes sin saber leer y escribir en la mayoría de las ocasiones, producen con una elegancia y ritmo que no dejan de maravillar a todos aquellos que los disfrutan.

Producto de este encuentro fue un maravilloso regalo que mi querido primo me hizo; una colección de versos jarochos, llamado Cantares Veracruzanos (Hernández Zamudio, 2000), que cuenta con un sinnúmero de este tipo de composiciones  que difunden y preservan los valores culturales veracruzanos. Los autores de este tipo de versos, iban y siguen yendo por ahí preguntando quién podía escribir sus creaciones, de esta forma es posible conocer este oficio histórico del maravilloso Estado de Veracruz.

“Cierta ocasión y ya bastante avanzado de edad, el Vale llegó a sentir nostalgia, lamentándose     el no haber tenido oportunidad de ir a la escuela y haber aprendido por lo menos leer y a escribir, por lo que en su forma galana, en la expresión que él sabía, dijo:” (Hernández Zamudio, 2000, p.53)

Mis versos no tienen tasa

ni tampoco entonación,

esto por pobre me pasa;

Si tuviera ilustración

Sería un Antonio Plaza

O un Salvador Díaz Mirón…

No soy poeta instruido,

me falta confinatura,

una “o” no he conocido…

Y para entrar en figura

Le hace falta a mi sentido

Solamente la lectura…

José Piedad Bejarano (a) Tío Vale

Éste es sólo un ejemplo de lo mencionado anteriormente, los invito a conocer más sobre la cultura veracruzana, que es parte de la cultura del sureste mexicano, donde aún sin saber leer y escribir se es creativo.

Fuente: Hernández Zamudio, A., 2000, Cantares Veracruzanos, Anecdotario poético del Vale Bejarano, Didáctika Impresores, Orizaba, Ver.

 

 

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