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Último relato sobre los indocumentados en Estados Unidos de Norteamérica… historias

Existen un sinfín de historias que narrar sobre la vida de nuestros connacionales, que por razones económicas y por tener la idea de que vivir y trabajar en los Estados Unidos de Norteamérica es la panacea que los rescatará de la pobreza, y les permitirá vivir plenamente una vida laboral.

Como se ha relatado anteriormente, estos mexicanos y latinoamericanos pasan por muchos problemas al tratar de encontrar un buen trabajo y una buena forma de vida en el extranjero, además de tener que lidiar con los asuntos de migración. Muchos de ellos, los que llegan y logran establecerse, lo hacen a partir de alguien que los auxilie en este proceso, ya sean familiares, amigos, o simplemente conocidos, o recomendados que ya se encuentran en el territorio; sin embargo, muchos de estos conciudadanos llegan sin hablar el idioma, sin tener dónde hospedarse y sin conocer a nadie. La solución para muchos de ellos es llegar a los templos católicos, o de cualquiera de las sectas cristianas que ya existen por allá y que acogen a muchos de los latinos indocumentados. Pareciera que estas organizaciones son una especie de salvación para todos aquellos que no tienen dónde llegar y no tienen dónde quedarse, al menos por uno, dos, o tres meses, mientras se acomodan en un trabajo y buscan lugar en alguna casa compartida.

Este tipo de organizaciones, sobre todo los templos cristianos,  cuentan con un sistema bien establecido que les permite con la ayuda de los feligreses dar apoyo a los recién llegados, les brindan espacio en los mismos templos, o en casas de los feligreses asociados al templo en cuestión. La mayoría de las ocasiones, este tipo de ayuda se convierte con el tiempo en una afiliación más para la Iglesia involucrada en dar este tipo de cobijo. Las iglesias en USA son una especie de organización en donde sus feligreses son asociados, con esto quiero decir que una vez que estás dentro de esta institución, es difícil salir de la misma; tienes que pagar tu diezmo cada mes y aportar otras cantidades, en ocasiones bastante altas, para pagar las cuentas de los servicios del templo. Los pastores generalmente se enriquecen pronto, esto es, las organizaciones de este tipo crecen fácilmente, ya que no tienen que pagar impuestos, al igual que la mayoría de las iglesias de inspiración cristiana. Los feligreses siempre van en aumento, los templos crecen en estructura y las iglesias crecen en población. No se puede negar que la población de estas iglesias se apoya mutuamente, pero siempre hay mucho dinero de por medio, ya que hay muchas reuniones en la semana, en donde generalmente se pide dinero, además del diezmo.

Los nuevos allegados se convierten sin darse cuenta en carne de cañón, son los nuevos prospectos para la explotación de ideas y de dinero; pronto ya no podrán salir de la organización tan fácilmente, siempre habrá portavoces que acudan a convencer a los feligreses de no abandonar al grupo, de hecho hasta buscan más personas con cualquier tipo de problemas, para que acuda a recibir la asesoría, o el consejo necesario para sentirse bien e iniciar la evangelización.

Muchas de estas iglesias son productos y diseños de otras iglesias para ciudadanos norteamericanos, se inician en los gimnasios, patios, o salones de las iglesias originales y con el tiempo, alquilan algún lugar, posteriormente construyen la propia; todo con el dinero de los diezmos de indocumentados y residentes, o hasta ciudadanos de origen latino y por supuesto mexicanos en su mayoría. Esta “ayuda” se convierte en el gran negocio, y no es fácil darse cuenta de esto, por esta razón han surgido y crecido muchas iglesias cristianas, más que católicas, en los Estados Unidos de Norteamérica, donde los indocumentados son recibidos y atendidos muy bien, pero a través de muchos engaños.

Éste es un relato que forma parte de mi experiencia al haber vivido en el vecino país del norte y haber convivido con mucha gente que deja gran parte de sus sueldos, y donde se sienten mejor por estar rodeados de personas que tienen características muy parecidas a las propias y que, sobre todo, hablan su mismo idioma. Es un arma de doble filo, ayuda y perjudica al mismo tiempo. Sin embargo muchos connacionales no tienen otra alternativa y convierten a este tipo de iglesias en su segunda casa.

Espero no molestar a algunos con este relato, pero es algo que llegué a observar en mi estancia en USA y lo he venido corroborando cada vez que visito a familiares y amigos en ese país.

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