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COLUMNA: Un regreso con tintes de análisis político, un regreso diferente, por Margarita Millán

     Después del 1 de julio pasado, fecha histórica para el pueblo mexicano han acontecido infinidad de situaciones, muchas de ella ya se venían pensando y de otras se  hablaba por doquier, unas a favor y otras en contra, pero al fin y al cabo, le han venido dando vida a este pueblo mexicano que estuvo haciendo una siesta de aproximadamente setenta años.

     Por acá en el norte de la República Mexicana, muchos con sus ideas guardadas, otros, con sus ideales manifestados de muchas formas, unos con enjundia y coraje para expresarlos, otros con recelo y precaución, muchos más despotricando a más no poder, de un lado, o del otro; unos con resentimiento y odio, otros con esperanza y júbilo; unos con rezos y fe, otros con maldiciones y vilipendios, todos, sí, todos los mexicanos a la espera de un proceso de elección presidencial como ningún otro en la Historia de México, y miren que he pasado por muchos de ellos, y que me ha tocado vivir esos mínimos setenta años de los cuales hablo al inicio de este escrito. Debo aclarar que por lo observado, además toda la población aunó a las emociones antes descritas una más fuerte y profunda. EL MIEDO.

     Hablar del miedo en estos procesos es algo muy significativo, ya que al menos hubo dos clases de miedo, yo tal vez hablaría de dos de los miedos más reconocidos por el psicoanálisis, EL MIEDO AL ATAQUE Y EL MIEDO A LA PÉRDIDA, esos dos demonios que nos impiden pensar bien, analizar y actuar antes los embates que hemos vivido como pueblo desde la última de nuestras infancias. Nuestro pueblo ha nacido y ha muerto varias veces, no quiero contar cuántas veces, pero han sido significativas y en muchos casos ha habido cambios desafortunados, ya que estos, solo se ven reflejados en los “poderosos”, aquellos que detentan el poder y hacen del mismo la más feroz de sus armas.

     EL MIEDO derramado por la boca, las miradas, las escuchas, los mensajes de todo tipo, mensajes institucionales, mensajes personales, agencias de publicidad y de propaganda, mismas que obedecían al cliente. Sobre todo al que mejor pagara, surtieron su efecto, de tal forma que fue tanta la información al estilo Göebbels, que muchos se creyeron las mentiras, y las culpas vertidas sobre el enemigo: “Repita tantas veces una mentira, hasta que las masas se la crean”, esa es una forma de desacreditar al supuesto enemigo, sólo que en este caso surtió efecto al revés, no fueron las masas las que lo creyeron, o las que hicieron uso de esta artimaña, fueron muchos de los supuestamente “bien educados” quienes lo creyeron, ya que las masas y la mayoría de los intelectuales ya tenían su verdad bien aprendida, solo por el hecho de haberla vivido, experimentado, sufrido, y sobre todo esperado por mucho tiempo. Por otro lado, toda esta propaganda viciada, le dio fuerza al atacado, de tal forma que las teorías sobre la publicidad y la propaganda en especial, tendrán que buscar, proponer y fijar estrategias muy diferentes, al pueblo ya no se le engaña así como así, ya que como dijo el próximo presidente electo, palabras más, palabras menos: “gracias a las redes sociales”, esa arma de dos filos, más allá de perjudicarlo, lo benefició, por toda la serie de debates que alimentaron la esperanza y permitieron que el miedo popular desapareciera; y por la enorme campaña que duró al menos 18 años, por el arduo trabajo en la misma y por supuesto por el enojo de nuestro maravilloso pueblo mexicano, todo ello contribuyó, de hecho, la ayuda de los malos gobiernos precedentes alimentaron este triunfo.

     Debo confesar que yo tenía mucho miedo, pero no a que México se convirtiera en Venezuela, para eso debemos saber historia, geografía y tener sentido común, al igual que saber hacer juicios de valor, ya que según el enfoque sistémico de la sociología y la comunicación y según la teoría de Niklas Luhmann, el “Entorno” ganó, por sus condiciones implícitas; ese miedo que yo sentía, al igual que los ganadores de las pasadas elecciones, no era contra la supuesta “Venezuela del Norte”, como muchos de los otros miedosos la llamaron, sino miedo por el fraude que posiblemente se avecinaba y pudiera convertir a este hermoso país en un polvorín.

¡HASTA LA PRÓXIMA!

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