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Una historia muy presente

En esta ocasión quiero platicarles sobre dos asuntos que me llenan de alegría y de satisfacción; he tenido la oportunidad de visitar a mis nietos, estoy escribiendo esto desde la Ciudad de México, de hecho en este momento mi nieto Dante me está preguntando: ¿qué haces? Y yo le respondo, estoy escribiendo algo sobre ti, se queda pensando con los ojos muy abiertos y permanece sentado a mi lado. Me hace preguntas y le contesto con explicaciones propias para su edad, tiene 5 años. Me pregunta sobre un abanico que tengo sobre la mesa, está inquieto por saber para qué sirve, le muestro cómo funciona y se asombra de que avienta aire. ¿De dónde sale el aire? Sin saber mucho acerca de la presencia física del aire le explico, que el aire está ahí siempre y que moviendo el abanico, el aire se mueve cuando se mueve el abanico para un lado y para el otro y ese aire nos refresca. Dante me mira con asombro, de repente me dice: “yo sí puedo ver el aire”; ¿Cómo? Le pregunto, a lo cual me responde: “tengo unos lentes amarillos y con esos lentes puedo verlo”, me mira asombrado y agrega: “sí, tienen unos vidrios muy gruesos y con ellos puedo ver el aire”.

La imaginación de los niños es maravillosa, estar y platicar con mi nieto es fantástico, prácticamente me ha dado permiso de seguir con esta pequeña narración y ha ido por uno de los regalos de cumpleaños que recibió el día de ayer, está listo para iniciar con el armado de un lego de un helicóptero, está esperando a que termine de escribir para armar el lego con él.

Mientras tanto me permite seguir escribiendo esto y hablarles un poco de mi otra satisfacción. He estado revisando los trabajos de mis alumnos del sexto semestre de preparatoria, la materia que imparto es de por sí una labor exhaustiva tanto para el alumno, como para el maestro, que en esta ocasión soy yo. El hecho de que de pronto se tenga que leer tanto y escribir tanto, no es una tarea fácil, sobre todo para quienes nunca han realizado una tarea de esa magnitud. Los chicos han respondido muy bien, supongo que han aprendido, lo más importante es que en el proceso se han dado cuenta de lo que significa leer para aprender, y espero que se les quede el gusto por la lectura, algo difícil en esta época, pero no imposible. Por otro lado, yo aprendo con cada uno de los trabajos, son temas muy diversos y en este momento son parte de mi nuevo conocimiento.

En primer lugar aprender a trabajar en equipo, que no es lo mismo que entregar trabajos en “equipo”, es algo propio de la vida cotidiana, en el hogar, en la escuela y en el trabajo, siempre tenemos la necesidad de relacionarnos con los demás, más allá de reunirse para pasar el tiempo, o para disfrutar de un festejo; el trabajo en equipo nos deja satisfacciones de las cuales aprendemos mucho, aún si se presentan dificultades, ya que de todo eso se aprende mucho, quien no tiene problemas qué resolver no aprende nada.

Así es como he pasado este fin de semana, unos días de muchas vivencias familiares y laborales, lejos de mi hogar y cerca del corazón de muchos, entre ellos mis nietos y mis alumnos, de quienes todos los días aprendo, estando cerca y a la distancia. No he mencionado a mis otros tres nietos, ellos son otras historias propias de ser platicadas en este espacio en otro momento, ellos y otros personajes importantes de mi vida, entre los que se encuentran ex alumnos y compañeros colegas, formarán parte de relatos posteriores.

¡Hasta pronto y que disfruten de este domingo!

     

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