Portada Reportaje
Image default
Columnas

Una lejana y fantástica historia

Es la una de la tarde y Ana camina por las largas calles de la colonia Santa María la Ribera, hermosa zona que en antaño fue una colonia residencial; los antiguos habitantes de esta céntrica colonia pertenecían a la aristocracia porfiriana. Las viejas casonas, de arquitecturas lejanas, todavía son imponentes, grandes portones, maderas macizas y metálicos aldabones, propios para escucharse, aún en el patio trasero, cuyo diseño inicial fue el del riguroso establo de estas bellísimas casas.

Ana recorre plácidamente al menos cuatro veces el mismo camino, ya que la asistencia a la escuela secundaria donde estudia es por la mañana y por la tarde; caminar estas doce cuadras es un gran ejercicio en sí, sin embargo recorrerlas tiene una enorme distracción, ya que casi todas las calles del centro de la colonia, mismas que Ana debe atravesar, están llenas de toda clase de comercios, de esos en los que se puede encontrar desde un alfiler hasta todos los muebles para tu casa, papelerías, tiendas de regalos – que son de las más atractivas para Ana y para cualquier chica de su edad – jugueterías, neverías, restaurantes, ferreterías, mercerías; en fin, un sinnúmero de establecimientos que hacen del recorrido un escenario placentero para tan larga caminata.

Al llegar a la esquina de la calle principal, la que lleva el mismo nombre de la colonia y la calle de Ciprés, Ana se detiene a ver el aparador de una tienda de regalos,  y en él descubre que hay un disco Long play de Richard Chamberlain, reconocido actor de una muy famosa serie de televisión llamada Dr. Kildare, Ana por supuesto está inmensamente enamorada de este personaje y se asombra al notar que este actor también canta.  De pronto, Ana se decide y entra al pequeño establecimiento para preguntar el precio del disco, con mucha timidez, se atreve y pregunta, el dueño del lugar le dice que cuesta $60.00 pesos, claro, esta cantidad es estratosférica para la adolescente, quien apenas cuenta con catorce años de edad, y en casa la situación económica no es boyante. Agradece la información y da la media vuelta rumbo a la salida, de pronto le surge una preocupación y regresa:

-Perdone, señor, ¿tiene varios discos de este mismo?

– Solamente tengo dos, señorita, pero si gusta me trae al menos veinte pesos y se lo aparto.

-Muchas gracias señor, mañana se los traigo.

Ana sale feliz de la tienda de regalos y se va casi cantando y saltando a su casa, debe de apresurar el paso, ya que en dos horas deberá regresar a la escuela para asistir a sus clases de la tarde.

Al llegar a casa, debe poner la mesa, calentar la comida y llamar a sus hermanos para que se sienten a comer, ella les sirve y su ánimo es fenomenal, tendrá un disco de su actor preferido. Su madre está por regresar del trabajo y quiere dejar todo arreglado y limpio, siempre lo hace, aunque hoy desea impresionar a su mamá. Hablará con ella más tarde para que le dé el dinero para apartar el disco; está un poco nerviosa porque sabe que el dinero no sobra en casa, y tiene miedo de un “no” como respuesta, sin embargo se lo pedirá por la noche, cuando ella regrese de la escuela.

Apenas le da tiempo de regresar a sus clases vespertinas, sin embrago, lo logra, de regreso, al recorrer el mismo camino, se detiene y fija su vista en el aparador, se imagina escuchando esas lindas canciones, sobre todo Love me tender,  la ha escuchado en la interpretación de Elvis Presley, pero ya muere por oírla en la voz de Richard Chamberlain, su actor favorito; apresura el paso y llega a casa, suelta por ahí la mochila y corre a buscar a su madre. Doña Carmen, su mamá, está sentada doblando la ropa y tiene a su lado una pequeña caja, que hace de costurero, en ella guarda alfileres, agujas, hilos, botones y pedazos de tela, con los que parcha los pantalones de sus pequeños.

Ana llega con mucha velocidad, se detiene y ve que su madre se está secando las lágrimas, de repente se queda atónita, no sabe qué le pasa a su madre y siente un doble dolor, no le gusta ver a su madre sufrir y ella está sufriendo también, se imagina, al mismo tiempo que su sueño, se ha terminado antes de lo pensado.

-Mamá, ¿qué te pasa?

– Me han descontado dos días de mi sueldo por haber perdido la llave del archivero, ya que tuvieron que hablar al cerrajero y comprar otra chapa y juego de llaves.

-No te apures, mamá, seremos más cuidadosos con el dinero.

Ana, abraza a su madre, las dos se ponen a terminar el asunto de la ropa.

Después de merendar, se abrazan, se dan las buenas noches y se retiran a dormir. Ana se lamenta por lo que su madre ha pasado y se lamenta también porque su sueño, de pronto se rompió. Se acuesta, pero no puede dormir, le da vueltas al asunto, y de pronto le surge una idea; buscará a su abuelita y le pedirá de regalo de quince años el disco deseado; esto le permite conciliar el sueño.

A la mañana siguiente, se prepara, ayuda a sus pequeños hermanos a vestirse, desayunar y prepararse para salir a la escuela, su tía Olga pasará por ellos, como lo hace todos los días. Ella se irá por su lado, pero antes de salir le dice a su mamá que pasará a ver a su abuelita, quien vive muy cerca, y que tal vez llegue un poco más tarde, por esta razón, deja todo listo en casa para que le dé tiempo de atender la comida al medio día a su regreso de la escuela.

Ana llega casi corriendo a visitar a su abuelita y le platica la maravilla que ha encontrado en la tienda de regalos, le pide a su abuelita que le regale el disco deseado, su abuelita le reclama que su cumpleaños está todavía muy lejano, pero Ana le ruega que le dé el dinero, o al menos el adelanto para apartarlo, le suplica que le adelante su regalo de quince años. Su abuelita, quien la quiere mucho, cede y le dice que en la tarde irá por ella a la escuela y pasarán a comprar el disco que quiere, Ana salta y salta de emoción, se despide de su abuelita y sale corriendo a atender el asunto de la comida en casa. La abuelita se queda pensativa, pero le cumple su deseo.

A la salida de la escuela, la abuelita ya está esperando a Ana, se abrazan e inician el camino de regreso a casa, pasan por la tienda de regalos y piden el tan deseado disco. Llegan a casa de Ana y conviven durante la merienda; se despiden y Ana, le pide permiso a su mamá para ir a casa de su amiga Lupita, su mamá la mira extrañada; Ana no suele salir al regresar de la escuela por la noche, y le pregunta por qué quiere ir en ese momento a casa de Lupita; Ana le contesta:

– Quiero que me preste su tocadiscos, quiero escuchar a Richard Chamberlain cantar Love me Tender.

Artículos Relacionados

A ocho columnas, exploración de la prensa y el poder en México

Fredy González

La historia de la humanidad y sus distintas formas de poder

¡La bondad de las visitas a los servicios sociales de salud!

Cargando....