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Pocos saben el valor de las cosas, me refiero a todo tipo de cosas, tomándolo así, literalmente. Vivimos en un sistema en donde todo tiene precio, en donde la mayoría de lo que producimos y lo que pensamos y decimos, se puede medir en dinero, pero no sabemos medir su valor.

Generalmente se miden los salarios de acuerdo a las actividades desempeñadas por los empleados en los distintos ámbitos de la producción; así tenemos que se puede calcular un suelo bruto, un sueldo neto y un sueldo real. El primero es el ofrecido por el empleador al trabajador, el segundo es el recibido por el trabajador, es decir con los descuentos por la seguridad social y los impuestos; el más interesante es el sueldo real, ya que está calculado en relación a lo que realmente puedes adquirir con esa cantidad para satisfacer las necesidades que cada individuo, o cada familia requiere para sobrevivir.

Hablando de valor, el precio que se le pone a los salarios de todas las categorías, en todos los ámbitos, generalmente es insuficiente, ya que se determina de acuerdo a la oferta de trabajo en el mercado laboral, algo que es arbitrario, puesto que el valor del trabajo es mucho mayor a lo representado en su precio. Las horas que los trabajadores invierten en la producción es un factor determinante para saber cuánto dinero necesita cada uno de los empleados en reproducir la fuerza necesaria para regresar a trabajar el siguiente día.

Valorar esto no es cuestión de ofertas de trabajo, es cuestión de saber cuáles son las condiciones óptimas para que los individuos envueltos en los procesos de producción se sientan plenos, saludables, entusiastas, contentos y físicamente aptos para desempeñar dichas labores. Claro que esto es sólo algo de los diversos factores que se deberían tomar en cuenta para calcular un verdadero sueldo, que represente el valor total del trabajo.

Por supuesto todo lo anterior tiene una relación muy estrecha con la producción propia del sistema de mercados, y es así como a partir de la oferta de todo tipo de mercancías, el trabajo se toma como cualquier otra mercancía, que se mide de acuerdo a la oferta y a la demanda.

Si nos ponemos a analizar otro tipo de producción que no tenga el carácter de mercancía, como todo tipo de artesanías, mismas que no se producen por un salario, el valor es totalmente diferente, creo firmemente que este tipo de productos tienen un valor mayor en el sentido de que no interviene la producción en serie, y que cada una de éstas tiene su propio valor; generalmente están hechas a mano, lo que le da un valor diferente, que al insertarla al mercado, debería de tener un precio por arriba de todo lo producido en serie.

Generalmente las artesanías se venden por debajo de su valor, ya que al no tener una marca y un control mercadológico, son los consumidores los que determinan el precio de las mismas. Los artesanos, generalmente personas de nivel social bajo, son discriminados por todos nosotros, al “regatear” los precios de sus productos. Pensamos que por no tener una marca y no venderse en almacenes lujosos, este tipo de productos deben de venderse por debajo de su valor. Todo esto hace que el trabajo del artesano se demerite y pierda mucho valor en  el proceso de intercambio.

Lo mismo pasa con muchos de los productos del campo, y en ocasiones muchos de los productos de cualquier procedencia; los consumidores no estamos en la misma sintonía de los productores, aunque muchos de nosotros seamos productores de bienes y servicios. Estamos acostumbrados a ver estos procesos como algo diferente, entonces compramos muy caro, sin pensarlo, aunque muchas veces lo que compremos termine en la basura, desde alimentos, hasta ropa y enseres del hogar, no le damos valor al dinero que ganamos y no le damos valor a lo que compramos, lo único que nos importa es pensar y saber que lo que ganamos nos va a alcanzar para comprar, lo que sea, pero comprar, por lo tanto no le damos valor a nuestro trabajo, y mucho menos le damos valor al trabajo de los demás.

Este es un tema que da para mucho, y el espacio y el tiempo en este momento no me permiten analizar más sobre el valor de las cosas, pero la participación en esta columna hará posible que más adelante comente algunas ideas más al respecto.

¡HASTA PRONTO!

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