La economía vive una de sus peores crisis en las últimas décadas. El sistema de producción y consumo se detuvo por culpa de las medidas de aislamiento a causa de la epidemia por la infección covid-19.

Locales cerrados, centros comerciales desiertos, fábricas trabajando al 50 por ciento, potenciales clientes encerrados en sus casas. El flujo de efectivo no retoma consistencia. Los empresarios, sobre todo los micro, pequeños y medianos, están al borde del colapso.

Por la crisis, los mayores generadores de empleo del país volcaron sus esperanzas a Andrés Manuel López Obrador, pero él no resolvió el problema como esperaban. Se ofrecieron dos millones de créditos de 25 mil pesos para MiPymes, pero no hubo exenciones o aplazamientos de pagos fiscales, de luz, de agua o de cualquier otro tipo de obligación. Todo se ve negro, todo luce sombrío.

El cuento de que los empresarios han sido abandonados ha invadido las redes sociales y espacios en los medios de comunicación, sin embargo, ¿qué pasa con todos aquellos dueños de negocios que sí tienen capacidad para sortear el parón económico?

Para regionalizar y contextualizar este fenómeno, en la ciudad de Torreón el 52 por ciento de las y los trabajadores afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social ganan menos de 5 mil 280 pesos, mensuales, es decir, menos de dos salarios mínimos diarios.

La Zona Metropolitana de La Laguna forma parte de las 10 más grandes y pobladas del país y, a su vez, es en donde peor se paga.

Habiendo tantas empresas de tradición, experiencia y éxito instaladas en la región lagunera, ¿por qué se pagan sueldos tan precarios?

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La capacidad de ahorro de los laguneros es prácticamente inexistente. Al ganar 5 mil 280 pesos mensuales, las y los ciudadanos tienen que buscar remedios externos para poder completar la semana, la quincena y el mes. Tener hasta dos o tres trabajos es un fenómeno común en estas tierras.

El impacto de la infección covid-19 no sólo trajo consigo un deterioro mayúsculo al tejido de la economía local, también tendrá que provocar un sano debate acerca de las condiciones laborales que ofrecen las empresas en la Comarca Lagunera, Coahuila y en todo México.

Ante cualquier crisis ambiental, sanitaria o de seguridad, las familias no están preparadas para solventar un parón económico, un día sin trabajar. Con 5 mil 280 pesos mensuales la capacidad de ahorro es sólo una aspiración. Los ingresos se tienen que estirar para no quedarse con los bolsillos vacíos. En contraste, los empleadores, los grandes empleadores, se quejan con el presidente, con los alcaldes, con los gobernadores. Dicen que se la están rifando por sus empleados, dicen que ellos representan el desarrollo de México, pero no aceptan que pagan mal, que pagan sueldos de miseria, que sus utilidades son mucho más grandes porque no retribuyen con justicia la labor de sus plantas laborales.

Si México forma parte del G20, si México tiene una de las economías más grandes del mundo, que también demuestre que la calidad de vida, gracias a esa producción, puede mejorar. La desigualdad social, la pobreza, la corrupción y la falta de sensibilidad han dejado abandonado a un pueblo que no tiene acceso a muchos privilegios que para otras economías resultan elementos fundamentales para vivir.

El covid-19 vendrá a  reconfigurar la economía mundial. Esta pandemia fue una lección para los dueños del capital. Marx estaría, en este momento, burlándose de todas y todos. La maquinaria se detuvo, la fuerza laboral se encuentra en sus casas, aislada, sin producir. Los dueños del capital, los que nacieron ricos y siempre serán ricos, están preocupados porque su nivel de acumulación y enriquecimiento cayó.

Es tiempo de valorar al obrero. A las y los que trabajan con la manos. A quienes se toman más de 30 años para poder pagar una casa. A quienes no han salido de vacaciones en décadas para poder garantizar una mejor educación a sus hijos. A quienes solicitan crédito tras crédito para poder dibujar una vida ficticia que los haga olvidar que con lo que ganan no alcanza.

A ustedes, empresarias y empresarios, a ustedes que ganan millones y que pagan migajas, a ustedes que hoy se quejan, que hoy lamentan la crisis, ¿ya se imaginaron cómo la están pasando sus empleadas y empleados? Ustedes, al menos tienen un soporte, un colchón que permite tolerar el golpe, pero quienes generan su riqueza, quienes la trabajan, quienes la producen, en su mayoría, no tienen nada. De ustedes depende, que en un futuro, se reconfigure el sistema mexicano y regional, se pague mejor y así todos ganen.

La doble cara nunca ha sido buena. Por un lado, lamentan la crisis, se quejan con el presidente y amenazan con retirar sus inversiones, pero por el otro, pagan mal, generan pocas oportunidades de desarrollo y reparten migajas a quienes se parten el lomo tras bambalinas. Ya basta de hipocresías, ya basta de abusos. El momento y la oportunidad la tienen en sus manos.

 

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