El 29 de febrero de 2020, una chica de 20 años que había viajado a Milán, Italia fue el primer caso de Covid-19 en la ciudad de Torreón y en todo el estado de Coahuila. Aunque la noticia generó revuelo, nadie pensó que la epidemia iba a llegar tan lejos.

A casi tres meses de aquel suceso, la Comarca Lagunera y todo México se están preparando para regresar a una “nueva normalidad”. Los negocios abrirán sus puertas, las calles volverán a tapizarse de automóviles, pero no todo será como antes, el virus continúa brincando de organismo en organismo. La transmisión es intensa, la curva no ha bajado un ápice.

La sociedad lagunera debe entender que la decisión de terminar la jornada nacional de sana distancia no se dio porque los contagios hayan disminuido, sino porque la economía no aguantaría más tiempo detenida.

Albert Camus, en la novela “La Peste”, escrita en la década de los 50, describe cómo una epidemia que azotó a la ciudad de Orán, en Argelia, al norte de África, vino a paralizar cualquier tipo de actividad social y comercial en uno de los puertos comerciales más importantes de aquella región.

Tras meses en cautiverio y miles de muertos. El doctor Rieux, protagonista de la novela y responsable del manejo de la epidemia, determina el fin de la transmisión masiva del bacilo. Los ciudadanos, en respuesta, salieron despavoridos de sus casas, se abrazaron, se besaron y comenzaron los festejos.

La dicha en las calles de Orán era tal que parecía feria de pueblo. Fuegos artificiales, bebida, risas. La gente estaba extasiada porque por fin se había terminado el tiempo de cautiverio.

Camus, para cerrar con broche de oro la historia, reflexionó acerca de la actitud de la ciudadanía y sobre la administración de la felicidad. Aunque haya terminado la transmisión masiva, el bacilo de la enfermedad, no desapareció.

“Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría
está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se
puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa.”, escribió Camus.

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La ciudad de Torreón comparte muchas características con Orán: clima cálido y hostil, vocación meramente comercial e industrial, pocas opciones de construcción e instrucción cultural, entre otras. La gente de aquel lugar, en esta novela que está basada en una epidemia que sí ocurrió a finales del Siglo XIX, salió a festejar a las calles, regresó a una normalidad que ellos no consideraban nueva, regresó a retomar sus actividades, a hacer lo mismo, a trabajar, a reunirse, a abrazarse, a tocarse. A aparentar que no había pasado nada, que todo podría ser igual que antes.

Es momento de entender que, por lo pronto, nada será como antes. Muchos lugares como cantinas, bares, cines y estadios seguirán cerrados. La infección generada por el virus Sars-Cov2 no se ha terminado, ni está cerca de su punto más flaco. No existe vacuna, no hay tratamiento. La gente seguirá enfermándose.

La nueva normalidad nos debe orillar a ser cautos, a administrar la libertad, a sólo salir a realizar actividades esenciales como trabajar, comprar insumos domésticos o medicamentos. Aún no es momento de festejar. La dicha que vivió Orán por el fin de la epidemia de Peste fue pasajera, fue sólo un espejismo. La dicha que podría vivir Torreón y la Comarca Lagunera luce distante. Es momento de solidarizarse, continuar en esta carrera de resistencia.

El Covid-19 vino a trastocar las fibras más sensibles de la sociedad, llegó a desnudar nuestras carencias y su trabajo no lo ha terminado. La nueva normalidad debe ser cauta y prudente.

En las manos de los laguneros está que esta crisis termine más temprano que tarde. Si a partir del 1 de junio todos se desbordan hacia las calles sin ninguna justificación, la Comarca Lagunera jamás volverá a ser una región dichosa.

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