El ambiente de control y seguridad que el gobierno estatal se ha empeñado en mostrar para la población sobre la pandemia por el covid-19 comienza a derrumbarse.

Desde el inicio de la contingencia sanitaria, el gobernador Miguel Riquelme Solís sostuvo que su administración hace las cosas distintas a la federación y eso le permite avanzar, aunque ahora sus propios datos comiencen a desmentirlo.

Durante la última semana Coahuila tuvo incrementos considerables en el número de contagios y fallecimientos. Con corte al domingo 5 de julio, la entidad registró 4 mil 663 casos y 255 decesos.

Llama la atención que al inicio de julio Saltillo escaló al segundo lugar como la ciudad con más enfermos, pese a que la narrativa del gobierno estatal y el de ese municipio era de un ejemplo en el manejo de la pandemia desde marzo pasado.

Incluso el propio alcalde Manolo Jiménez presumió un publicación de la revista Forbes, en la que se destacaba a su población como las de mejores resultados, aunque no aclaró que se trataba de una inserción pagada por su gestión.

La equivocación en el discurso estatal no acaba ahí, porque también durante la última semana y en el marco de la más reciente reunión del Subcomité Covid-19 en La Laguna se dio a conocer que la curva de contagios en Torreón se había estabilizado y ahora vendría una disminución. Las palabras del secretario Roberto Bernal fueron rebasadas por la realidad que sigue ubicando a esta ciudad como la de más contagios en el estado, sin dejar de mencionar que Francisco I. Madero y San Pedro continúan acumulando más casos.

Aunado a esto la Secretaría de Salud Federal anunció que Coahuila volvería entrar al semáforo rojo de alerta por la propagación de la pandemia desde hoy, lo cual seguramente poco le importa a las autoridades que podrían argumentar que ellos nunca han seguido los parámetros del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

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Pero ahí también hay una discurso engañoso, pues recordemos que los gobiernos locales exigieron una reactivación al principio, se dio y manifestaron estar en contra. Al final reiniciaron actividades el primero de junio con modificaciones menores al planteamiento federal y en lugar de llamarle “Nueva Normalidad” la cambiaron por “Nueva Realidad”.

Otro dato curioso es que, desde que la polémica por la falta de concordancia entre las cifras estatales y federales se intensificó en las semanas recientes, hubo modificaciones en los reportes de la Secretaría de Salud que ahora especifican el número de casos activos y hospitalizados entre confinados y sospechosos de covid-19.

Sin el ánimo de defender a la federación, queda claro que mientras la disputa entre ambos entes siga pagaremos la factura los ciudadanos. Lo que le queda a nuestras autoridades de todos los niveles es asumir madurez política y dejar la confrontación que nada más nos acerca a un escenario poco deseado.

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