Pásele güerito, quiere una guacamaya, mire, pásele, le cuesta treinta mil pesos. O qué quiere, dígame y se lo consigo, quiere un búho, mire, mil pesos, o una boa de esas constrictor, ándele, esas cuestán noventa mil, ándele güero.

— ¿Y qué más tiene, don?

Pos tengo un tigre, está bebesito y lo puedes traer con correa, ese te lo dejo en cien mil pesos. O ire, tengo un gorila de éste tamaño, así, de mi estatura, está chiquito tiene un año apenas, está un poquito anémico pero creció hasta acá ire, de mi tamaño. Ándele güerito.

—¿Y ese dónde lo tiene jefe, aquí?

Ah no, aquí no cabe, lo tenemos en un ranchito aquí cerquita, ahí los tenemos a todos.

—¿Cuánto cuesta el gorila?

Pos, ire, se lo dejo en un millón y medio.

Uno de los rincones más tristes de la Ciudad de México es el Mercado Sonora, lugar de tacos dorados riquísimos, de mangos con chile fresquísimos y de sangría con refresco de toronja chilanguísimos. Es un lugar místico donde venden a la Santa Muerte de metro ochenta y atrapa sueños gigantes para salvaguardar las noches y para mantener el respeto a los espíritus. Venden piñatas y alebrijes y sacapuntas y pelotas de plástico, venden máscaras, disfraces y artesanías, entre otros miles de productos que si bien alguien tiene unos cuantos miles rodando por ahí en el cajón del buró y por allá abajo de la cama, convendría juntarlos todos y decidir si comprar un indio de cerámica para decorar la sala o una fuentesita atractiva de agua, increíble para la relajación.

En el Mercado Sonora hay un rincón donde suceden cosas inhumanas, horribles, ilegales por supuesto. Existe, como si vendieran aparatos de cocina o ropa de moda, un comercio sumamente grosero, donde venden seres acabados de nacer, todavía con placenta y con los ojos inocentes, enjaulados entre otro montón de los mismos desdichados, uno sobre otro tienen que acostarse todas las noches a dormir, hay emplumados, peludos, cornudos, orejudos, dientudos, grandes, medianos y pequeños, hay animalitos que no han visto nada y hay otros que lo han visto todo. Cualquiera de ellos está a la venta, y entre más raro existan, o sea, entre más pocos haya de su especie, son más caros, aquí es donde el ser único y especial no siempre resulta en algo bueno.

Platicamos, Redes de Poder, con la presidenta  de la Gente por la Defensa Animal (GEPDA): Mónica Pineda. Ellos, están dedicados a la gestión de deportes de maltrato de todo tipo de animales: fauna doméstica, silvestre, de animales de consumo; también  a la educación humanitaria, y al rescate y adopción de animales desahuciados. Pero sobre todo, al área legal que da apoyo a los reportes de crueldad con tal de hacer valer las leyes correspondientes.

Mónica dice que el mercado de Sonora es un tema “escabroso” y “espinoso”:

Por años, por décadas, se han interpuesto denuncias al respecto, tanto legales como públicas, no sólo de la asociación sino de muchas otras. Pero en ningún momento han procedido. La verdad es que nadie da crédito, turistas y otras personas que visitan no dan crédito, cómo es posible que suceda ésto a éstas alturas cuando la Ciudad de México se jacta por contar con leyes de protección animal “completas”, con reformas, con mejoras al bienestar de los animales.

Creemos, el gremio de protección animal, que es simplemente falta de voluntad política por parte de las autoridades locales, empezando por el señor Mancera. No ha habido ningún intento por limpiar el mercado de sonora de la mafia, porque sí es una mafia la que hay dentro y sí es peligroso el enfrentarte legalmente con éstas mafias porque es muy sencillo que recibas amenazas.

Creemos que es un insulto que el gobierno tenga que pedirle a las mafias que cumplan las leyes de protección animal y que mantengan a sus animales en buenas condiciones. Todas las leyes son transgredidas en ese mercado: código penal, leyes federales, leyes locales, leyes de vida silvestre, ley del equilibrio ecológico y todas mucho más son abusadas, es un descaro político absoluto. Esto significa que hay una omisión total de las leyes pertinentes. Esto no es posible, los mercados son para vender mercancía y los animales no son mercancía.

El Mercado Sonora, en la delegación Venustiano Carranza y entrando por la calle Fray Servando Teresa de Mier es uno de los triángulos de Bermudas que hay en la Ciudad, abusa de absolutamente todas las leyes y se brinca todos los protocolos de salud y de bienestar animal que se exigen y que son estrictamente penados. ¿Qué sucede debajo de las jaulas, de los animales maltratados y de la inmensidad de seres vivos que mueren a costillas del dinero que cuestan? ¿Quién está protegiendo semejante barbarie? ¿Quién, en pleno siglo veintiuno, es tan poderoso y tan sádico como para guardar en su regazo el delirio, la matanza, el abuso y la injusticia que sucede a plena vista de todos?

Sobre todo, ¿cuántos cachorritos más tienen que terminar en la basura antes de que se les ocurra pensar que también ellos disfrutan del aire fresco, que también lloran por su mamá cuando son pequeños y que también les duele cuando tienen mucha hambre o cuando no tienen espacio para respirar? Las criaturas en éste lugar son desechadas como bolsas de papitas o como botellas de cerveza, en una caja atrás del recinto como si fuera a pasar el pepenador y fuera a reciclar su cuerpo.

—Ésto que te voy a decir es lo que más preocupa al estado: hubo un brote de rabia ahí en el mercado de sonora, por un cachorrito que se enfermó ahí en el mercado. Eso tiene unos cuatro o cinco años, ello puso a las autoridades del estado en jaque, porque un señor que vivía en el estado de México vino al mercado a comprar un perro, el perro estaba contagiado de rabia, regresó a su casa y se lo regaló a su hijo. El perro murió de rabia y las autoridades se enteraron del caso, de ahí estalló la alerta máxima de salud. Pero al final no sucedió mucho porque la cultura del país es de tapar el sol con un dedo.

Mónica Pineda, presidenta de la asociación Gente por la Defensa Animal.

Parece que la grosería del gobierno va más allá del maltrato animal, están dejando que se ponga en riesgo la vida de los ciudadanos, y cómo no, si los animales mal cuidados son los originarios, casi siempre, de los virus que luego se esparcen y terminan asesinando comunidades y poniendo en riesgo la salud de la humanidad. Luego allí, donde los cuidados y la higiene no se conocen y no importan, las enfermedades brotan como brotan los delegados corruptos en el gobierno, o sea, a montones. Siendo así que es sólo cuestión de tiempo de que se propague una de esas enfermedades que  funcionará como justicia natural por la barbarie que les hacen a esos seres vivos.

Dar a conocer el lugar es nuestro trabajo.

Por ahora, el reportaje de Redes de Poder se pone en pausa aquí, siguen las investigaciones, la tarea próxima es conseguir un viaje al supuesto rancho donde tienen a las especies, la tarea es filmar las actividades que se realizan ahí, y la tarea es difundir la información para, con esas pruebas, insertar una denuncia legal irrefutable que permita finalmente detener esas actividades tan anticuadas y tan innecesarias en ésta sociedad que busca evolucionar.

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