Por Juan Ceballos Azpe

¿A poco no es cierto que los mexicanos somos buenos para echarle la culpa de todo a los demás y malos para aceptar nuestra responsabilidad? Somos buenos para justificar nuestras faltas y malos para reconocer nuestras fallas. Común el hecho de tirar la piedra y esconder la mano, más cuando se escudan en el anonimato para cometer actos vandálicos. So pretexto de marchar para manifestar inconformidad por algún hecho que genera indignación ciudadana, como abusos de autoridad o violencia contra la mujer o protestas por la inseguridad, entre otras causas legítimas, no faltan los que, carentes de convicciones, aprovechan el río revuelto para llevar agua a su molino.

Y en esto de la irresponsabilidad ciudadana, hay sus excepciones, desde luego, pero como tales, por desgracia, son minoría. Si fueran mayoría, otro gallo le cantara a este país nuestro. Es indignante la incivilidad de quienes circulan por las calles sin tener la necesidad de hacerlo, sin utilizar cubrebocas ni cumplir las medidas de higiene más elementales; de quienes realizan llamadas falsas o de broma al 911 movilizando infructuosamente una patrulla o una ambulancia.

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Y qué decir de los que culpan al gobierno de ineficiencia, corrupción y todos los males que nos aquejan, viendo la paja en el ojo oficial y no la viga en el propio al incurrir también en negligencia, desidia, corruptelas e irrespeto a las normas, leyes y reglamentos que nos rigen; de los que no votan ni se ocupan en ingresar o, mejor aún, abrir nuevos canales de participación que impulsen una mayor eficacia y legitimidad en las políticas públicas; de los que les vale el medio ambiente y el deterioro del ecosistema… En fin.

Los que llegan tarde siempre tienen una justificación a su impuntualidad y los que se sienten superiores a los demás no están conscientes de su pequeñez e inferioridad; no aceptan que pueden equivocarse y se erigen como modelo para los demás, cuando sus palabras distan mucho de sus acciones cotidianas. De ahí la importancia de realizar un autoanálisis a fondo con espíritu analítico y crítico, si tenemos el suficiente valor civil, para cambiar el repugnante panorama de la hipocresía y la burda simulación de creernos lo que no somos, por el confortante horizonte de la humildad y el reconocimiento de nuestras fallas y áreas de oportunidad, para rectificar el rumbo y poner fin a la irresponsabilidad ciudadana. ¿A poco no…?

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