¿A poco no es cierto que México es un país de burros, en su mayoría? A estos animales se les identifica con los alumnos desaplicados o reprobados, mientras que los países de búhos, que son aves que representan a los estudiantes sabios o cerebritos, siguen siendo China, Dinamarca y Singapur. Así lo confirma una vez más la OCDE en la reciente edición de su Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés).

Y es que sólo el 1% de los estudiantes mexicanos obtuvo un desempeño del nivel más alto en la competencia, cuando el promedio de la OCDE es del 16%. Además, 1 de cada 4 alumnos no supera las pruebas más básicas de lectura, ya que no puede identificar la idea principal de un texto o tiene dificultad para conectar distintos elementos informativos procedentes de diferentes fuentes.

Peor aún, ni siquiera 1 de cada 10 puede distinguir entre hecho y opinión al leer sobre un tema que no les es familiar, lo que augura futuras dificultades en un mundo cada vez más volátil y digitalizado, según los autores de este estudio. El informe PISA 2019 evaluó a 600 mil alumnos de 15 años de edad en 79 países y jurisdicciones con un foco especial en la comprensión lectora, pero no es novedad que México se ubique siempre en los últimos lugares.

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Resulta paradójico que nuestro país gasta el 17% de su presupuesto total en educación, más que las otras naciones de la OCDE cuyo promedio es el 11%, pero aquí no se reflejó en los alumnos, ya que fue el país con el gasto acumulado más bajo por estudiante de entre 6 y 15 años de edad: 29 mil dólares, que equivale a menos de un tercio del promedio de gasto de la OCDE: 90 mil 560 dólares. La diferencia es que aquí el 85% del presupuesto se va a la nómina.

Por desgracia, la contrarreforma educativa de la 4T no alimenta la esperanza de una mejoría, aunque el presidente López Obrador aseguró: Nosotros vamos a mejorar la calidad de la enseñanza y mejorar la educación. Ojalá que así sea, porque un anhelo ancestral de los mexicanos es cambiar el lamentable panorama del atraso y el subdesarrollo escolar por el promisorio horizonte de un sistema educativo de primer mundo para lograr la ansiada metamorfosis de nuestros estudiantes, de burros a búhos. ¿A poco no…?

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