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Arte siempre contingente

Por Miguel Sifuentes

El arte es esa cosa extraña de lo que todo mundo habla, pero nadie sabe exactamente qué es. Sus cualidades que apelan a lo irracional lo hacen imposible de definir, pero no por ello lo tornan ajeno, al contrario, como el arte no se entiende —ni se tiene por qué entender— sino que se siente, lo hace más cercano a todos. Y aquellos que intenten hacer arte, con seguridad lo lograrán.

A lo largo de la historia ha habido diversas crisis: han dejado de existir ciertas cosas, se han sustituido por otras o nacen cosas nuevas. Pero el arte siempre ha existido y existirá con nosotros. Y no hablo del “arte” como término moderno de mercado, sino como forma de expresión del sentido humano. Entendiendo esto, qué mejor excusa de expresar el sentir exponenciado cuando estamos confrontándonos con algo que nos saca de nuestra normalidad.

Ahora es común escuchar el término de actividades no esenciales, hasta hay una lista que muestra qué trabajos sí lo son y en ninguno de ellos aparece el ser artista. Si bien al arte siempre se le ha tachado de ser innecesario o inútil, es sólo una falta de entendimiento. No es que el arte no sirva para nada, más bien no tiene una utilidad fija sistemáticamente hablando, siempre se va moldeando, se va adaptando y hasta llega a ser motivo transformador en diferentes niveles. En otras palabras, el arte es rebelde, no se le puede controlar, no es servicial. En la mayoría de los casos, ni el artista obtendrá lo que quiere de él.

Es complicado hablar de arte en términos económicos, sobre todo porque se tiene el prejuicio de que el artista se muere de hambre. La desventaja es que no hay un trabajo fijo fácil de encontrar, nadie va diciendo por ahí que solicita artistas, y los trabajos fijos a su vez van matando la creatividad si no son llevados a consciencia. El artista puede ser considerado más como un emprendedor (o un inventor loco), alguien que propone ideas, objetos, proyectos, registra ideas y que tiene que enamorar con su trabajo. Esto podría sonar difícil de lograr, no podría decir lo contrario, pero como todo en esta vida, se requiere mucho tiempo, esfuerzo, dedicación y nunca darse por vencido. Muchos artistas tienen buenas ganancias pero la búsqueda y creación de sentido nunca es ni será fácil.

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La contingencia tiene este nombre por ser inesperada, algo que se escapa, algo que acontece, nos conmueve y determina nuestro rumbo. Son características muy cercanas al quehacer artístico. Los acontecimientos actuales nos han hecho replantear nuestro ser, nuestra utilidad, nuestra fragilidad. Nos ha hecho cuestionar nuestro motor y nuestros motivos. La esperanza se vislumbra cuando empezamos a crear, a moldear nuestra nueva realidad, a plasmar nuestro sentir.

No se sabe el rumbo que va a tomar el arte, si bien no hay certeza en ningún ámbito en este momento, el arte siempre ha sido contingente. Sorprende con sus resultados y surge desde las situaciones más críticas. No sabemos qué tipo de arte saldrá de esto, o quiénes saldrán siendo artistas. Es poco el tiempo para vislumbrar los resultados, el arte tiene la desventaja de ser incomprendido… hasta que se le comprende.

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