Preocupa -y debería ocupar a la comunidad analítica y crítica nacional- la facilidad con la que millones de mexicanos han renunciado a ser los ciudadanos activos, libres e independientes que el país reclama, que sean capaces de pensar por sí mismos y de rechazar aquellas acciones y decisiones de la cúpula del poder gubernamental que atentan contra los intereses de la nación, optando por convertirse en habitantes pasivos y súbditos plegados a la voluntad de su mesías cegado por la soberbia de un poder absoluto que está causando severos daños al país.

Dos recientes polémicas resoluciones del presidente AMLO así lo confirman: el anuncio del próximo reinicio de actividades económicas que dijo, será gradual y con cuidado, y el decreto presidencial publicado en el Diario Oficial de la Federación por el que el Poder Ejecutivo dispondrá, sin restricción alguna ni contrapeso, de las fuerzas armadas para llevar a cabo de manera extraordinaria labores de seguridad en los próximos 5 años.

En el primer caso llama la atención que, mientras hay países como Francia, que ampliaron la contingencia sanitaria hasta el 15 de julio, en el nuestro donde, a decir de las autoridades sanitarias, nos encontramos en el pico más alto de contagio, se pretendan relajar las medidas de contención. Y en la segunda resolución, los suspicaces que dicen ‘piensa mal y acertarás’, temen una mayor militarización del país bajo el poder absoluto y totalitario del presidente.

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¿Y la mayoría de los mexicanos qué piensan -si es que piensan- de estas nuevas decisiones presidenciales? Ángel Verdugo, en Excélsior publicó hace unos días: “¿Cómo explicar la infinita sabiduría concentrada en uno solo, el que gobierna y quién explica la infinita ignorancia y el embrutecimiento que reina hoy, no sólo entre los servidores públicos que lo rodean, sino también entre decenas de millones de mexicanos?”.

Habrá que ver si ocurre el milagro del despertar colectivo para conjurar el ominoso fantasma de la regresión autoritaria, lo que se puede alcanzar, alentando la comprometida participación cívica que propicie la definitiva consolidación de nuestra incipiente democracia y logre expulsar la apatía y el conformismo colectivo que conlleva el grave peligro de la renuncia de una preocupante mayoría a ser ciudadanos libres. ¿A poco no…?

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