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Colaboraciones

Martillazo

I

Después de ver una multitud de rostros felices:

lenguas de fuera en tantas y tantas fotos en la ventana de mi Féisbuc

me adentro en una reflexión enajenante

y siento ganas de saludar al mundo con una selfi dentro de un bar.

Es así como dejo que florezca este esperpento de sonrisa desquebrajada

que se desdibuja al instante

porque vienen a mí las imágenes de tantos y tantos cuerpos

brotando desde la fosa clandestina que es México.

 

 

II

 

Este país es un volcán haciendo erupción de cadáveres

y emergen con tal furia que los trozos de dientes/huesos calcinados

cubren espacios inabarcables

y cae como copo de nieve la ceniza de quienes se extinguen

bajo las altas temperaturas de un crematorio ilegal

y me arde la nariz por el vaho del ácido donde se disuelven

tantos y tantos trozos de músculos y tendones.

 

 

III

 

Según las cifras oficiales son treintayunmil

las personas reportadas como desaparecidas

pero yo me pregunto cuántos

en realidad cuántos cuerpos andarán navegando entre las raíces de los árboles

cuántos torsos y cuántas manos y cuántos pies y cuántas cabezas

estarán enterradas en esta megafosa comunitaria.

 

 

IV

 

Hay un huracán de personas desaparecidas sin un folio de denuncia

porque las familias le temen a la policía

y es que lamentablemente en este país roto de la conciencia

la policía municipal es el narco

la policía federal es el narco

el ejército es el narco

los alcaldes son el narco

los gobernadores son el narco

el presidente es el narco

el Estado es el narco.

 

 

V

 

Entre tanto y tanto desvelo y desesperación

se derriten mis rodillas para hablarle al Santo Señor de los cielos:

Santo y sordo Señor omnipotente no tumbes tu mirada

aguanta como los niños escondidos que han visto a través de una rendija

cómo descuartizaban a sus padres

aguanta como las madres que han ido a la morgue a identificar a sus hijos despedazados

aguanta como los hombres que han sido obligados a ver cómo violaban a sus esposas.

Santo sordo y ciego Señor del paraíso

no nos condenes al infierno por haber dejado de creer en ti y en la fuerza de tu brazo justo

no nos condenes al infierno porque ya vivimos en este mar de azufre y fuego y espaldas flageladas

no nos condenes al infierno porque ya vivimos derrumbados por este olor putrefacto que fecunda el viento.

 

 

VI

 

Escribo

desde la rabia de un padre que busca a su hijo

entre la marea espesa de la burocracia

desde la sólida valentía que proporciona el amor:

¡Mi hijo no está en ese montón de papeles

ni debajo de sus escritorios!

 

 

VII

 

Busco

las palabras en el diccionario

con la furia incontenible

de una madre que busca a su hija a pasos cansados en el monte

en el desierto

que la busca con la bandera de la esperanza de no encontrarla en las tristes fosas

de los huesos calcinados

que la busca con la bandera de la esperanza

para encontrarla viva.

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