¿A poco no resulta indignante que la clase política en el poder nos quiera ver la cara vendiéndonos las bondades de una reforma energética que, lejos de beneficiar, perjudicó a la economía individual, familiar y empresarial? Ha resultado todo lo contrario a lo que prometió el presidente EPN, de que se acabarían los gasolinazos y los incrementos al gas y a la electricidad. Al inicio de su gobierno, en 2012, el litro de magna costaba $9.82 y Premium $10.36; hoy ambas están al doble.

Lo mismo sucede con el gas L.P.: el precio del cilindro de 30 kilos pasó de $366 a $660. En el caso de la tarifa eléctrica en los hogares aumentó de $0.65 Kw/hora a 0.79, es decir, 21.5%, pero quienes más han resentido los incrementos en este energético son los industriales y los organismos operadores de agua, que han padecido aumentos de hasta 100%.

El Consejo Coordinador Empresarial se quejó de que la pequeña y mediana industria registró este año un aumento de entre 50 y 70% a la tarifa eléctrica, sobre todo desde el segundo trimestre. Y quienes instalaron paneles solares para ahorrar, sufrieron un cambio en las políticas de CFE y terminaron pagando lo mismo que antes, por lo que ni siquiera lograron recuperar su inversión en el equipo.

En nuestra región, restauranteros agremiados a la Canirac se sumaron a la campaña nacional de protesta Prendo una vela y apago la luz, y tramitaron amparos contra las altas tarifas, en tanto que seis alcaldes de La Laguna solicitaron a la Comisión de Energía del Senado que se reduzcan la tarifa eléctrica de los organismos operadores de agua que se ha incrementado más del doble en el presente año.

‘Prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila’, dice el dicho, pero los aniquilados, en este caso, no han sido los que prometieron, sino los destinatarios de esas promesas incumplidas. Habrá que ver si, a partir del 1 de diciembre, el nuevo gobierno es capaz de contener la rabia impotente de los mexicanos por los aumentos de los energéticos, y de qué manera podrá lograr la recuperación de la economía familiar y empresarial para que la actual, deje de ser una reforma energética contraproducente. ¿A poco no…?

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