Si algo produjo el primer debate de candidatos a la presidencia fue una enorme expectativa nacional para ver el segundo. Las tendencias, los números generales de las encuestas no sufrieron una modificación profunda, pues el puntero siguió siéndolo y los demás continuaron en el orden que ya conocemos, tal y como se han mantenido desde hace varios meses. Sólo en los días recientes hubo algunos conatos de cambio pero no arriba, sino en el fondo de la tabla, pues al parecer el Bronco superó a Margarita (esto requiere signos de admiración: ¡el Bronco superó a Margarita!), lo que a la postre provocó la declinación de la candidata presuntamente independiente y su esquivamiento de otro innecesario papelón en el debate de mañana.

¿Qué podemos esperar del encuentro de los candidatos en Tijuana? Para empezar, la situación ha cambiado en relación al primer debate. Si el primero dio la oportunidad de que todos le pegaran al negrito, puede que el segundo no sea igual. La lectura que muchos hicieron del anterior match es que lejos de ofrecer propuestas todos se dedicaron a golpear un mismo objetivo. El resultado fue que el votante ya más o menos decidido por AMLO lo victimizó y al hacerlo se radicalizó, de ahí que el Peje no haya bajado un ápice en las encuestas. Como vimos, el candidato de Morena fue al primer debate a nadar de muertito, a no entreverarse en discusiones, a no responder señalamientos. Muchos percibieron eso como un error, pero entre responder y no responder, creo que en efecto convenía lo segundo dada la holgada posición del tabasqueño en la porcentual.

Sospecho ahora, en todo caso, que mañana el pleito se puede centrar entre Meade y Anaya. Será la última oportunidad que ambos tendrán para colocarse en el segundo peldaño, de ahí la importancia del encuentro. Sé que está programado un último debate no obligatorio, pero anticipo que a ése ya no asistirá, por dos razones, el puntero: si mañana pierde, no tendría caso concurrir a un tercero donde podría darse otra derrota; si gana, igualmente no sería pertinente arriesgar en una tercera confrontación las canicas ya obtenidas. Por eso creo que el de mañana será el último debate de AMLO, y sospecho que su idea será, de nuevo, no agitar las aguas, desdeñar puyazos, no enfrascarse en sainetes contra sus dos lejanos persecutores.

Lo cierto es que el lunes será un día muy importante en el proceso electoral. A esta altura del partido sabremos cómo quedará el puntaje en el segundo y tercer sitios, quién sigue adelante y quién va diciendo adiós a sus aspiraciones. Lo más importante del día 20 será, pues, el día 21.

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