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Géneros (feminidad y masculinidad)

He llevado tiempo preguntando y analizando a algunos acerca de las diferencias entre géneros, entre los géneros humanos, naturales. He pensado y repasado varios comentarios acerca del tema, de lo que opinan los hombres y las mujeres, cada uno por su parte, cada uno desde su género; y todos hablando y refiriéndose a sus congéneres, caen en quejas, y se repiten constantemente las diferencias que les parecen imposibles e incomprensibles. En base a preceptos ideológicos de géneros sexuales, discutimos, con muchos estereotipos, juzgamos, y no aceptamos la naturalidad de cada ser.

Dándome hoy la oportunidad de tocar de una manera muy sutil este tema, me gustaría reflexionar y abarcar un poco del pasado, refiriéndome al  que todos compartimos, la historia de la humanidad. Desde la lejana antigüedad se tienen bien presentes las diferencias entre los sexos determinados naturalmente.

También es sabido que en la naturaleza del ser humano está crecer y desarrollarse de manera verticalista, y mientras más individuos habitemos esta tierra, más marcado será el avance vertical, favoreciendo entonces a una minoría privilegiada y por lo tanto más desigual. Pero ¿a qué desigualdad nos aferramos? Si bien, cuando hacemos referencia a desigualdad en una sociedad es que existen factores determinantes en ésta que nos dan a conocer que hay jerarquías, pueden ir desde productos “especiales” para ciertas minorías, la calidad de vida, la calidad alimenticia… etcétera.

En el mismo sentido, pero ahora vinculándolo con la diferencia entre sexos, y tomando un poco de la historia, yéndome específicamente a épocas premodernas, se explica que desde la aparición de civilizaciones complejas se sostuvo que los hombres y las mujeres mientras más enrevesado se volviera el trabajo realizado en una sociedad, se iban marcando más las distintas brechas en las que se desenvolvían las actividades de cada sexo, por ejemplo, en una sociedad antigua, en donde apenas se veía el crecimiento demográfico de tal civilización, iban surgiendo jerarquías que irían delimitando diferencias entre no solo los labores u ocupaciones sino entre sexos; y así fue como se llegó a la conclusión (en aquel entonces) de que los hombres eran menos importantes que las mujeres en la casa familiar, la unidad básica de la sociedad humana. Esto hace referencia a que ambos sexos aprendieron a desarrollarse en aspectos sociales diferentes, es decir, si la mujer se dedicaba a las cuestiones domésticas, el hombre por su lado se dedicó a las cuestiones del mundo público, cabe aclarar que esto no tiene un significado absoluto, sino hace alusión a que la mayoría de las mujeres y los hombres se dedicaban a tales actividades respectivamente. Y de aquí nace la idea de relacionar el término jerarquía con el término patriarcado. Sin embargo es importante recalcar que tanto hombres como mujeres en la actualidad podemos compartir la realización de algunas actividades. Por el motivo de que el hombre se desenvolviera en las cuestiones públicas y no en las del seno familiar, es que los historiadores, o mejor dicho la historiografía moderna, que se basa en los textos antiguos y éstos a su vez recargados en el ámbito público, se puede explicar el porqué la mayoría de los autores de esos primeros escritos eran y son de sexo masculino y el porqué se resalta más la gesta masculina. Y dentro del mismo cuadro, vemos que las mujeres ante eso han desarrollado diversas reacciones, se han colocado en diferentes posturas.

Reiteradas ocasiones ha llegado a mí, en diferentes formas de expresión de la idea, el comentario por parte del género femenino, que considera que en el ámbito de la realización de investigaciones, en el desarrollo de diversas ramas del conocimiento, se excluye de manera sistemática, con o sin intención de hacerlo, la facultad de que las mujeres puedan ser observadas como un sujeto de conocimiento o de estudio, y por la misma línea afirman que la epistemología está reinada por el enfoque masculino. Algunas afirman ver a los hombres como una raza dominante.

En nuestro país están  marcadas las diferentes concepciones que tienen un hombre y una mujer de sí mismos, en cualquier ámbito, y se nos han inculcado desde niños. Es cierto, pues, que tanto el sexo masculino como el femenino han destacado en actos o desarrollo de ideas que pintan de extremistas al momento de dirigirse a sus congéneres, pero de la misma manera, no podemos justificar los abusos cometidos por ambas partes. En este contexto, se me vienen a la mente ideas como que se necesita una línea  de “igualdad de género” que ofrezca una reconstrucción social en ese aspecto, una aceptación y valoración social de las diferencias que se tienen por parte de cada sexo. Mi propuesta sería que podríamos darnos la oportunidad de aprender a  reconocer y tolerar las desemejanzas e igualdades que se presentan hasta por la misma naturaleza en nosotros, los seres humanos.

 

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