¿A poco no encuentras similitudes en las condiciones económicas y sociales de las clases más desprotegidas del país de principios del siglo pasado y las que se padecen hoy? Los grandes contrastes que se vivían en aquellos años fueron la causa de la lucha revolucionaria que estalló el 20 de Noviembre de 1910, y cuya efeméride conmemoraremos el próximo lunes. 107 años después, podemos observar los grandes contrastes en el reparto de la riqueza, donde unos pocos tienen mucho y muchos tienen muy poco, lo que permite vislumbrar la necesidad de una nueva revolución, pero muy distinta a la del siglo pasado, en la que, en lugar de un levantamiento armado, veamos un levantamiento de conciencia cívica y política entre ciudadanos y gobernantes; y en lugar de división y violencia, veamos unidad y trabajo en armonía.

La nueva revolución mexicana implica eliminar las abismales diferencias entre la clase política y las grandes mayorías ciudadanas, empezando por los elevados sueldos, prestaciones y gratificaciones que se reciben en el gobierno en los tres niveles y poderes y que, en su mayoría, no se justifican, por lo que el costo es muy alto en comparación con el poco beneficio que aportan a los mexicanos, que han visto reducir el poder adquisitivo de su salario 40% en las últimas dos décadas. Es reprobable que en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2018, los legisladores no eliminaran gastos superfluos como adquisiciones, asesorías, viáticos y aumentos en comunicación social, dándole la espalda a la austeridad, a la transparencia y al gasto público responsable.

El dictamen incluye viáticos para el gobierno por 2 mil 200 millones de pesos y pago de estudios de posgrado en España para legisladores; además, según Fundar, EPN al término de su gobierno el próximo año, habrá gastado alrededor de 60 mil millones de pesos en publicidad oficial. Y mientras cientos de familias en el país aún viven en las calles luego de los sismos de septiembre, se aprobó un incremento de 200 millones para rehabilitación y construcción del edifico de San Lázaro; aunado a ello, los senadores gozarán de un aumento salarial, al igual que el Presidente, quien recibirá en 2018, 112 mil 600 pesos en el año, cuando la mayoría de los trabajadores, con su salario, no libra la línea de pobreza. También los secretarios de Estado recibirán 4 mil 500 pesos mensuales más, equivalentes a 56 salarios mínimos.

Por todo lo anterior, urge un cambio de conducta de la clase gobernante en la que imperen la eficiencia, la honradez y el espíritu de servicio, pero hacia la comunidad, no a sí misma, así como un cambio de actitud de la ciudadanía en la que se imponga la participación y la exigencia propositiva hacia sus autoridades, de tal forma que se reviertan las cifras y estadísticas económicas negativas que inciden en la problemática social imperante en materia de pobreza, delincuencia, educación, salud y demás rubros propios de nuestro subdesarrollo. Unidad, trabajo y, sobre todo, un profundo amor a la Patria, son las bases en que se debe cimentar la nueva revolución mexicana. ¿A poco no le entras…?

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