¿A poco no, hoy que se conmemora el 49° aniversario de la matanza estudiantil de 1968, hay más dudas e incertidumbres que respuestas y certezas? Cierto: hay avances indiscutibles en algunos aspectos, pero también retrocesos en otros, que deben ser motivo de análisis para reforzar los primeros y enmendar los segundos. Independientemente de las causas que originaron el movimiento que culminó con la masacre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, así como de la falta de información sobre el número exacto de víctimas, los responsables directos y la impunidad que sigue permeando casi medio siglo después, lo cierto es que ese capítulo de nuestra historia forma parte de todo un movimiento político y social de carácter mundial, que representó un parteaguas para la humanidad, con la denominada “Primavera de Praga” en Checoslovaquia y las manifestaciones estudiantiles en París, Francia y Seattle, Estados Unidos, entre otros movimientos en diversos puntos del planeta. Ni México ni el mundo volvieron a ser los mismos, después de 1968.

Fue el inicio del despertar de una sociedad que empezaba a darse cuenta de la existencia de los derechos cívicos y humanos, el poder de la gente, la sicodelia, la igualdad racial, la píldora anticonceptiva, el feminismo y tantos otros conceptos y movimientos políticos y sociales que cambiaron mentalidades, transformaron actitudes y movieron conciencias. En nuestro país, el 68 representó el principio del fin de los regímenes autoritarios priístas que ya estaban por cumplir cuatro décadas en el poder, y aunque tuvieron que pasar 32 años más para que el voto popular los sacara de Los Pinos, el 2 de octubre de aquel año, la sociedad mexicana empezó el lento despertar del letargo en que estuvo sumida, para darse cuenta del agotamiento de un sistema caduco que debía ser reemplazado.

Las luces del 68 contrastan con las sombras de 2017: una sociedad despolitizada en su gran mayoría, sin conciencia social ni educación cívica; en el 68 los jóvenes tenían ideales; hoy  predominan las ambiciones materiales; en el 68 había una comunidad más solidaria con los valores patrios; hoy hay una comunidad individualista y pragmática –con excepción de las tragedias, como lo vimos y lo estamos viendo con los sismos del 19 de septiembre del 85 y de 2017; en el 68 México era líder y ejemplo en educación en América Latina; hoy estamos en el sótano de los países reprobados; en el 68 los niños y jóvenes estudiantes, en su mayoría, sabían distinguir fechas y personajes del pasado, desde la Conquista hasta la Revolución, pasando por la Independencia,la Reforma y el Porfiriato; hoy, cuando se les pregunta, por ejemplo, qué se conmemora el 2 de octubre, algunos responden: el descubrimiento de América o el día de muertos… En fin: estos son algunos de los contrastes palpables entre dos fechas con cuatro décadas de distancia en un país donde más de la mitad de sus habitantes aún no había nacido en 1968.

A 49 años de aquel 2 de octubre, los claroscuros que nos dejan las lecciones de aquel ominoso capítulo de la vida nacional, deben servirnos para saber cuáles son las piedras con las que no debemos volver a tropezar, pararecordar que los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo y para motivarnos a todos los mexicanos a escribir la nueva historia de esta nación nuestra. Una nación donde ya no tengan cabida el subdesarrollo, la ignorancia, el autoritarismo, la pobreza económica, social e intelectual, la desigualdad y la falta de conciencia cívica y política, para dar paso a una sociedad participativa, preparada, exigente y comprometida con las mejores causas de México. ¿A poco no…?

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, haz un comentario
Por favor, pon tu nombre aquí