¿A poco no sientes a veces que la frustración te gana al ser testigo de todas las arbitrariedades, deficiencias e irregularidades cobijadas bajo el manto de la impunidad, ante la indiferencia de la gran mayoría de los ciudadanos que están más ocupados en sobrevivir y menos preocupados por los problemas políticos y económicos de este país nuestro? ¿Será que tienen razón los que dicen que, quienes están al frente del Gobierno, están atrapados en su visión reduccionista y acomodaticia de una realidad aparte del resto de la comunidad nacional?

¿Será sólo el Gobierno el que está atrapado, o somos todos los mexicanos en las actitudes nocivas, las acciones erróneas y las omisiones e indecisiones de la clase política? Y qué decir de los partidos, secuestrados por unos cuantos privilegiados que también mantienen atrapada a esta nación nuestra. Un México atrapado además por una burocracia obesa, ineficiente y lenta; perdida en el laberinto de una asfixiante tramitología, muy costosa en términos de esfuerzo, tiempo y dinero para el ciudadano, pero también excesivamente onerosa para el erario, al representar fuga de recursos financieros que se podrían utilizar mejor, en verdaderas prioridades para el país.

Un México atrapado, igualmente, en la desconfianza hacia las corporaciones policíacas y los aparatos de procuración e impartición de justicia, donde la ausencia del Estado de Derecho se manifiesta en la impunidad, la corrupción, el contubernio, el cohecho y el incremento de los índices delictivos. Un México atrapado, también, por un nefasto y anacrónico sindicalismo que, lejos de aportar al progreso de la nación, ha contribuido para mantenerla hundida en el subdesarrollo, por su alto grado de corrupción e ineficiencia.

Y esto lo observamos lo mismo en el gremio petrolero, con el vergonzoso récord mundial del costo más alto para extraer un barril del combustible, que el gremio magisterial, al mantener al país en el sótano de los reprobados, entre los últimos lugares en materia de educación. Tampoco se salvan los mineros, con un dirigente que sigue viviendo cómodamente en Canadá, disfrutando de la riqueza derivada del fraude a sus trabajadores; ni los del IMSS, el ISSSTE, la CFE y la FSTSE, entre otros.

Por todo lo anterior, los ciudadanos comprometidos estamos obligados a liberar a este México nuestro atrapado, secuestrado, sometido por quienes, se supone lo deberían servir, y lejos de ello, tanto daño le han hecho, le siguen y le seguirán haciendo, mientras la sociedad civil no tome la decisión de poner un hasta aquí a tantos abusos, deficiencias, corruptelas e ilegalidades, para lo que se requiere su abierta participación, adoptando el papel protagónico que le corresponde. ¡Pero ya! ¿A poco no…?

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