Se dice por ahí que lo que ocurre últimamente es una lucha de buenos contra malos. No sé muy bien a qué se refieren, si tiene relación con los feminicidios, la guerra contra el narco, los asesinatos salvajes, las batallas contra las feministas, o el problema de las armas en manos de menores.

     Son tantas las cosas que salen de nuestro control, o tanta la información que antes permanecía oculta, que ahora quieren reducir el problema a “una lucha de buenos contra malos”. Como si el concepto de bondad y maldad fuera tan sencillo de manejar. Y es que son ideas que se definen desde diversos modos de pensamiento: etimológica, filosófica y religiosamente, por nombrar solo tres. Porque también está el aspecto biológico del término y por supuesto que el nivel social y político. 

     ¿Desde dónde vamos a manejar dos conceptos tan difíciles? ¿Cómo se va a aplicar el significado, para que nos ayude a encontrar una solución que parece estar entendida en un “terminar con los malos para que los buenos sigan en paz”? O, si no es por ahí, ¿qué esperan resolver etiquetando cualquier problema como lucha entre bandos buenos y malos? La vida no es una película de súper héroes. No es posible tener una idea simplista e infantil de los modos de solución.

     La gente ha dejado de pensar, es claro. No se involucran, no investigan, no ven más allá de lo obvio, lo expuesto. Por eso tenemos tanta incomprensión al otro, tanto juez de lo que no les sucede a ellos. 

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   Es importante comenzar la lectura profunda de los problemas. Una niña violada o asesinada no es parte de una lucha de buenos contra malos, es una realidad que está sucediendo en el país desde hace muchísimos años, solo que ahora con la apertura de las redes sociales, de la comunicación en general, nos enteramos más rápido de todo. Es un problema que involucra a los encargados de la seguridad del país, a los padres, a las escuelas, incluso a los que manejan los asuntos económicos, que lo han hecho tan mal desde hace tanto tiempo, que han logrado separar a las familias.

    No generalizo, pero es verdad que muchas madres y padres ya no ven a sus hijos porque ahora deben trabajar más. No hay momentos de convivencia en las casas, ni conversaciones de sobre mesa. Ya no es posible supervisar el funcionamiento de una familia.

     No es una lucha de buenos contra malos, es una serie de factores que han permitido que las cosas se salgan de control, cada vez más violentamente y con mayor difusión. Es la ceguera que se ha practicado con éxito, para no ver, no escuchar, no saber ni sentir al otro. Finalmente, la medalla de “bueno” es muy fácil colgarla en el cuello y desde la bondad, juzgar al otro, al malo.

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