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Inconscientes, conservadores o porfiristas

Por Leonardo Crespo

La lamentable declaración que dio el presidente Andrés Manuel López Obrador con respecto a la vandalización de los cuadros de Madero es un triste reflejo de muchos problemas que enfrenta su gestión.

Dado que el presidente no encuentra herramientas para convencer a sus detractores, las descalificaciones por su parte se han vuelto la única defensa frente a los cuestionamientos y acciones de cualquiera que él vea como oposición. Y hago la aclaración “que él vea como oposición”, porque muchas personas que son críticas con él no se oponen a su gobierno, pero en un ejercicio de objetividad se atreven a cuestionarle o criticarle cosas. Ser objetivos es una actividad muy sana que cualquiera debería de practicar, no sólo con él, sino con todas las cosas.

Es por eso que me parece muy desatinado que llame “inconscientes” a las mujeres que pintaron el cuadro de Madero. Porque si bien Madero es importante como un personaje histórico, las exigencias de las manifestantes son importantes el día de hoy. Hoy es importante atender, valorar, respetar, apoyar y entender la causa de esas personas.

Es incluso irónico que el presidente diga que “la violencia no es el camino”, cuando la figura de Madero es precisamente lo que es gracias a haber sido parte de una guerra. Fue precisamente Madero el que llamó a levantarse en armas el día 20 de noviembre de 1911.

La verdadera inconsciencia aquí es la del presidente, quien sistemáticamente ignora las necesidades de millones de mexicanos que participan en causas sociales a través de organizaciones no gubernamentales. El trabajo de dichas organizaciones permite visibilizar problemas que en su gestión son atendidos, y por eso los acusa de conservadores, porque le muestran directamente que no es perfecta su administración.

También en ese sentido es irónico acusar de conservadores a los demás, ya que sus políticas no son precisamente liberales. El tema del aborto, del matrimonio igualitario, de la misma atención a las necesidades del movimiento feminista, todos esos que son frentes de la lucha de izquierda parecen ser ajenos a la agenda presidencial.

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Por otro lado, los mega proyectos que la presidencia ostenta (el tren maya, la refinería de Dos Bocas, el aeropuerto, incluso el T-Mec) son profundamente neoliberales. O porfiristas, como diría el mismo presidente. El hecho de que en su viaje a Washington lo hayan acompañado los empresarios más ricos y poderosos es también señal de ello. Recordemos que también el expresidente (o exdictador, a gusto del lector) Porfirio Díaz tenía un grupo de tecnócratas al que denominaban “los científicos” y que dentro de estos había varios empresarios.

La diferencia es que el mismo Porfirio Díaz en favor de conservar la paz (después de que la revolución había iniciado torpemente) decidió dejar la presidencia para evitar un derramamiento innecesario de sangre. A veces olvidamos que la revolución se prolongó diez años por causa del deseo de poder de aquellos que la protagonizaron.

No sugiero que el presidente renuncie en este momento a su cargo para evitar que las desapariciones, los asesinatos y demás crímenes dejen de suceder, porque sucedieron antes de él y sucederán después de él; más bien, invito al lector a reflexionar en torno a las proyecciones que el presidente tiende a reflejar en sus adversarios.

Es por ello que movimientos como FRENAAA (el Frente Nacional Anti Amlo) en realidad son caricaturas de una verdadera oposición. Una verdadera oposición debe de ser crítica y concienzuda. Debe de señalar al presidente, no por una necedad y capricho infantil, sino por sus acciones y palabras, especialmente aquellas que buscan denigrar la lucha de aquellos que buscan justicia. Una justicia, que por cierto, él en algún momento prometió.

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