¿A poco no llega un momento en que dices “ya chole” con tanta crítica al presidente e intentas tomarle la palabra de la tregua que pidió a los medios para pararle a los señalamientos? Y así traté de hacerlo, pero no pude, después de lo que dijo e hizo la semana pasada y, sobre todo, luego de su desafortunado informe del domingo, en el que el país esperaba ver, por primera vez en los 16 meses de gobierno, al estadista que sale al rescate de la nación.

Empresarios y trabajadores nos quedamos con las ganas de la propuesta de un programa de reactivación económica efectivo, congruente y solidario; en su lugar, nos recetó lo mismo de siempre: lugares comunes y una repetición de las mañaneras, pero ningún apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas. Otro motivo de crítica fue decir que el coronavirus ”le vino como anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación”, es un disparate colosal que denota la falta de sensibilidad.

¿Qué dirán de ello los familiares de las víctimas que fallecieron por COVID-19 y los médicos y enfermeras que arriesgan su vida para combatirlo? Pero los disparates presidenciales no terminan ahí: a pesar de que se espera un recorte de más de 400 mil millones de pesos para 2021 por la caída de los precios del petróleo y de la recaudación de impuestos, el presupuesto del próximo año para el cuestionado aeropuerto de Santa Lucía recibirá 27 mil 600 mdp, es decir mil 343% más que este año y el Tren Maya 26 mil 700 millones o 969% más que en 2020.

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Y mientras AMLO se solaza en su iluso surrealismo del país feliz feliz con las cifras maquilladas para convencer de una realidad inexistente, gran cantidad de industrias y comercios cierran sus puertas, se reduce el pronóstico de crecimiento económico entre 6 y 8% del PIB, baja aún más la calificación crediticia de Fitch a Pemex al nivel considerado como bono basura, el dólar llega a nuevos máximos históricos en su paridad frente el peso,se agotan las pocas reservas del fondo de contigencia, cancela los fideicomisos para pagar deuda y mantener programas sociales-electorales… Y párale de contar.

Es patético ver cómo el país se incendia, mientras que el Nerón moderno atiza el fuego con sus pésimas acciones, decisiones y aberrantes declaraciones, por lo que está en los mexicanos que sí se dan cuenta de la realidad -y que cada día son más- transformar la pasividad e indolencia cívica en activismo social y participación ciudadana para ponerle un hasta aquí a la nociva y peligrosa irrealidad presidencial. ¿A poco no…?

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