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Las micro, pequeñas y medianas empresas

Por Patricia Hernández González

Trabajar por mi cuenta, ofrecer un servicio, abrir un changarro, distribuir un producto…, es un asunto de números. Vender, procesar, manufacturar, crear, diseñar, instalar, resolver…, es un asunto de números. Circular las posibilidades que tengo y dejar que vayan situándose al mercado, siempre es un asunto de números. En todo o casi todo en la vida de un sobreviviente que se autodenomine empresario los pesos brincan chirriando en un santiamén. Pobrecillo, pequeño burgués, intenta con estrategias garante abrir espacios de un mundo que conquistar; un mundo que incluida a Lupita toma lo que viene.

Lupita muy temprano atiende su puesto, un local de 3 x 3m. Cuando el día parece sonreírle, ocupa la venta, deduce qué sumar para restar, qué multiplicar para dividir y ya entrada en cuentas, apartar para invertir. Fluye en un buen romance cuando las finanzas no le son mezquinas.

Administrar un negocio es administrar un patrimonio. El comercio y el comerciante deben quererse, lo veo en mi papá con más de cincuenta años desempeñado el oficio. El pequeño comercio subsiste en buena parte a una familia que avoca sus esfuerzos en trabajarlo.

Un emprender se impulsa de ideas y no hay dinero que alcance en ese empezar, justo por ello es que la empresa se clasifica en micro, hay niveles, le siguen por tamaño y expansión. Las Mipymes se clasifican en manufacturas, comercio y servicios privados no financieros, ellas cuelgan de un sueño aspiracional y cito la palabra inexistente porque caen vapuleadas ante el desfile de costos financieros que se tienen que atenuar. El deber de atribuciones y contribuciones que amortiguar, la carga fiscal, el pago de permisos, las condiciones crediticias y un largo etcétera.

De la noche a la mañana no se organiza ni se construye una compañía, para ellas las metas primero son a corto plazo, tan moderadas en su trinchera pero irracional el escenario en que se mueven.

Los dilemas económicos pegan como cien puños, ahora de un sarcasmo tan agrio con base en una ruptura por la falta de conciencia del gremio y la torpeza de la 4T en generalizar. Lo cierto es que no todos los magnates se cubren bajo el amparo del poder. Aquí mi interés no es cuestionar las fortunas de los ricos, sino al clasemediero empresario que recurrimos por inmediato y chambeador. Inoportuno encontrar el hilo negro cuando es aceptar que el reactivador de la economía es precisamente el mecánico, el pastelero, la estilista y tantos otros con un sinfín de modalidades para la oferta y la demanda del mercado.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Productividad y Competitividad de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas 2018, publicada en septiembre del 2019, en México existen 4 millones 057,719 microempresas, con una participación en el mercado equivalente a 97.3 por ciento. Y las pequeñas y medianas empresas (pymes) sumaban 111,958, una participación de mercado de 2.7 por ciento.

Hay quien se casa con el estereotipo, tan alejado de una realidad de creer que son promotores de riquezas. El promedio vive endeudado, si son empleadores con una cartera vencida a cuestas.

“De los 2,7 millones de empresarios que hay en México, casi 2 millones son oficialmente clasificados como de clase baja o media baja debido a que no tienen ingresos altos, habitan viviendas que carecen de algunos servicios básicos y tienen niveles de escolaridad bajos. Esto se traduce en que 7 de cada 10 empresarios tienen un ingreso tan bajo que nos les permite satisfacer las necesidades de una familia de cuatro personas. Incluso entre los empresarios que se consideran más productivos por estar en la formalidad, el 38 por ciento no logra llegar a la quincena bien librado si tiene un dependiente. Para pertenecer al uno por ciento de los hogares más ricos de este país, necesitarían tener ingresos promedio de al menos 872.000 pesos mensuales, esto sin siquiera incluir en el cálculo a los hogares ultraricos”. Viridiana Ríos (Analista Financiera).

Más de Patricia Hernández: Los otros

Es cierto, al sector lo ven como privilegiado, llevan pintado en su cabeza al junior influyente. Claro, no falta el que se siente que lo es. Por ello es que generan reacciones estigmatizadas, y no hay manera de cambiar la percepción. La mediana empresa no la bajan de tacaña, por mucho su inversión es limitada. Compararse con los peces gordos no les permite atenuar su crecimiento sin deuda, además la agenda económica hacendaria no les favorece porque las llena de condiciones al ubicarlas en el mismo costal de sociedades mercantiles de gran alcance, mejor sería replantear nuevos acuerdos estructurales.

El presidente a principios de abril en el plan económico por el coronavirus que presentó, dijo: “No los vamos a dejar en el desamparo”, al precisar que serán 2 millones 100,000 créditos personales de vivienda y para pequeñas empresas del sector formal e informal. “Se reiniciará pronto la recuperación económica, a partir de aumentar la inversión pública destinada a la creación de empleo y otorgar créditos a pequeñas empresas familiares y a quienes se buscan la vida como pueden, día con día”. También mencionó que se trabajará para devolver lo más rápido posible el Impuesto al Valor Agregado (IVA) a los empresarios y personas físicas. 

Sin embargo, empresarios y representantes de diversos sectores calificaron las medidas como insuficientes, sin verdadera conciencia sobre la gravedad de la crisis y sin apoyo real a las empresas.

Canacintra: “Las micro, pequeñas y medianas empresas representan 52% del PIB y 72% del empleo formal; si caen, cae México”.

Coparmex: “Esta crisis está dejando sin dinero para subsistir a cuatro de cada 10 microempresas de giros como restaurantes y bares, talleres y comercios como de servicios, empresas medianas de construcción de transporte, construcción y entretenimiento, y lo mismo a fábricas de muchos productos de autopartes y electrónicos, que son considerados por las autoridades federales como actividades no esenciales”.

Hasta hoy cada uno de los polos sigue en el ring de las declaraciones, abanderadas más por intereses políticos. Mientras tanto, enfrentar el impacto económico que está generando el Covid-19 que apunta ya a una recesión, es alarmante. Las Mipymes están desarmadas, están mostrando lo que han sido siempre, evidenciando en el punto más crítico de la pandemia, la enorme brecha que las separa del acaudalado 6% contra el resto de la población donde realmente pertenecen.

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