Por Patricia Hernández González

Hace dos años MORENA arrasaba en los comicios, donde elevaban la esperanza de la 4T a posibilidad. ¿Algo cambió? Sí. Y no son buenas noticias. Gustan de escucharlas, asideros políticos, voces trasnochadas que están en todas partes.

Hay una audiencia de legiones donde todos se confunden. Las palabras reproducen sugestiones, decires y es un asalto hacerle frente a todo lo que no llama a coincidir. Es horrible en cierta forma tener puntos de referencia y al cuestionar llegar a la sin memoria y a la descalificación.

En vano pregunto por qué. ¿Es el tiempo del contrasentido? ¿Es el rigor de conservar lo que han ganado?

El medio es una interfaz de favoritos adversarios para defender o atacar, y si quiero ser parte de ese nuevo orden, solita me doy el permiso del arrebato para insistir en saber quién y cuántos son mis enemigos, atrapada en mi tiempo, entretenida, culminaría (por unos minutos) en tener la razón.

―Ahora me siento cómoda, me aferro a la “libertad” aprobada por la mayoría, es importante saber, los correctos corrigen mejor―. No soy un bot, quizás, una granja de perturbaciones solamente (risas). 

Hay contenidos de convocatoria en las redes sociales que no pasan desapercibidos. Hacer actividad funciona como activismo, a forma de protesta que nadie toma en serio. De risa loca como fecunda la anécdota, el diálogo es simplemente inexistente, con un descontrol centrado en la única idea de exponer y reventar al contrario, para quedar en un ramillete semántico de correcciones u otras peligrosidades, de un simplismo argumentativo de personajes con bandera de héroes y heroínas. 

No fue una sino dos elecciones en la que ganaron, primero claro está, en los grupos territoriales. Segundo, el furor de visitas en las plataformas digitales y/o las aplicaciones de las redes sociales. A casi dos años, el resultado es hilarante, el futuro ni siquiera me atrevería a mirarlo, perdería la proporción a corto plazo. Me pregunto si alguien, nosotros o alguno de ellos, tiene la misma experiencia. Yo creo que sí.

Veo y reconozco cuando las expectativas se caen a pedazos. Cuando tambalean liderazgos y son carne de cañón. Cuando en su momento, cupieron todos los que quisieron sumarse y ahora a radical conveniencia retan con prematuras coaliciones. ¿Es una aspiración a derrota? No, es algo peor, es una pérdida. 

Los llamados son efectivos más no eficaces, y sin otra variante será permanente de únicos aliados. ¿Es el reflejo de un entusiasmo malsano? ¿Es a causa de los poderes fácticos?

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En ese camino de lucha galopante de varios frentes en todo el país, ya todo es especular; hablar, hablar, donde todos se ven representados en “su espacio de expresión”. Cada vez entiendo menos a dónde van sus voluntades. Saltan de tema en tema, los empalman para un llenado de imprecisiones con carácter de urgente. Aseveraciones desproporcionadas continúan a rienda suelta, emitidas también por el líder moral de un movimiento hecho presidente, que a su manera insiste en parecerlo. Escucharlo es un refrito, ya no tiene sentido en refutar si el combate a la corrupción y la inseguridad tiene nombre y apellido o fecha de caducidad, si hay un rescate a los pobres o si los ricos se van. Si es una lindura o si está en el lado bueno de la historia; menos las reacciones que ruedan en contra o a favor de su discurso, de su personalidad. Si es un conservador en secreto, un comunista, un mozimista ¡u otra palabrita a inventar! Si el neoliberalismo va de picada o si sus reformas son de gobierno progresista de Sudamérica. No hay nada, absolutamente nada en ello que logre mí atención. No lo son, para los que confiamos  ―todavía― en alternativas de bienestar con enfoque social. Me interesa de su gobierno lo que queda de ese bullicio. Certeza no hay, certidumbre, tampoco.

Quien lo niegue convendría en analizar sus pretensiones. No es tiempo de aplausos, es un tiempo de espera que definen resultados. 

Para entender los procesos y enfrentar los retos si no hay unidad, las distracciones no dejan nada bueno, menos cuando alejan objetivos de un proyecto que a diario recrudece. 

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