“El próximo renacimiento vendrá del Medio Oriente, esa es la guerra saudita y mi lucha personal, quiero que mientras yo viva, el Medio Oriente domine al mundo”

Príncipe Heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman (MBS)

Por Alejandro Nava Femat

El petróleo sigue siendo el motor de la economía del mundo ya que es necesario para casi todo, le da movilidad a millones de autos, autobuses, camiones de carga, trenes, y aviones en todo el planeta, se requiere para producir electricidad, mueve industrias y produce desde llantas para todo tipo de transporte, botellas de plástico hasta un lápiz labial. El mercado del petróleo recientemente ha tenido fluctuaciones sin precedentes a nivel internacional, la caída en la demanda del crudo derivado en parte por el confinamiento e inmovilización de aproximadamente 3 mil millones de seres humanos –casi el 50% de la población mundial– que se aíslan para evitar ser contagiados por la pandemia provocada por el virus Covid-19, afecta tanto a países exportadores de petróleo por el histórico hundimiento de su precio, como a las economías en todo el orbe que ya resienten sus efectos. Esta catarsis que debe observarse mucho más allá de la simple oferta y la demanda, es de carácter multifactorial con una nueva variable que hoy determina su valor.

La disputa árabe

Las rivalidad por el liderazgo y control de la península arábiga entre las tres petromonarquías árabes más ricas del mundo, Arabia Saudita de monarquía absoluta islámica, con el príncipe heredero Mohammed bin Salman conocido como MBS a la cabeza, los Emiratos Árabes Unidos de monarquía constitucional, federal, electiva y presidencial con el también príncipe heredero Mohammed bin Zayed, vicecomandante supremo de las Fuerzas Armadas conocido como MBZ y Qatar, monarquía absoluta unitaria que posee la tercera mayor reserva mundial de gas natural, comparte al norte frontera terrestre con Arabia Saudita y al sur, por mar se reparte un yacimiento de gas submarino con Irán; a su mando esta el jeque y emir Tamim bin Hamad Al Thani, quien se encuentra asediado por sus vecinos rivales MBS y MBZ, los cuales en una alianza mutua y con el superficial visto bueno -en un principio- del presidente de Estados Unidos Donald Trump, el 5 de junio del 2017 rompieron relaciones diplomáticas y económicas con Qatar, cerrándole la única frontera y salida terrestre del país a personas y mercancías con miras a una posterior invasión, acusando a Doha de tener excelentes y estrechas relaciones con Irán, fue hasta que intervino el entonces primer Secretario de Estado de la administración Trump, el ex presidente de la petrolera Exxon Mobil, Rex Tillerson quien informó al mandatario que la base militar estadounidense Al Udeid –una de las más importantes del mundo y de estratégica operación en esa región- se ubicaba en Qatar y no en los Emiratos Árabes como él presidente entendía, por lo que en ese momento la Casa Blanca habló directamente con MBS, advirtiéndole que ese no era el momento para empezar una guerra, suspendiendo así los planes de invasión y por ende bajando momentáneamente la presión al alza en el valor del petróleo, el embargo del eje MBS –MBZ continua, la región completa se arma hasta los dientes, mientras Qatar prepara la celebración de la Copa Mundial de futbol del año 2022, lo que pudiera ser una bomba de tiempo tanto para Medio Oriente, como para el precio del crudo en el mundo.

La estratégica Jugada de Rusia

 El príncipe heredero Mohammed bin Salman (MBS) acusado por la inteligencia turca y la CIA, de ordenar el pasado 2 de octubre del 2018 asesinar y descuartizar al interior del consulado de Arabia Saudita en Estambul, Turquía al columnista de opinión y disidente saudí Jamal Khashoggi, del influyente diario norteamericano The Washington Post, propiedad del fundador de la tecnológica Amazon, Jeff Bezos a quien el príncipe heredero hackeó su teléfono celular y espió con el objeto de encubrir el crimen que la ONU calificó como asesinato de estado, intentó ilusamente el pasado 6 de marzo del año en curso, presionar vía la Organización de Países Exportadores de Petróleo Plus (OPEP+) al presidente de Rusia, Vladimir Putin para realizar un recorte adicional de la producción petrolera de 1.5 millones de barriles por día como respuesta a la reducción de la demanda mundial de hidrocarburos debido a la epidemia del Covid-19 y así estabilizar los precios del crudo. Al no llegar a un acuerdo entre los dos países, Arabia Saudita -en represalia- recortó los precios oficiales más drásticos de los últimos 20 años, comunicando a los compradores que incrementaría su producción de crudo en hasta 2 millones de barriles por día. La medida desató una guerra de precios y provocó de inmediato el hundimiento de los precios del petróleo a nivel histórico, el West Texas Intermediate en US$-36.98 y el Brent europeo en US$17.36, y con ello el desplome de las bolsas y mercados financieros internacionales. Putin, anticipando la jugada; sabía que en realidad lo que MBS buscaba era aprovechar la situación viral en el mundo para lograr producir a un precio mucho más competitivo que el de sus competidores internacionales –incluidas las empresas petroleras rusas– y así sacar del mercado a productores de gas y petróleo lutita (shale) que utilizan la patentada, contaminante y financieramente inviable técnica de fracturación hidráulica (fracking), que requiere un precio de extracción de 40 dólares por barril para que sea rentable, por lo que Putin en un tono conciliador pero firme, no solo no cedió a las presiones de MBS, sino que sorprendió al mundo afirmando que Rusia podría soportar un precio de 25 dólares el barril hasta por 10 años, esto derivado de su casi nula deuda pública, de la gran cantidad de reservas de divisas acumuladas y valuadas en aproximadamente 550 mil millones de dólares, así como a la constante compra de oro de los últimos años equivalente a un 7% de su Producto Interno Bruto (PIB).

Estados Unidos contra reloj

Alarmado por la dramática baja en los precios internacionales del petróleo, el presidente Donald Trump entendió que ello conduciría a otros escenarios y desafíos de carácter domestico: Wall Street, su banca y los Exchange Traded Fund (ETFs). Los primeros, perderían capital e intereses por financiamientos otorgados ligados al crudo, los segundos; con una peligrosa baja en su bursatilidad valuada en 6.3 billones de dólares, (6 veces el PIB de México), mientras que las petroleras estadounidenses enfrentarían quiebras derivado de los bajos precios del petróleo que no justifican rentabilidad, ni viabilidad por su esquema de extracción fracking; aunado a la falta de espacio para almacenamiento del crudo, particularmente para las petroleras texanas que tendrían que cerrar pozos y su impacto económico sería desastroso en un estado con votos clave, de cara a las elecciones en las que con el tiempo en contra, Trump busca reelegirse en noviembre de este mismo año. Ante ello, el mandatario norteamericano amago con poner aranceles a la importación del crudo para proteger a los trabajadores del sector energético, y contraviniendo a una postura política que Estados Unidos había mantenido vigente durante más de medio siglo, el inquilino de la Casa Blanca colaboró en el marco de la OPEP+ con Rusia y Arabia Saudita para conjuntamente reducir la producción de petróleo y así lograr un aumento en su precio.

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México entra en escena

En un nuevo esfuerzo por estabilizar el precio internacional del petróleo, los 13  socios de la OPEP más sus 10 aliados independientes de la OPEP+, acudieron entre el 9 y 12 de abril a una reunión virtual vía Internet con el objeto de lograr un acuerdo para reducir la producción global de petróleo, México, sin pertenecer a la OPEP, a sus aliados, ni a algún tratado internacional que lo obligue pactar con otros productores, llega a la mesa de negociación virtual con una producción en recuperación de 1.7 millones de barriles diarios, y su empresa Pemex en pleno proceso de reconversión, mientras que sin participar directamente en la intensa negociación, pero colaborando activamente; su vecino, socio comercial y primer productor de gas y petróleo del mundo, Estados Unidos, produce 14 millones de barriles de petróleo al día, a su vez Rusia y Arabia Saudita producen 11 millones de petróleo diarios cada uno. En ese contexto, esa disparidad y expuestas las condiciones por las que atravesaba, México rechaza la exigencia de MBS para disminuir 400 mil barriles de la producción diaria mexicana, esto; como parte de la cuota de los 10 millones de barriles diarios acordada recortar entre todos los países negociantes. La postura de México se sustentaba en tres ejes estratégicos durante la negociación: primero, el presidente Andrés Manuel López Obrador había contratado un seguro cuya cobertura le garantiza al país ingresos con un precio de $49.00 dólares el barril para la mezcla mexicana a lo largo de 2020, lo cual lo liberaba de presiones para ceder a las pretensiones del príncipe heredero, segundoconforme transcurría el tiempo los precios seguían cayendo y con ello los ingresos de los países con economías petrolizadas, y tercero, los depósitos de almacenamiento de petróleo entraban en etapa de saturación, por primera vez en la historia los estadounidenses debían pagar hasta $36.98 dólares por barril retirado. Finalmente y bajo esas presiones, Arabia Saudita acepta la postura de México para recortar su producción únicamente en 100,000 barriles diarios, misma que fue aceptada mediante acuerdo unánime e histórico de los 23 países para reducir 9.7 millones de su producción petrolera conjunta.

Se acuña el Petrovid-19

La mezcla de la baja demanda de petróleo provocada por el Covid-19, con una sobre oferta del mismo, aunado a la alta dependencia de las economías petrolizadas, trajo la aparición de un valor de cambio invisible y silencioso que ha modificado el curso de todo tipo de transacciones  en el mundo: el Petrovid-19. Ni ajustando la producción mundial se podrá mantener un equilibrio de mercado suficiente, ya que este y sus derivados bursátiles exigen mecanismos más predecibles y menos volátiles para lograrlo, por lo que sumando escenarios de impacto geopolítico, geoeconómico y geofinanciero tales como el lanzamiento del primer satélite militar denominado Nour (luz) en Irán, un fuego cruzado entre Corea del Norte y Corea del Sur, el incremento de China en el uso del petroyuán, el nacimiento de una nueva criptomoneda centralizada, un nuevo ataque militar de Arabia Saudita a Yemen, o una escalada de sanciones a Venezuela por mencionar sólo algunos a la vista, estarán en todo momento intrínsicamente ligados al virus, su evolución y desarrollo, que en el corto y mediano plazo será la moneda de cambio que seguirá imponiendo su valor como variable no calculada, impactando el sistema financiero internacional, la economía global y por ende la vida diaria en lo local.

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