Por Lucila Navarrete

Hace unas semanas, la legendaria compañía de teatro The Wooster Group liberó varias de sus obras grabadas a lo largo de sus más de cuatro décadas de trabajo. La contingencia nos regaló la posibilidad de formar parte de las filas de espectadores de este extraordinario grupo que desde sus orígenes se ha caracterizado por exceder lo experimental. Danza y videoarte, estímulos documentales y autobiográficos, le han dado el pulso a esta compañía que comenzó a crear, montar y adaptar obras sobre el número 33 de la calle Wooster en el barrio de SoHo en Nueva York. 

Una de las grandes virtudes del teatro es que en él desaparece la linealidad; la agobiante cronicidad de nuestros días se disipa y, de pronto, todos los tiempos, todos los registros convergen en el escenario. Su lenguaje otorga posibilidades infinitas. Desde hace algunos años comencé a ir asiduamente al teatro para buscar respuestas que no encontraba en la literatura o en terapia. Semanas atrás, cuando un sinfín de espacios y compañías empezaron a liberar sus obras a través de youtube y vimeo, o a adaptarse a las circunstancias de la pandemia ofreciendo funciones online, supe que la depresión que llevo cargando desde hace días, la sobrellevaría gracias al teatro. Y así ha sido. Entre otros ejercicios, The Wooster Group me recordó mis días en la Ciudad de México en que, en medio de grandes crisis personales, vagaba de lunes a domingo en busca de toda clase de experimentos y lenguajes escénicos.

Cuando mi amiga, la talentosa dramaturga Verónica Bujeiro, me recomendó Rumstick Road, no chisté en robarle algunas horas al sueño para presenciar este extraordinario ejercicio que dio origen a la compañía. Se trata de una pieza experimental que combina proyecciones visuales, investigación documental, grabaciones en audio y danza que despliegan una perturbadora y fragmentaria narración sobre el suicidio de la madre del actor Spalding Gray, Betty Horton, una devota de la Ciencia cristiana. 

La pieza se estrenó en abril de 1977; fue la piedra angular de esta compañía que había comenzado dos años atrás trabajando con textos y experiencias autobiográficos que interesaron a la extraordinaria Elizabeth LeCompte y al mencionado Gray. En el grupo, que aún dirige LeCompte, han participado actores como Jim Clauburgh, Liby Howes, Ron Vawler, Willem Dafoe y Kate Valk. 

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Rumstick Road es una deriva, un relato psicológico y fantasmal creado por Gray y LeCompte, en el que Gray, como protagonista, se introduce en los laberintos del suicidio de su madre, un hecho que marcó su vida desde los 26 años.  Es una pieza documental, producto de un viaje a la memoria y a la psique que el actor y creador emprendió para mostrar un mapa en el que figuran la casa de la infancia (sobre la calle Rumstick en Barrington, Rhode Island), fotografías de la familia, audios de la abuela, la entrevista a un psiquiatra y cartas. El montaje revela los empeños de un hijo por investigar las causas que llevaron a su madre a la locura, y preguntarse por los trastornos que, según teme, ha heredado. 

Esta brillante y perturbadora pieza muestra los primeros pasos de una compañía audaz, que hasta la fecha continúa montando y haciendo videoarte. Su estilo se ha caracterizado por transformar lo autobiográfico, ya sea individual o grupal, en acto escénico, o bien, introducirlo en textos de Shakespeare, Antón Chéjov, Arthur Miller, Harold Pinter, entre otros. 

Algunas de sus piezas estarán disponibles hasta el 15 de mayo aquí. 

Para conocer más sobre esta compañía dar click aquí.

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