A finales de esta semana, los medios de difusión nos dieron la noticia del fallecimiento del actor y publirrelacionista, Renato López, protagonista de una película mexicana próxima a estrenar titulada “Macho”, donde a grandes rasgos y sin mucha profundidad, exponen a un diseñador de modas aparentemente gay, amanerado, visionario y exitoso pero la “gran sorpresa” de esta producción es que no es gay y tendrá que hacerse pasar como tal para que su emporio no le sea arrebatado. ¿Cliché? Demasiado, es como estar visualizando una versión menos corriente de lo que fue “Pink”, pero con el mismo argumento clasista, parcializado y haciendo oda del chiste al “joto”, al inadaptado y al juguete de una sociedad machista.

Lo burdo de este film me permite manejar la siguiente introducción, donde tal vez el único punto a favor es el cuestionamiento a la propia orientación sexual, donde el dicho “lo que se ve, no se pregunta” o “las apariencias engañan” tienen un punto de encuentro. ¿Cuál es este punto de encuentro?, la gran diversidad sexual en los seres humanos.

Comenzaremos con la gran pregunta cliché, tan cliché como el film introductorio: ¿Tú qué eres? Si tu respuesta fue homosexual, heterosexual, bisexual, transexual, pansexual, intersexual o cualquier derivación; mi siguiente cuestionamiento es: ¿En qué te basas para decir que lo eres? Si tu respuesta es que te gustan únicamente los hombres, o únicamente las mujeres, o tienes preferencia por ambos géneros o que te fijas en las representaciones emocionales sin importar el sexo; si tu respuesta solo se basa en algo fisiológico diría entonces que no sabes ni un 1% de tu orientación sexual.

En esta ocasión nos remitiremos únicamente a hablar de la contextualización homosexual y heterosexual. Para esto es necesario categorizar al menos conceptualmente lo que nos dicen ambas orientaciones. Tanto la heterosexualidad como la homosexualidad nos hablan de alternativas en relación al deseo sexual, entendiéndose que los estímulos que lo componen, refieren a las áreas emocionales, sociales, genitales, cognitivas y biológicas. Es por ello que en primera instancia diferenciaremos orientación sexual de conducta sexual.

En los años 40 y 50´s, Alfred Kinsey se planteó estudiar la conducta sexual humana sin ningún juicio previo, pues percibía que los existentes hasta el momento llevaban implícitos juicios de índole social y moral que dificultaban el reconocimiento de una realidad concreta en el ser humano. Al concluir estos estudios publicó “Comportamiento sexual en el varón” (1948) y “Comportamiento sexual de la hembra humana” (1957) donde se dio cuenta que la conducta sexual, el deseo y las motivaciones parten de dos polaridades que posibilitan diversas fases entre las mismas: la heterosexualidad y la homosexualidad.

Él hablaba que dentro de la línea en la que figuraban los dos polos, oscilamos la gran mayoría de las personas, encontrándose en su punto medio la bisexualidad.

Tanto Kinsey como en su momento Evelyn Hooker, concluyeron que una persona puede tener una relación sexual homosexual sin ser necesariamente  homosexual; lo mismo aplica en la condición contraria. ¿Cómo es eso? Recordemos que los factores que intervienen tienen que ver con la conducta sexual (hacia dónde está dirigida la copula)  el deseo (las fantasías sexuales, las leyes de atracción sexual) y las motivaciones (la vinculación emocional), además del factor genético donde la producción de testosterona pareciera tener una inclinación a cierto tipo de actividades y comportamientos; todo esto es referente a lo interno en el sujeto.

A esto se le agrega un factor incluso determinante: la sociedad. Es imprescindible la influencia del medio que modela, fomenta un rol y una representación del mismo. La sociedad obliga a la persona a ser hombre o ser mujer, bajo sus condicionamientos, estructuras y funcionalidad, incluso en algunas ocasiones a modo inconsciente. Entonces aquí sobreviene el clímax de nuestro tema: ¿Qué sucede cuando lo interno se contrapone con lo externo?, ¿Qué es lo que predomina en el sujeto y qué relación tiene éste con la génesis del machismo?

Bajo otros componentes del machismo en México, resulta que una de las causalidades radica en la composición del hombre mexicano. Me resulta  interesante observar cómo es su comportamiento cuando se encuentran en grupo con hombres e incluso la forma en la que se relacionan. Es perceptible que las personas catalogadas con comportamientos machistas, misóginos o que desacreditan al género femenino y que ofenden al homosexual en menor o mayor medida, suelen en determinados momentos evidenciar en su comportamiento aquello que los hace ser inestables a modo de burla, “albur”, o personificación ya que mimetizan y recrean a modo consciente en el grupo aquello que tanto “displacer” causa.

Lo anterior suele ser acompañado generalmente de estados etílicos o de injerencia de sustancias tóxicas que permiten la entrada del preconsciente al consciente, aquello que se mantiene inquieto y pugna por salir. ¿Cómo es esto? La violencia y la desacreditación del macho es la representación de la carencia no evidenciada en sus relaciones, misma que únicamente tienen oportunidad de salir a flote mediante la utilización de instrumentos que lo promuevan –el alcohol, uso de drogas, técnicas de hipnosis- etc. La carencia representa un deseo inconsciente no cubierto y el no ser cubierto lo amalgama de sentimientos y emociones que reflejan enojo por encontrarse en falta.

Entonces la pregunta es: ¿El macho es un homosexual reprimido? No necesariamente, al macho le choca feminidad y todo lo que tenga que ver con participaciones pasivas y que asocia a emocionalidad. Al macho se le enseñó a rechazar esta parte, a odiarla y reprimirla pues revive el conflicto del deseo no cubierto. Este deseo no cubierto tiene que ver con el factor externo llamado sociedad, directamente visualizada en el primer entorno: la familia.

Imaginemos a aquel niño que desde muy chico comienza a tener cierto tipo de dirección a actividades que no se consideran “masculinas”, le gusta ayudar en casa, ver a su mamá hacer de comer, le apasiona el juego con muñecas o muñecos, no tiene un gusto alto por el juego entre sus coetáneos, gusta de su soledad e inminentemente comienza a tener un gusto sexual hacia los hombres. A la par de esto, escucha de su madre comentarios acerca de cómo debe comportarse, de cómo debe ser un “verdadero hombre”, su padre, por otra parte, lo obliga a realizar actividades como el futbol, ayudarlo en el taller, en el campo, a arreglar el coche, etc. Su madre le dice que tiene que ser como papá, pero papá es un alcohólico, o irresponsable e incluso golpea a su madre cuando éste llega en condiciones bajas de funcionalidad. Después cuando su padre recupera el juicio, pide perdón a su mujer y ella decide otorgarlo y el ciclo vuelve a repetirse. A la par de esto, su familia extensa como sus abuelos o tíos le dicen a él que se debe hacer cargo de su madre, que tiene que ser un hombrecito como papá no lo sabe ser, pero el único referente de hombre que tiene es papá. Con el tiempo viene la terrible encrucijada de elegir, ¿qué es ser un hombre? ¿Ser un hombre es ser macho? ¿Ser hombre es odiar a la mujer y a todo lo que representa? Ser hombre es ser todo un macho. Esa es la explicación que encuentra…

Reflexionemos con esta introducción y preparémonos para la continuación que nos permitirá seguir descifrando este tema. ¡Hasta la próxima, lectores!

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