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Pink Words

Reina de billetes, del escenario a la cama

Cada viernes es diferente en Torreón. Al caer el sol, la ciudad se concentra en el mismo lugar para presenciar un duelo de talentos. Al final, entre pelucas, plataformas y pestañas postizas se corona a la “más perra” de la noche. Ahí conocí a Andrea, mi “mana”.

Era la mitad de la noche. El antro se apagó, sólo una luz apuntaba al escenario. De repente sonó la música de Rihanna y Andrea apareció en lencería negra para apoderarse del lugar.

Mis ojos no se desprendieron ni un segundo de ella. Su potencial brillaba como un diamante en el cielo.

Por fortuna mis amigos sabían quién era, así que después del show me la presentaron y de inmediato nos hicimos amigas, o como a ella le gusta decir, manas.

Andrea llevaba sólo un mes en el mundo del travestismo. Y a diferencia de las otras reinas locales, llegó a posicionarse dentro del top de las más aclamadas debido al encanto y carisma de sus actuaciones.

Durante el día era llamado Ángel y trabajaba como maquillista en una tienda departamental, mientras que en las noches se encargaba de despertar a la chica escondida en su interior.

Desde su infancia soñaba con ser una mujer, pero fue hasta los 22 años cuando se animó a comenzar con el tratamiento de hormonas para convertirse en una. Sus familiares y amigos apoyaron esta decisión. En cambio, en su trabajo no halló la misma respuesta.

Cuando un hombre consume anticonceptivos femeninos —como lo hizo él— desarrolla cambios físicos y emocionales en un periodo corto. Así que con el tiempo Ángel ya no era el mismo, Andrea lentamente se apoderaba de su cuerpo y esto provocó que lo despidieran de su empleo.

Luego de unos meses, todo comenzó a cambiar: primero la voz, luego las facciones, después el cabello y hasta un busto de adolescente le afloró. Al parecer, aquel diamante en el cielo se convertía en una constelación. Sin embargo, conseguir trabajo se volvía más difícil cada vez. Su apariencia ya era la de una mujer y esto le trajo el rechazo de las demás personas.

Desesperada, Andrea huyó a Monterrey para buscar una mejor vida. Su familia imagina que ahora es maquillista en un lugar donde la discriminación no existe. Pero ella decidió explotar su belleza dentro del oficio más viejo de la sociedad: la prostitución.

EL PLACER A TRAVÉS DE UN CLICK

Según el último censo del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en el 2010 existían entre 143 mil y 862 mil trabajadores sexuales en la República Mexicana. Ya pasaron seis años y el número de personas involucradas incrementó.

La prostitución en nuestro país no es una actividad reciente y mientras el tiempo transcurre, el oficio evoluciona. Hoy, el refugio no se encuentra en la oscuridad de la calles sino en los campos abiertos del Internet.

Andrea se anunció en una página gratuita que sirve como catálogo. Ahí se encuentran todos los sexoservidores independientes del país, los de moda, los discretos. Aquellos que no tienen padrotes o a un policía chingándoles la cuota.

En ese portal, todo aquel que busque placer y que esté dispuesto a pagarlo es bienvenido. Gracias a la tecnología, hoy los sexoservidores pueden elegir a sus clientes con mayor cuidado e imponer sus propias reglas. Al final, lo que el consumidor ordene será reflejado en la cuenta.

Después de un tiempo, mi mana regresó a Torreón para visitar a su familia. Aprovechamos para salir, hablar de su nueva profesión y de paso, darme algunos consejos para actuar “más perra” con los hombres. La última vez que nos vimos, ella imitaba a otra persona arriba de un escenario. Ahora sólo era Andrea bajo el efecto de unos sotoles.

“¿Qué te impulsó a hacerlo?”, le pregunté. “Fue más por desesperación que por gusto. De hecho nunca me llamó la atención. Pero una trans me enredó, dijo que me dejaría mucho dinero. Me daba miedo y vergüenza. Pero mírame, aquí estoy.”

Andrea es una voz de aquellos que se inclinan a este oficio por necesidad. En una visita a la ciudad de México le di un vistazo a la “mercancía” en línea y descubrí el perfil de un supuesto estudiante de medicina que solicitaba apoyo para continuar con su carrera. Por cierto, no es publicidad pero tenía 22 años, atractivo y con buen trasero.

La prostitución por Internet es un trabajo con un ingreso monetario rápido. Según Andrea, en tres días un sexoservidor puede ganar hasta 8 mil pesos o más. La socióloga especialista en temas de perspectiva de género y juventud, Tania Díaz, aseguró que los jóvenes pueden interesarse en este oficio debido a la falta de oportunidades laborales y al declive económico que sufre el país.

“Hoy en día tener una licenciatura o maestría no influye para obtener un empleo bien remunerado. El internet no genera la prostitución, pero sí lo reproduce de manera masiva. Los funcionarios deben de actualizarse y apoyar a los jóvenes porque es muy fácil cometer actos clandestinos en la web.”

Para mi mana fue muy sencillo atraer a la clientela regia. Sólo mostró sus imágenes más sensuales, utilizó un lenguaje perverso en su descripción y adjuntó sus medios de contacto. ¡Ah! También enfatizó una profunda discreción, pues la mayoría de sus consumidores son heterosexuales y les excita lo prohibido.

Entre risas y mezcales, la cuestioné sobre su primera vez en el mundo de la prostitución online. “Entré con el pie derecho. Publiqué un anuncio y pa’ pronto me habló un chavo preguntándome si ya estaba en Monterrey. Le dije que llegaba el viernes y se ofreció a pasar por mí. Me llevó a un hotel y me pagó una semana completa en ese lugar”, respondió antes de beber el segundo round de shots.

Desde el primer momento, Andrea impactó por su belleza y estilo. Le fue tan bien que hasta se hospedó durante dos meses en un hotel que costaba 500 pesos el día. Ahora vive en un departamento cercano a una universidad, ahí recibe a los interesados en el servicio. Según ella, todos sus clientes los une la curiosidad.

Gracias a este oficio ha conocido a muchos hombres: maestros, ingenieros, abogados, doctores, empresarios, fotógrafos, reporteros, estudiantes, alemanes, japoneses, heterosexuales, bisexuales, fetichistas, drogadictos, activos, pasivos y hasta vírgenes.

Confesó que nunca se ha enamorado, pues el tema del noviazgo ya lo sepultó junto con Ángel. Ahora hasta para platicar por WhatsApp debe de existir dinero de por medio. Para cobrarle a alguien, ella se guía incluso por la voz. Los feos tienen un costo adicional.

La magia de Andrea sólo ocurre durante una hora, por más tiempo eleva el precio. En cambio, disfruta cuando sus clientes la invitan a cenar o a pasear. Pero no todo ha sido de color rosa. En su corta carrera también se ha involucrado con personas que la han hecho sentir poca cosa o que la rechazan.

“Con esto de las hormonas he tenido cambios emocionales. En algunas ocasiones, he llorado toda la noche por varios comentarios. Una vez alguien me dijo que buscaba “algo” con más pechos y otro a una más exquisita. En esos momentos me dije ¿por qué me estoy exponiendo a que me critiquen?”.

Respecto a ello, la licenciada en psicología, Ángela Del Río, afirmó que el gran número las personas que practican la prostitución presentan baja autoestima, ansiedad, miedo, angustia y traumas. A los trabajadores sexuales les sugiere mucha protección física y mental, pues también están expuestos a amenazas, violaciones, maltratos y abusos.

“Cuando alguien quiere alejarse de la prostitución debe acudir con un profesional de inmediato, llevar un proceso terapéutico y si es necesario, contar con el apoyo de las autoridades para que se deslinde de este mundo de manera segura”.

Andrea reveló que para no caer en la depresión se somete a varios tratamientos que realzan su belleza. En sólo dos meses ha invertido más de 15 mil pesos en su cabello, se hizo adicta a las depilaciones láser y a los faciales que mantienen su juventud. Nadie dijo que ser mujer era cosa fácil, así que en poco tiempo también se aumentará el busto.

Al estar dentro de este negocio, las enfermedades de transmisión sexual y la drogadicción no son temas para ignorar. Pese a que le han ofrecido hasta 9 mil pesos por consumir sustancias químicas y realizar sexo sin protección, ella se ha negado.

Para cuidarse, además de someterse a estudios clínicos, siempre lleva sus anticonceptivos y realiza el sexo —oral y anal— con ellos. Nunca permite que sus clientes lleven los condones. En el caso de las drogas, le han ofrecido tachas, marihuana y cocaína; sin embargo, no ha tenido interés en probar alguna sustancia.

La noche avanzaba. El celular de Andrea no paraba de sonar, al parecer tenía a muchos clientes desesperados. En ese bar, me acompañaba aquel transexual que el año pasado fue juzgado por su apariencia y que hoy disfruta una vida llena de lujos gracias a su belleza.

Aseguró dejar este negocio en un año, pues desea compartir más tiempo con su familia e invertir sus ahorros en un mejor futuro. Pero pasan los meses y ella le teme a esta promesa. Obtener dinero rápido puede convertirse en otro vicio.

 No importa si eres heterosexual, homosexual, transgénero, travesti o transexual. La prostitución es un fenómeno que existe en México bajo la crítica de la sociedad y el repudio de algunos grupos.

Los expertos aseguran que es difícil y poco aceptado saber que alguien cercano incurre en estas actividades. También dicen que algo que caracteriza a la sociedad mexicana es la doble moral. Somos una sociedad conservadora que juzga con facilidad, pero en los oscurito nos convertimos en seres perversos.

Si bien, una mala racha, como la discriminación que vivió Andrea, puede orillar a cualquiera a cometer un acto que vaya en contra de su identidad. Siempre existirá el miedo. Pero quizás la vida es tan dura que los sentimientos han perdido importancia. ¿Qué más da? Tal vez “el camino fácil” es la mejor alternativa para salir adelante.

@arturojr_ro

Fuentes:

Andrea Haro Palmiery/Testimonio

Lic. Tania Díaz/Socióloga

Lic. Ángela Del Río/Psicóloga

zocalo.com.mx

culturacolectiva.com

 

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