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Mi primera vez

Hola, estimados lectores. ¿Cómo va el portal? ¿Les gusta? Yo sé que sí. Soy un asiduo lector de este excelente proyecto que ha reunido montones de letras para alzar la voz y demostrar que los millennials, y otros no tanto, somos conscientes de las carencias de la sociedad.
En esta ocasión no vengo aquí como un lector más. Hoy haré uso del espacio que se me ha concedido para contarles y externarles algo que, definitivamente, marcó mi vida. En esta entrada les cuento a detalle cómo fue mi primera vez… Mi primera vez en el teatro.

Esto pasó cuando cursaba el jardín de niños y como actividad grupal, patrocinada por una marca que no recuerdo, nos llevaron a un lugar, que por su apariencia resaltaba de los demás edificios que lo circundaban. Su fachada era como viajar en el tiempo,  una edificación de ensueño. Intrigado, pregunté a un compañero si sabía a dónde nos dirigíamos. La maestra, siempre tan cuidadosa de nosotros, escuchó esa conversación y nos aclaró que se trataba del Teatro Isauro Martínez. Nos explicó que ese día no tendríamos clases, en su lugar veríamos en vivo a Tarzán, puesta en escena adaptada del largometraje homónimo de Disney. Casi me voy de espaldas. Ésa era -es- una de mis películas favoritas de la productora del ratón y se me hacía sorprendente la idea de ver gorilas en ese lugar tan enigmático que jamás había visto.

A partir del momento que la maestra nos dijo lo que presenciaríamos, no podía estar quieto. La espera me estaba asfixiando, me comía las uñas de la ansiedad por ver gorilas, ¡Gorilas!

Las puertas se abrieron, en fila india fuimos ingresando al inmueble y después de pasar por una  sala que si bien es bonita no era nada del otro mundo, cruzamos un portal de telas que hizo que abriéramos los ojos tan grandes como personajes de caricaturas chinas –anime-.

Aquel que ha entrado a esta edificación erigida en la década de los 30´s sabe de qué estoy hablando. Esas setecientas cincuenta butacas enmarcan el escenario y todo su decorado, tan detallado que roba el aliento y hace que uno abra la boca tan grande que las mandíbulas truenan. Todo esto vigilado desde su increible cielo. Tantos detalles, para los ojos curiosos de un niño, se vuelven motivo para no poder estar quiero. Al sonido agudo de “¡ve eso!” Nos acomodamos todos los alumnos de aquel preescolar. Yo ya quería ver los gorilas y estaba desesperado por que empezara. Aunque me preocupaba que esa pantalla roja fuera lo suficientemente buena como para proyectar a mi héroe de la infancia. Después entendí que esa tela roja y pesada es el telón, que oculta el lugar donde sucede la magia.

“Primera llamada” escuché resonando en todo el aforo. Necesitaba respuesta, ¿a quién se le ocurría llamar antes de ver a los gorilas? Porque aquí ya me habían explicado lo del telón y que aparecería tarzán y todos los personajes de carne y hueso, en mi mente infantil eso se tradujo en: Gorilas en vivo y a todo color. Había visto elefantes, leones, osos y otros animales en los circos que visitaban la ciudad, antes era ignorante y no sabía del daño y trauma que se le causaba a estos pobres, pero jamás había visto gorilas. “Segunda llamada”, Ahí está de nuevo la voz, ahí está de nuevo. A quién le llaman con tan importante acontecimiento que veremos. De nuevo me sacaron de mi error y me explicaron que así se dice para preparar al público y a los actores. Desesperado quería que ya empezara y pensaba “¿Cuántas llamadas son?”.

En eso estaba cuando, aquella voz que hacía resonar el establecimiento dice “tercera llamada”, las luces se apagan y se abre el telón.

Primer escena y mi corazón latía tan rápido que estaba apunto de estallar. Conozco la historia al derecho y al revés, me sé el orden de las escenas a tal grado que sabía que después de esa escena vendrían los gorilas…¡Los gorilas y el leopardo! ¡¡Había olvidado el leopardo!!

Ya no podía más, de pronto, de entre las piernas aparecen en escena unos entes que a todas luces evidenciaban que no eran gorilas reales. Tan pequeño aprendí que ilusionarse puede doler.  Vaya horrible sabor de boca me llevé al darme cuenta que eran personas disfrazadas de gorilas… De pronto, esos actores me sacudieron y en un santiamén yo ya no veía a los humanos en escena, veía verdaderos gorilas. La trama ya me la sabía, pero el juego de luces y la experiencia que el teatro te da era algo nuevo para mí.

Con el avance de las escenas olvidé esa desilusión y me enamoré de lo que se podía lograr usando la imaginación, cables, luces, vestuario -no disfraces- y voces. Luego de esa experiencia, toda la semana me la pasé imaginando ser un gorila del elenco de dicha obra. Era raro y lo hacía solo cuando estaba solo, pero me divertía mucho.

Entonces lo entendí, el teatro se había colado en mí y supo cómo sembrar la semilla de la admiración y fascinación. Incluso hasta la fecha me pregunto si mi decisión por ejercer el oficio de actor hubiera variado si aquel día en lugar de Tarzán, hubiese sido otra obra. No hay duda de que el teatro llama, y ya sea como espectador o creador, el teatro enamora.

Esa fue mi primera vez, mi primera vez en el teatro. Ahora me gustaría leer cuál fue la tuya y si quedaste con ganas de más.

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